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sábado, 25 de agosto de 2012

Sobre abubillas en Redes y el desplazamiento de las especies…

Cada vez son más frecuentes las observaciones de abubilla (Upupa epops, Linnaeus, 1758) en el Parque Natural de Redes. Especie propia del sur peninsular y del norte de África, además del cinturón ecuatorial africano y del sureste asiático, es habitual de zonas semidesérticas, grandes praderas y cultivos de secano. Se trata de un ave inconfundible por su penacho de plumas eréctiles, por el contraste de sus colores canela, blanco y negro, así como por el pico curvado con el que escarba en la tierra o en los excrementos animales en busca de grillos, escarabajos y larvas. También se suele reconocer en la distancia por su vuelo ondulante al estilo mariposa, con frecuentes y bruscos cambios de dirección. Incluso sin observación directa, su canto (escuchar aquí), monótono pero inconfundible, permite detectar su presencia. En septiembre, las abubillas, en solitario o en pequeños grupos, emprenden viaje con dirección al este de África, donde se encuentran con las aves de su mismo orden afincadas en aquella zona. Sin embargo, esta migración anual empieza a no ser obligada, convirtiéndose en ave sedentaria, una anomalía conductual que, añadida a sus frecuentes incursiones en la Cordillera Cantábrica, es prueba más que evidente de los efectos del cambio climático.



Upupa epops (Linnaeus, 1758)



Los seres vivos de la Tierra casi al unísono, han comenzado un gigantesco éxodo. Se mueven hacia los polos, escapando del aumento de la temperatura en su territorio. Así, en el artículo Rapid Range Shifts of Species Associated with High Levels of Climate Warming, publicado en Science el agosto pasado, un grupo de científicos cuantifica esta desbandada general: las especies trepan por las montañas a un ritmo de 11 metros por década y se desplazan hacia los polos 16,9 kilómetros de media cada diez años. Más o menos como si los animales y las plantas se movieran desde el Ecuador a unos 20 centímetros por hora, cada hora del día, todos los días del año y así en los últimos 40 años. El equipo investigador autor del estudio ha necesitado cinco años para hacer un metaanálisis de todos los estudios publicados sobre la materia. Con datos de unas 2.000 especies terrestres (aves, mamíferos, reptiles, insectos, plantas…) constatan que casi todos han emprendido la gran marcha.

A causa de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, la temperatura del planeta aumentó 0,74 ºC entre 1906 y 2005, según el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU. Particularmente, en España el aumento de temperatura entre 1864 y 1999 fue de 1,5 ºC según lo publicado en el Estudio de los Efectos del Cambio Climático en España. Y la situación con certeza que empeorará. En nuestro país, la temperatura puede llegar a subir hasta 6 ºC en los veranos de final de siglo XXI, y por su cada vez más frecuentes sequías, será probablemente una de las regiones más gravemente afectadas en Europa. Por ejemplo, las mariposas en la Sierra de Guadarrama se han retirado a mayores alturas, moviéndose cuesta arriba unos 109 metros en 34 años, en reacción a un calentamiento de, más o menos, 1,5 ºC, y si una mariposa se desplaza en altura o hacia el norte, puede dejar atrás a una flor a la que antes polinizaba, lo que implica que desaparezca el andamio gigantesco que sostiene la vida en la Tierra.

De forma más general, las especies se han desplazado hacia los polos a una velocidad tres veces superior a la que se pensaba. Y han trepado por las montañas en busca de temperaturas inferiores a un ritmo que duplica el previsto. La huida a 20 centímetros por hora que cita el estudio publicado en Science es, por supuesto, una media. Los autores precisan que algunas especies se han desplazado mucho más despacio de lo que se esperaba, otras no se han movido y algunas incluso se han replegado hacia el Ecuador en lugar de avanzar hacia los polos. Pero la tendencia es clara, una huida hacia temperaturas más bajas.

Las implicaciones de este gran éxodo planetario son extremadamente pesimistas. Otros estudios calculan que el cambio climático representa un serio riesgo de extinción para al menos el 10% de las alrededor de diez millones de especies que existen en el planeta. Habrá algunos ganadores y muchos perdedores. Los que logren escapar hacia regiones con un clima más aceptable sobrevivirán e incluso prosperarán. Pero la mayoría no conseguirá escapar de la jaula del clima.


miércoles, 15 de agosto de 2012

Sobre Thomas Jefferson y Noah Webster, un precursor y un escéptico en el siglo XVIII...

El cambio climático antropogénico, o sea, producido por la actividad humana, es un problema del que se viene tomando conciencia desde la segunda mitad del siglo pasado, pero ya en 1799 se produjo el primer gran debate y, paradójicamente, fue en EEUU, país que ahora mismo no cuenta con ley contra el cambio climático por el desacuerdo entre demócratas y republicanos, acentuado por la modificación de las prioridades de la población a causa de la crisis económica, muy a pesar del oscarizado documental de Al Gore.



La declaración de la independencia, 1786-1797, por John Trumbull, 54x79 cm, óleo sobre lienzo,
en la Yale University Art Gallery, en New Haven (Connecticut).
El propio Trumbull pintó una réplica de mayores dimensiones (366x549 cm), que se encuentra en 
el Capitolio de los Estados Unidos, en Washingtong D.F. 

Thomas Jefferson es el personaje de más estatura entre los cinco del centro que se encuentran erguidos.



El que fue tercer presidente de los Estados Unidos de América, entre 1801 y 1809, Thomas Jefferson, considerado uno de los Padres Fundadores de la Nación, participó en la redacción de Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776), formando parte de la representación de Virginia, e intentó plasmar sus ideales republicanos y, entre otros asuntos, su preocupación por el cambio climático. Jefferson llevaba mucho tiempo preocupado por el aumento de las temperaturas y sus posibles consecuencias. Por ello, el 1 de julio de 1776 comenzó a registrar en su diario personal la temperatura diaria, temperaturas promedio de meses y años, fenómenos y anomalías meteorológicos. Todos estos datos los apoyó en conversaciones con los ancianos del lugar y la tradición oral.

En su libro Notes on the State of Virginia, dejaba clara su preocupación por el aumento de las temperaturas en su estado natal y, por extensión, en EEUU. Jefferson anotó que “se está produciendo un cambio en el clima de forma notoria. Los inviernos son mucho más moderados. Las nieves son menos frecuentes y menos copiosas. A menudo, no se encuentran por debajo de la montañas, más de uno o dos días, y muy rara vez una semana.  Los ancianos me cuentan que la tierra solía estar cubierta de nieve unos tres meses al año y los ríos, que rara vez no se congelan durante el invierno, ahora casi nunca lo hacen. Este cambio ha producido una fluctuación entre el calor y el frío, en la primavera de este año, lo cual es fatal para las frutas.”

Pero a Jefferson le surgió, ya entonces, un escéptico tremendamente populista. Noah Webster, editor, periodista, escritor político y de libros de texto estadounidense, fue reconocido como el padre de la escolaridad y educación norteamericana y en 1799, ante la recién creada Academia de Connecticut de Artes y Ciencias, se postuló contrario a la teoría sobre el cambio climático propuesta por Jefferson, en aquel momento vicepresidente de EEUU. Webster cuestionó los datos aportados por la dudosa precisión de los instrumentos de medición, por ser datos tomados en lugares puntuales y sólo por una persona (recuérdese que Jefferson los anotaba en un diario personal) y, además, por apoyarse, sin base científica, en las creencias populares.

Webster apuntó que “la tala de bosques para su conversión en campos de cultivo ha dado lugar a algunos cambios microclimáticos, un tiempo más ventoso y alguna variación en las condiciones climatológicas en el invierno. Pero aunque la nieve no permanezca en el suelo, no significa necesariamente que el país en su conjunto reciba menos nieve cada invierno. Tenemos, en los campos de cultivo, hoy en día la nieve profunda, y mañana no, pero la misma cantidad de nieve que cae en el bosque, se encuentra allí hasta la primavera.”

Han pasado más de dos siglos desde entonces y el escepticismo, aunque en clara regresión, sigue ocupando atriles, artículos y debates.


domingo, 18 de marzo de 2012

Del colapso de las civilizaciones según Jared Diamond...

Releo con detenimiento (y subrayando) Colapso: porqué unas sociedades perduran y otras desaparecen (Debate, 2006) y se podrá tildar a esta entrada de tardía, por la fecha de edición del libro, o incluso de reiterada, por la insistencia con la que desde otras fuentes se ha aconsejado esta lectura, pero al igual que se siguen leyendo La Iliada, La República, o El origen de las especies, la obra de Jared Diamond, admitiendo su categoría inferior a las referidas, perfectamente merece el calificativo de recomendable.

Jared Diamond, Pulitzer en 1998, realiza un análisis de sociedades tanto pasadas como presentes, tratando de identificar las razones del éxito o fracaso de cada una de ellas. Diamond se aleja de explicaciones etnocéntricas simplistas enfocándose en factores ecológicos y culturales, señalando cinco factores principales que llevan al fracaso de las sociedades, demostrando, a través de numerosos ejemplos, que el factor común en el deterioro de todas las sociedades que desaparecieron fue el manejo inadecuado de sus recursos naturales.




En Ruanda, la sobrepoblación desembocó en violencia étnica y genocidio.



En el análisis de las sociedades pasadas Diamond identifica cinco conjuntos de factores implicados en su desaparición o supervivencia: deterioro ambiental, cambio climático, vecinos hostiles, socios comerciales amistosos, y respuesta de la sociedad a sus problemas ambientales. Si bien cada uno de estos conjuntos de factores puede aparecer como uno de los causantes del colapso de algunas de las sociedades analizadas por Diamond, el factor determinante y común a cada uno de los casos analizados fue el de la respuesta de la sociedad a sus problemas, particularmente a los problemas ambientales.

El primer conjunto de factores que señala Diamond es el deterioro ambiental causado por las actividades de origen antrópico. El grado y reversibilidad del impacto de la actividad antrópica depende tanto de la intensidad de dicha actividad como de las condiciones ecológicas del emplazamiento, esto es, su fragilidad y capacidad de recuperación.

El siguiente conjunto de factores estudiado por el autor se enmarcan dentro del cambio climático. Las condiciones climáticas varían tanto a lo largo del año, como a lo largo de escalas temporales mayores, así como consecuencia de eventos catastróficos tales como grandes erupciones volcánicas. Esos cambios en el clima tienen repercusiones tanto en la productividad de un ecosistema, como en su fragilidad y capacidad de recuperación, pudiendo mejorar o empeorar las condiciones de una sociedad determinada. Sin embargo, un deterioro de las condiciones ambientales pudiera poner en peligro la existencia de sociedades que no estén preparadas para afrontar estos cambios.

El tercer grupo de factores es el de presencia de vecinos hostiles. Gran parte de las sociedades están en contacto con otras, generándose conflictos que pueden ser intermitentes o crónicos. Una sociedad puede resistir los embates de otra mientras sea lo suficientemente fuerte en relación a la sociedad enemiga. El debilitamiento de una sociedad, su conquista por otra y su desaparición pueden haber sido causados por múltiples motivos, entre los cuales se encuentra el deterioro ambiental.

El cuarto conjunto de factores es el inverso del anterior, reducción del apoyo de sociedades vecinas amistosas. La mayor parte de las sociedades depende de alguna manera de sus vecinos para la importación de algún bien esencial para su funcionamiento o para el mantenimiento de lazos culturales que mantienen a la sociedad cohesionada. Cualquier modificación en el intercambio de bienes o nexos culturales podría debilitar a la sociedad poniendo en peligro su propia existencia.

          El quinto y último conjunto de factores se refiere a las respuestas que da una sociedad a sus problemas. Cada sociedad responde a sus problemas de manera distinta, dependiendo de sus instituciones políticas, económicas y sociales, y sus valores culturales.




Los problemas ambientales de la sociedad maya se acentuaron con la aparición de vecinos hostiles.



          Después de esta introducción, Diamond divide el libro en cuatro partes. En la primera realiza una descripción y análisis de los problemas ambientales del estado de Montana en los Estados Unidos de América, como un ejemplo de una sociedad moderna que forma parte del país más poderoso y desarrollado del mundo que, sin embargo, se encuentra en una encrucijada de caminos en cuanto a su desarrollo. ¿Cómo dejar atrás una economía basada en la minería, la explotación forestal y la producción agrícola y además subsanar los daños ambientales causados por esas mismas actividades?. Las compañías mineras no están dispuestas a pagar por los daños ambientales ocasionados a menos que sean obligadas a ello, y los ciudadanos de Montana no están dispuestos a apoyar regulaciones gubernamentales que los beneficiarían por una actitud tradicionalmente antigobierno que domina su cultura política. Las explotaciones forestales y las actividades agrícolas no son competitivas con respecto a otras regiones del país, generando pocos ingresos y convirtiendo a esta región en una de las más pobres de los EEUU, con lo cual el estado tiene pocos recursos para subsanar los daños ambientales. Sin embargo, individuos acaudalados de otras regiones del país están dispuestos a pagar fortunas por poder hacer uso de un paisaje  pristino y salvaje. El caso de Montana permite a Diamond introducir la idea central de su libro: para que las sociedades puedan afrontar exitosamente sus desafíos ambientales tienen que examinar sus valores culturales y escoger con cuales quedarse y cuales cambiar. Sociedades opuestas al cambio corren el riesgo de desaparecer. El análisis de la evolución de los conflictos en Montana y las diferentes actitudes de sus pobladores hacia los problemas nos permite imaginar lo que sucedió en las remotas sociedades del pasado.




Al contrario que en la República Dominicana, las dictaduras haitianas durante el siglo XX colapsaron el país.



La segunda parte del libro comienza con cuatro capítulos donde Diamond analiza en detalle el aporte de cada uno de estos cinco conjuntos de factores en la desaparición de sociedades antiguas. La primera sociedad estudiada es la de isla de Pascua (Capítulo 2), un caso bastante sencillo debido a su aislamiento de otras sociedades, lo que saca del análisis a vecinos hostiles y socios comerciales amistosos. Por otro lado, el cambio climático no pareciera haber tenido una influencia importante en el colapso de esta sociedad. La historia y colapso de la isla de Pascua es descrita por Diamond como “lo más parecido a un ocaso ecológico puro”, consecuencia de una total deforestación que condujo a guerras, derrocamiento de la élite y una muerte progresiva de la población.

Otra sociedad analizada en esta segunda parte es la de las islas de Pitcairn y Henderson (Capítulo 3), en donde Diamond desarrolla la importancia del efecto de pérdida de apoyo de sociedades vecinas amistosas en su colapso. A pesar de que estas dos islas presentaron cierto grado de deterioro ambiental, su colapso final fue desencadenado por el colapso ambiental de su principal socio comercial. 

La siguiente sociedad tratada en el libro corresponde a la sociedad Anasazi, en el sudoeste de los Estados Unidos de Norte América (Capítulo 4). Ayudado por investigaciones sobre paleoclima y analizando el ancho de los anillos de árboles utilizados por los Anazasi en la construcción de sus viviendas, Diamond puede construir un caso de colapso basado en la intersección de deterioro ambiental, crecimiento de la población y cambio climático. 

El análisis de la sociedad maya (Capítulo 5) ilustra los efectos combinados del deterioro ambiental, crecimiento de la población y cambio climático, con el agravante de la aparición del factor de sociedades vecinas hostiles.

Esta segunda parte del libro continua con una serie de tres capítulos (Capítulos 6, 7 y 8), en los que Diamond realiza un análisis profundo del desmoronamiento de la Groenlandia noruega, evaluando los cinco conjuntos de factores: deterioro medioambiental, cambio climático, perdida de contacto con Noruega, hostilidades con la población Inuit, y el propio escenario político, social y cultural de la Groenlandia noruega. El análisis de la Groenlandia noruega nos aporta la oportunidad de comparar el desenvolvimiento y diferente desenlace de dos sociedades compartiendo el mismo hábitat, pero con estrategias de vida distintas, la sociedad noruega y la sociedad Inuit. La sociedad noruega era altamente jerárquica cuya estricta adherencia al cristianismo europeo la impermeabilizó a la influencia cultural de los Inuit, que utilizaban los recursos disponibles de una manera más sustentable. Los noruegos utilizaron los recursos de manera irracional basándose en su uso tradicional en Noruega. Siguieron con sus hábitos alimentarios tradicionales con dependencia en recursos alimentarios como el ganado vacuno y sus productos derivados, y no aprovecharon recursos disponibles como el pescado. La falta de capacidad de adecuación y aprendizaje de los noruegos, además de problemas ambientales y de cambio climático, fueron los principales causantes de su colapso. Diamond a su vez realiza un análisis de las cinco sociedades fundadas en el Atlántico Norte por colonos noruegos, el desarrollo de las mismas y su desenlace final. Quizás una de las historias de éxito más impresionantes de una de estas sociedades nórdicas del Atlántico Norte sea la de Islandia, la que, a pesar de encontrarse en un entorno extremadamente frágil de difícil recuperación, y haber estado al borde del colapso, pudo rehacerse y actualmente es una sociedad con un alto nivel de prosperidad. 




 
En Groenlandia, los Inuit, al contrario que los noruegos, emplearon los recursos de manera sostenible.



La tercera parte de Colapso pasa a analizar la situación de las sociedades modernas que se encuentran en situaciones muy diferentes tanto desde el punto de vista de sus problemas ambientales, soluciones a los mismos, y perspectivas de futuro. La situación en Ruanda (Capítulo 10) es un ejemplo claro de las consecuencias de un crecimiento poblacional descontrolado que apoyado en una tradicional violencia étnica, desembocó en un genocidio. El deterioro ambiental y el cambio climático fueron los catalizadores de un odio étnico descontrolado. Diamond ha sido claro en señalar que, para el caso de Ruanda, la predicción malthusiana de que los problemas demográficos y ambientales creados por el uso no sostenible de los recursos naturales, podrían ser resueltos de cualquier manera, civilizada o no, ha sido acertada.

La comparación entre las sociedades de República Dominicana y Haití (Capítulo 11), que comparten el territorio de la isla la Española, es un ejemplo más del contraste en cuanto a los resultados de culturas e historias de manejo de los recursos naturales distintos en un mismo territorio. Aunque Diamond deja claro que las condiciones ambientales de los territorios de Haití y República Dominicana son distintas, ocupando Haití áreas con condiciones más secas, suelos más pobres, frágiles y con menos capacidad de recuperación, también es claro en señalar la importancia de las distintas historias de uso de los recursos, grado de explotación, densidad poblacional y decisiones políticas en el resultado final de deterioro de las condiciones de vida de la población. Haití durante la época de la colonia era la joya de Francia y de ésta salían grandes cargamentos de azúcar y otros bienes para Francia. Francia exportó grandes cantidades de esclavos de origen africano como mano de obra para la producción agrícola en Haití. Por otro lado, en el siglo XX Haití fue gobernado bajo las fieras dictaduras de Francois Papa Doc Duvalier y luego su hijo Jean Claude Baby Doc Duvalier, que explotaban el país y a sus ciudadanos para su bien personal. El resultado es un territorio depauperado de sus recursos naturales y con una gran densidad poblacional. La receta ideal para un desastre.

La historia de República Dominicana fue distinta desde un comienzo, al ser tratada por España como un territorio marginal y sin importancia, donde no hubo ni grandes explotaciones agrícolas ni un incremento sustancial en el tamaño de la población humana. Santo Domingo era un plácido y tranquilo territorio de ultramar de la colonia española. Por otro lado, si bien los más importantes e influyentes gobernantes de Santo Domingo durante el siglo XX, Rafael Trujillo y Joaquín Balaguer, no fueron menos crueles y corruptos que los Duvalier, desarrollaron un país moderno y con una economía industrial, y tenían un interés personal en la conservación de la naturaleza, promoviendo un sistema importante de parques nacionales. En la actualidad, República Dominicana tiene una gran cantidad de áreas protegidas que proveen al país de servicios ambientales que podrán ser usados de manera sustentable para el desarrollo futuro del país. La situación de República Dominicana y Haití no podría ser más distinta.

          Los capítulos sobre China (Capítulo 12) y Australia (Capítulo 13) son de sumo interés, ya que ilustran dos ejemplos de sociedades modernas con respecto a sus problemas y desafíos, y la manera como los están abordando. China le sirve de ejemplo a Diamond para describir los doce tipos de problemas ambientales modernos, todos ellos presentes en el país,  señalando que el objetivo de China de colocar a sus más de 1300 millones de habitantes en niveles de desarrollo y consumo del primer mundo es insostenible, ya que duplicaría la demanda mundial actual de recursos naturales, siendo ya la actual demanda probablemente no sustentable en un futuro no muy lejano. Sin embargo, Diamond es optimista basándose en la capacidad de China de instituir políticas y decisiones a nivel nacional como lo demuestra la prohibición nacional de deforestación establecida en 1998.

          También utiliza a Australia para su análisis de sociedades modernas, ya que ejemplifica de una manera clara, los cinco factores implicados en la desaparición o permanencia de las sociedades. Australia tiene los suelos con los niveles de nutrientes más bajos, las tasas de crecimiento vegetal más lentas y una de las productividades más bajas del planeta. Además, su puvliosidad es escasa, sus suelos están altamente salinizados y ha sido devastada por la introducción de especies invasoras. Por otro lado, Australia está explotando sus recursos naturales: pastos, bosques y pesquerías, como si se tratara de una explotación minera, esto es, con tasas de explotación que superan la regeneración de los mismos. Si se mantienen las tendencias actuales tanto los bosques como las pesquerías desaparecerán en un futuro no muy lejano. Si bien mucho de los problemas ambientales son ya irreversibles, Australia está tratando de desarrollar prácticas agrarias ecológicamente sostenibles y como sociedad está resuelta a enfrentar sus problemas y a reestructurar su sociedad para lograr ese objetivo.




La autocracia china trata de colocar a su más de 1300 millones de habitantes en niveles de desarrollo primermundistas.



En la cuarta y última sección de Colapso presenta algunas lecciones prácticas aprendidas de las experiencias de las sociedades pasadas que pudieran servirnos en la actualidad. En el capítulo 14, Diamond hace un análisis de las razones por las cuales una sociedad pudiera tomar decisiones catastróficas. Analiza las preguntas: ¿Cómo es posible que una sociedad no consiguiera percibir los peligros que retrospectivamente nos parecen tan evidentes? ¿Podemos decir que su final fue culpa de los propios habitantes o que, por el contrario, fueron victimas trágicas de problemas insolubles? ¿Cuánto deterioro ambiental del pasado era no intencionado o imperceptible, y cuánto estuvo porfiadamente forjado por personas que actuaban con plena conciencia de las consecuencias? Diamond resume las respuestas a esas preguntas en cuatro escenarios básicos:

  1. Fracaso de las sociedades en anticipar los problemas que sus acciones ocasionarían;
  2. Fracaso de las sociedades en percibir un problema que ya está ocurriendo;
  3. Fracaso de las sociedades en el intento de resolver un problema una vez éste es identificado;
  4. Fracaso de las sociedades en encontrar una solución viable al problema.

Posteriormente, en el mismo capítulo, analiza los ejemplos de colapso de sociedades descritas en los capítulos previos, y como cada uno de ellos se ajusta a uno o más de los cuatro escenarios propuestos por él para explicar las razones que llevan a una sociedad a no solucionar los problemas ocasionados por ella misma. Quizás los conceptos más interesantes que Diamond aborda en este capítulo son los de ‘normalidad progresiva’ y ‘amnesia del paisaje’ donde los cambios y tendencias son tan lentos y progresivos que las sociedades se acostumbran a ellos y no los perciben como una amenaza.

Uno de los capítulos más importantes y controvertidos del libro es el que trata del papel de las empresas modernas (Capítulo 15), desde el punto de vista de su relación con la sociedad y el medio ambiente, y cuáles son los factores determinantes para que estas desarrollen prácticas perjudiciales o beneficiosas con el medio. Para ello, Diamond analiza las empresas petroleras, la minería del metal y el carbón, la industria maderera y la industria pesquera, apuntando que las compañías de extracción de recursos adoptan medidas beneficiosas con el medio ambiente sólo cuando éstas les permiten tener más rentabilidad y tener acceso a largo plazo a campos de producción. Un ejemplo es el de la industria petrolera, analizando dos compañías, una cuyas actividades eran realmente perjudiciales al ambiente en Indonesia, y la otra, cuyas actividades resultaron ser en extremo beneficiosas para la conservación de extensas áreas de Papua Nueva Guinea. La diferencia en las acciones de ambas compañías radicaba básicamente en como ellas realizaban el cálculo en cuanto a rentabilidad. La empresa con políticas beneficiosas al ambiente calculaba el costo de la reparación de daños ambientales que pueden ascender a miles de millones de dólares basándose en la experiencia que limpiar la contaminación es, por regla general, mucho más cara que evitarla y con base a la importancia de la opinión pública en la toma de decisiones que pudieran afectar la viabilidad de la concesión petrolera. Tomando en cuenta que la inversión inicial de desarrollo de un campo petrolero la perspectiva de recuperación de la inversión es a largo plazo, cualquier daño ambiental o accidente que generara un gasto extremo o un cambio en la opinión publica podría poner en peligro la viabilidad de la explotación a mediano y largo plazo.

En el último capítulo (Capítulo 16), Diamond hace una reflexión de la relevancia de la información aportada por el libro para el mundo en el que vivimos, exponiendo todos los problemas ambientales a los que nos enfrentamos. Comienza señalando el grave problema de la reducción de los hábitats naturales y sus consecuencias, en cuanto a la reducción de la calidad y cantidad de los servicios ambientales aportados por éstos tanto directamente como indirectamente. Analiza el problema de la reducción de los stocks de pescado y mariscos, fuente importante de proteínas de la humanidad, erosión y deterioro de los suelos aumentando su fragilidad y reduciendo su capacidad de recuperación, y la pérdida de la diversidad biológica. Por otro lado, enumera las limitaciones para un crecimiento ilimitado de la población humana, o su consumo de recursos, con base en las limitaciones en cuanto a la capacidad de generar energía, cantidad de agua dulce disponible, y los límites en cuanto a la capacidad fotosintética, esto es la capacidad de producir alimentos de origen vegetal.

Otros problemas ambientales no menos graves son los relacionados con las consecuencias de nuestra actividad y el aporte que hacemos al ambiente. Especialmente Diamond analiza los problemas de los productos químicos tóxicos, emisión de gases a la atmósfera y la introducción de especies invasoras. Por último, Diamond hace un análisis del problema tanto del aumento del tamaño de la población humana como del aumento del impacto per cápita de esa población.

Cada uno de los problemas señalados por Diamond se relacionan entre si y terminarán por limitar la forma en que vivamos en un futuro no muy lejano. La pregunta clave de Diamond es si dichos problemas acabarán siendo resueltos de una manera civilizada o catastrófica. Si bien los problemas por los que pasaron las sociedades pasadas y sus capacidades para abordarlos no son comparables con los actuales, también es cierto que en la actualidad hemos incrementado tanto nuestra población como nuestra capacidad de afectar el ambiente, esto es, tenemos la capacidad de ser mucho más dañinos. Por otro lado, ya no vivimos en un mundo con sociedades que pueden estar claramente delimitadas como la isla de Pascua, cuyo colapso no afecta más que a sus ciudadanos; vivimos en un mundo globalizado donde los problemas ocasionados en cualquier parte del planeta pudieran tener alguna repercusión directa o indirecta en nuestras vidas. Esto, según Diamond, es nuestra gran desgracia y nuestra gran ventaja. Desgracia, ya que nuestras sociedades están tan interrelacionadas que el riesgo de declive y colapso es mundial. Sin embargo, esto a su vez es nuestra gran ventaja, ya que las lecciones aprendidas, la tecnología y los recursos de una sociedad pueden ser aplicadas a otras y así evitar el colapso de todas. Para resolver los problemas en otro, tenemos que utilizar los recursos financieros de un país para resolver problemas en el otro.

Diamond compara nuestra situación con la de un ‘polder’, los terrenos de cultivos arrebatados al mar en Holanda. Para que un ‘polder’ no se vuelva a inundar de agua salada se requiere de un intrincado sistema de diques y bombas. Los habitantes de cada ‘polder’ son los encargados del buen funcionamiento de las bombas. En el ‘polder’ la supervivencia de todos depende de cada uno de los ciudadanos independientemente de su status social, político o económico. Si un dique se revienta o las bombas dejan de funcionar el ‘polder’ y sus ciudadanos desaparecen. Diamond asegura que a pesar de que nuestros problemas ambientales actuales son serios, no son irresolubles. Los conocemos y tenemos la tecnología para resolverlos. Se necesita solamente conciencia ciudadana y voluntad política para resolverlos.

Podemos quizás no estar de acuerdo con Diamond con respecto a la selección de sus ejemplos de sociedades, al tratamiento en cuanto a la importancia de cada uno de los factores implicados en su éxito o fracaso, o a sus conclusiones finales. Sin embargo, el libro constituye un texto imprescindible para entender la problemática ambiental del mundo actual y las posibles repercusiones de la acción o inacción de las sociedades actuales, basándonos en las experiencias tanto de sociedades pasadas como presentes.


 El artículo original fue publicado en la Revista Geográfica Venezolana, Vol. 48 (2), 2007.

sábado, 21 de enero de 2012

Bosques y cambio climático: una verdad oportuna...


Hayedo en el Parque Natural de Redes (Fotografía de Manuel Suárez Calvo, fotógrafo casín).



          Esta presentación de video de 17 minutos de duración, producida por la FAO y la Comisión Forestal del Reino Unido, muestra en que medida pueden los bosques contribuir a la mitigación del cambio climático y subraya la necesidad de un cambio en la creciente deforestación mundial.

A continuación el video (vía Youtube) en sus dos partes:









domingo, 11 de diciembre de 2011

Sobre la Cumbre del Clima en Durban: fiasco, más capitalismo y apartheid climático...

Ya en tiempo de descuento y cuando parecía irremediable el fracaso de la cumbre del clima celebrada en Durban, Sudáfrica, los representantes de los 192 países que han asistido a la conferencia auspiciada por la ONU aprobaron hoy prorrogar los compromisos establecidos en el Protocolo de Kioto, después de dos semanas de negociaciones arduas y en la sesión plenaria del segundo día adicional de conversaciones para tratar de salvar la conferencia.


Holding a Bowl of Dust, obra de Ashley Cecil, encargo de Oxfam América en el marco
de un proyecto global de arte que relaciona la pobreza con el cambio climático.


El acuerdo alcanzado es oscuro. En síntesis, además de mantener los límites actuales vinculantes a las emisiones, se ha conseguido aprobar una vaporosa e inconcreta hoja de ruta hacia “un futuro protocolo, otro instrumento legal o un resultado acordado con fuerza legal” en el que se debería concretar las medidas contra las emisiones mundiales de CO2. En este designio están todos los países, incluidos China y EEUU, que son en conjunto responsables de la mitad de CO2 antropogénico. Ese acuerdo, todavía abstracto y carente de precisiones, se empezaría a negociar el año próximo y se firmaría en 2015, para entrar en vigor a partir de 2020.

Como en cumbres anteriores, el problema que frena los logros, y que sigue sin resolverse, es el de la relación de poder entre los países desarrollados y los que están en vías de serlo. Como parece lógico, un freno indiscriminado a la contaminación limitaría el crecimiento de los pobres, sin tener en cuenta que la mayor parte de la contaminación acumulada –de la concentración de gases invernadero- ha sido emitida por los ricos, cuyas tecnologías les permiten reducir sus emisiones sin renunciar al crecimiento.

La prórroga del Protocolo de Kioto, que expira en 2012 y que hoy por hoy es el único vinculante para frenar las emisiones de dióxido de carbono, estará en vigor entre 2013 y 2017 ó 2020, aunque la fecha final definitiva se decidirá también el año próximo en otra cumbre, en Qatar. Pero Kioto, en la actualidad, sólo afecta a la Unión Europea, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Australia, un conjunto de países que apenas representa el 15% de las emisiones mundiales. Esta paupérrima realidad pone de manifiesto lo lejos que se está todavía en la sociedad globalizada de alcanzar un consenso útil y necesario para frenar significativamente la destrucción del planeta.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Sobre Manuel Toharia: cambio climático, escepticismo y show business...

Sin duda que la conferencia ofrecida esta mañana por Manuel Toharia en Gijón no fue una de las que se puedan guardar para el recuerdo. Como inauguración de la II Jornada sobre Medio Ambiente y Cambio Climático, organizada y patrocinada por la Cátedra Telefónica en la Universidad de Oviedo con la colaboración de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, el popular divulgador científico, amén de otros cargos sobradamente conocidos, disertó por espacio de una hora alrededor de los mitos y realidades del cambio climático e, inherentemente, de su carácter global.



 Summer evening wheatfield with setting sun (1888), de Vincent Van Gogh, en Kuntsmuseum Winterthur, Suiza.



En un ejercicio intelectualmente acomodado, Toharia apoyó en exceso su discurso en la introducción (¿Mito o realidad?) de su conocida obra El Clima: El calentamiento global y el futuro del planeta. Si bien este último es un trabajo objetivo, riguroso e incluso aleccionador en algunos de los aspectos analizados, no es serio que a estas alturas del debate se reiteren una vez más los principios elementales del cambio climático, y menos aún enfrentándose a una audiencia poseedora, en su gran mayoría, de un bagaje científico-técnico a tomar en consideración.

Así las cosas, y alertando que en una hora habría de salir hacia el aeropuerto, Toharia introdujo sobre los conceptos de meteorología, tiempo o, como él prefiere, temperie, para, como no podría ser de otro modo, advertir de la inexistencia del clima como tal. Al entrar en materia apuntaló su locución en cuatro líneas argumentales que, de por sí, merecerían su propio tratamiento de forma independiente, a saber: la comunicación de las causas y los efectos del cambio climático, no siempre correcta y vinculada, quiérase o no, a determinados intereses político-económicos; el desequilibrio de riqueza existente entre Norte y Sur, entre occidentalizados y no occidentalizados, que vía cambio climático conduce a ricos más ricos y a pobres más pobres, si cabe; la matemáticas caóticas que rigen los sistemas dinámicos, como la meteorología, y en las que una variación mínima en alguna de las condiciones iniciales puede, o no, producir un cambio en las condiciones finales superior en varios órdenes de magnitud; la revolución industrial, James Watt y la máquina de vapor, antesala, 277 años después de la primera patente de esta, de la actual  e inexplicable ineficiencia energética en la industria y en el transporte, lease, por ejemplo, grandes centrales de combustión, y, por supuesto, los motores de ciclo Otto (inferior al 30%) o Diesel (inferior al 40%), así como de los niveles de contaminación existentes en los países industrializados.

Nada nuevo en el balance final, lo que invita a una reflexión: si Manuel Toharia fue un reconocido científico y meteorologo, a la altura de su valía actual como divulgador, y mientras que el discurso se mantiene las audiencias, por su parte, crecen en conocimiento sobre cambio climático… ¿no se trata entonces de que se le siguen dando las mismas vueltas al exprimidor?, ¿será que el escepticismo, como corriente de opinión, se sube ahora al vagón comercial de negacionistas y exageracionistas?.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Sobre el deshielo ártico y las nuevas rutas marítimas...

La temprana fusión de los hielos del Ártico en 2011, con un mínimo alcanzado el pasado mes de agosto, ha permitido la reapertura del Paso del Noroeste y, dicen los de la Agencia Espacial Europea (ESA), que los satélites espaciales que monitorean el Polo Norte durante los últimos 30 años indican que este mínimo puede superar el alcanzado en 2007 cuando el paso fue abierto por primera vez. Si a principios de los ochenta el hielo ártico se cuantificaba en 8 millones de kilómetros cuadrados (unas 16 veces España), el mínimo de 2007 redujo a casi la mitad, 4,24 millones, la superficie helada, de tal modo que los científicos prevén para mediados de siglo veranos en los que el Ártico sea completamente navegable.



Que nadie se alarme, Ursus maritimus también sabe nadar. El problema es que el hielo de las zonas habitadas por estos animales
se está derritiendo hasta tres semanas antes que en la década de los setenta, lo que obliga al oso polar a retirarse a tierra
firme sin haber acumulado sus necesarias reservas de grasa, que pierden durante el verano y el otoño en forma tan crítica
que afecta la capacidad de las hembras para quedar preñadas y reducen su capacidad de producir leche para alimentar a sus crías.



El Paso del Noroeste se encuentra ahora abierto al mismo tiempo que la Ruta del Mar del Norte, que une el Atlántico con el Pacífico bordeando la costa norte de Rusia. La primera vez que ambas fueron navegables simultáneamente se fechó en 2008. Tanto la Ruta del Mar del Norte como el Paso del Noroeste son dos rutas marítimas de gran importancia comercial, ya que unen los océanos Pacífico y Atlántico de una manera más rápida y, por tanto, más económica para los cargueros comerciales. La alternativa a estas rutas marítimas es a través del Canal de Suez, en Egipto, o por el canal de Panamá, unas travesías más largas y costosas. En palabras de Mead Treadwell, el presidente de la Comisión de Investigación del Ártico de EEUU, el coste estimado de transportar un contenedor en un barco entre Europa y las islas Aleutianas en Alaska sería de unos 500 dólares, y llevar el mismo contenedor entre Europa y el puerto de Yokohama, a través del canal de Suez, cuesta actualmente unos 1500 dólares.

Ya a comienzos de mes de agosto, antes de alcanzar este mínimo histórico publicado por la ESA, desde Rusia se informó del progresivo decremento glacial, convirtiendo a lo que va de 2011 en el tercer año más cálido en el Ártico desde 1936 y haciendo que todos los mares árticos rusos se encuentren por debajo de la media en lo que se refiere a su superficie helada, desde la parte europea de Rusia hasta el mar de Chukotka, frente a la península de Alaska. En concreto, la superficie de hielo en la zona suroccidental del mar de Kara está un 56% por debajo de la media, mientras en el caso del mar de Chukotka alcanza el 35%.




El deshielo estival facilita inmejorables condiciones para la navegación por las rutas árticas incluso para buques que no sean rompehielos. El resto del año los barcos pueden viajar entre Murmansk y la isla de Nueva Zembla, pero cuando se acaba el mar de Bárents y comienza el de Kara, los hielos eternos dificultan enormemente la navegación. Tras superar el mar de Kara, los barcos aún deben surcar las aguas heladas de los mares de Laptev, Siberia Oriental y, por último, el de Chukotka.

Sin deshielo, Rusia mantiene una privilegiada posición estratégica puesto que es el único país del mundo que cuenta con una flota de rompehielos atómicos, lo que le otorga el monopolio de la ruta. Un barco mercante procedente de Europa Occidental necesita casi la mitad de tiempo para llegar a Asia a través de la ruta ártica que por el canal de Suez, con el consiguiente ahorro de combustible.

La apertura del Paso del Noroeste en 2007 provocó tensiones diplomáticas entre los países implicados, principalmente Canadá, que considera que la ruta atraviesa sus aguas territoriales y por tanto tiene derecho a pedir peaje por cada barco que pase por esa zona. Sin embargo, otras potencias marítimas, como Estados Unidos o los países de la Unión Europea, consideran que el Paso del Noroeste debe ser considerado un estrecho internacional, y por tanto no se puede reclamar peaje por su utilización. Lo que parece inevitable es que la industria del crudo o el transporte marítimo están a las puertas de una revolución.




Estratégica y políticamente, las consecuencias del deshielo del Ártico podrían beneficiar a la emergente economía china al facilitarle una ruta de navegación más rápida a Europa y América, por lo que Pekín se empieza a posicionar ante esta posibilidad. El Polar Research Institute de China (PRIC) confirma que el deshielo ártico podría reducir, por ejemplo, la ruta Shangai-Hamburgo (un trayecto habitual de transporte marítimo para los cargueros chinos) en 6000 km frente a las vías actuales, que además implican el paso por aguas, ahora peligrosas, en la zona del Golfo de Adén.

El gobierno chino, en todas sus declaraciones oficiales sobre el futuro desarrollo del Ártico como ruta de transporte o fuente de recursos, ha defendido que se tenga en cuenta el interés de todos los países, no sólo aquellos que tienen costas árticas (Canadá, EEUU, Rusia, Noruega, y Dinamarca en su isla de Groenlandia), pero al mismo tiempo prevé para 2013 la botadura de un segundo buque rompehielos atómico de expedición científica que acompañe al Xuelong (Dragón de Nieve), y dirige sus expediciones científicas hacia el Polo Norte, cuando hasta ahora había centrado sus investigaciones en la Antártida.



 El rompehielos atómico Xue Long, buque chino de expedición científica.



Arctic Express,portacontenedores rompehielos ruso, 169 m de eslora, de la compañía Norilskiy Nickel.



Otra muestra del interés chino es el hecho de que, al igual que Corea del Sur, Japón o la Unión Europea, China ha solicitado el estatus de país observador en el Consejo Ártico, organización intergubernamental de la que forman parte como Estados Miembros  los cinco países con costa en la región polar además de Finlandia, Suecia y Noruega. Otros países del noreste asiático, Japón y Corea del Sur, también con interés en acortar su ruta marítima con Occidente, se alinean junto a China en la posición de que no sólo los países con costas árticas accedan a los recursos de su subsuelo.

Más allá de la evolución del transporte marítimo, la reducida capa de hielo facilita la exploración y la extracción de petróleo en el Ártico, que se cree que contiene aproximadamente el 25% de las reservas de petróleo y gas restantes en el mundo, también según la Comisión de Investigación del Ártico de EEUU, además de minerales de níquel, plomo, manganeso, estaño, oro y platino, que actualmente yacen inexplotables en el fondo marino bajo la capa de hielo. Por el momento, las relaciones diplomáticas por el dominio de las vías de transporte y recursos en torno al Polo Norte se muestran moderadas, aunque a medida que se desarrollen las investigaciones, los recursos de gas y petróleo estén mejor cuantificados y las rutas marítimas sean más transitadas, el equilibrio internacional puede sufrir tensiones futuras.

Si en estas líneas se apuntan, de forma muy somera, posibles consecuencias estratégicas y políticas del deshielo ártico, será en entradas posteriores donde se anotarán los efectos sobre clima, biodiversidad o población, entre otros. Además, una lectura muy recomendable es la obra de Javier Reverte, publicada este mismo año, En mares salvajes: un viaje al Ártico (Plaza & Janes, 2011).