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lunes, 2 de abril de 2012

Sobre William Burrell y la Burrell Collection, en Glasgow…

          De mi última y fría estancia en Glasgow (casi diez grados bajo cero) me quedo con la visita a la Burrell Collection, a la que se llega en autobús urbano en media hora desde el centro de la capital escocesa. Aunque este no te deja al pie del edificio que alberga la colección, una caminata de algo más de un kilómetro te situa en la entrada principal.

          La colección Burrell, donada a la ciudad de Glasgow en 1944 por Sir William Burrell y su esposa Constance, Lady Burrell, reune unas 9.000 obras de arte de antiguas civilizaciones (Iraq e Irán, Egipto, Grecia y Roma), arte oriental (cerámicas, jades, bronces y muebles chinos, grabados japoneses, bordados de Asia Central, cerámicas y alfombras de Oriente Próximo), artes decorativas (plata, armas y armaduras, cerámicas europeas, vidrio, costura, etc...), pintura (siglo XV, escuelas británica y alemana de los siglos XVII a XIX, escuela de The Hague entre 1860 y 1890, pintura francesa desde el siglo XVI hasta el impresionismo, y una nutrida colección de dibujos y grabados) y escultura (principalmente bronces de los siglos XIX y XX).



 The prancing grey horse, Théodore Géricault, 1812.



          Sir William Burrell (1861-1958) fue un próspero agente marítimo en Glasgow. A la edad de 14 años empezó a trabajar en la empresa de la familia, Burrell & Sons. En 1885, a la temprana muerte de su padre, William y su hermano mayor, George, se encargaron de la gerencia de la empresa familiar. Bajo la astuta e imaginativa dirección de amobs, Burrell & Sons se expandió rápidamente hasta alcanzar una importante posición internacional. En 1918 los hermanos decidieron vender casi toda la flota de navíos Burrell, y William Burrell invirtió su parte de las ganancias perspicazmente dedicando el resto de su larga vida a reunir la mayor parte de su colección de arte. 

          El interés de William Burrell en el arte empezó cuando era adolescente y hacia 1900 ya era un coleccionista respetado e importante. La forma general de su colección fue gestada en ese tiempo, con arte europeo medieval, cerámicas y bronces orientales, y todas las representaciones de las pinturas europeas. Solamente las antiguas civilizaciones fueron añadidas relativamente tarde en la carrera de coleccionista de Burrell. Desde 1911 tomó notas de forma meticulosa, y estas notas, en una serie de cuadernos escolares, son una valiosa fuente de información hoy día. Burrell nunca quiso pagar más de lo que realmente valía una pieza, a su juicio, pero invirtió bastante, comparativamente, en comprar cuadros y tapices. Ayudado por algunos intermediarios artísticos de confianza, el propio y excelente juicio de Burrell, así como su increíble memoria, le permitieron formar una importante colección en casi todas las áreas de su interés.

            Burrell empezó a coleccionar por su propio gusto, pero hacia 1930 ya había decidido donar su colección al patrimonio público. En 1944, Sir William y Lady Burrell firmaron la escritura de donación a la ciudad de Glasgow, el lugar de su nacimiento y el centro de las actividades comerciales de ambas familias. Burrell especificó que la colección fuese custodiada en un edificio a dieciséis millas del centro de Glasgow, ya que un sitio rural sería más ventajoso para mostrar las obras de arte y estas no sufrirían, especialmente los tapices, los efectos dañinos provocados por los altos niveles de polución del aire de Glasgow. Por desgracia, no se había encontrado ningún sitio adecuado en la fecha de fallecimiento de Burrell, en 1958. En 1967, en otro gesto de altruismo, la Sra Anne Maxwell Macdonald y su familia donaron a la ciudad de Glasgow la casa de Pollok House, con su excelente colección de cuadros españoles, más 144 hectáreas de terreno. Aunque estaba dentro de los límites de la ciudad, se acordó de forma general que la finca Pollok ofrecía una oportunidad inmejorable como escenario rural.

            El edificio que hoy alberga la colección Burrell se encuentra en una esquina de la finca Pollok y resultó ganador en una competición arquitectónica bajo la firma de los arquitectos Barry Gasson, John Meunir y Brit Andreson. Su construcción fue financiada por el ayuntamiento de Glasgow y por el gobierno escocés, y abrió sus puertas al público en 1983.



The charity of a beggar at ornans, Gustave Courbet, 1868.




Le château de médan, Paul Cézanne, c. 1880.



The thinker, Auguste Rodin, 1880-81.




 Figura china en policromía de Luohan, dinastía Ming,
periodo Chenghua (1465-1487), fechada en 1484.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Sobre Lady Agnew of Lochnaw, según John Singer Sargent...

En mi segunda estancia en Edimburgo, por algunos días y sin las urgencias de la primera visita, la ciudad se me mostró con un encanto especialmente cautivador. Caminar plácidamente por la empinada High Street, en el Old Town, inundado de librerías de viejo y callejones centenarios, convierte a la ciudad en un mecanismo de inexorable retroceso en el tiempo. Ya en Castle Hill, en el castillo erigido sobre roca volcánica, Edimburgo se descubre majestuosa y serena, ajena a cualquier signo de aceleración.


 
Lady Agnew of Lochnaw, 1892-1893, oleo sobre lienzo,
por John Singer Sargent, en la National Gallery of Scotland.


Desde tan magnífico mirador donde cada día, excepto los domingos, el General de Artillería dispara un cañón que antaño indicaba la hora a marineros y lugareños, se divisa a lo lejos el fiordo del río Forth y mucho más cercana la National Gallery of Scotland, de corte neoclásico y en el mismo centro de la ciudad.

La Galería dispone de una colección pequeña, que no le permite figurar entre los grandes museos del mundo a pesar de que, aún en lo limitado de su catálogo, alberga obras que van desde el Renacimiento hasta el post-impresionismo, desde Botticelli, Zurbarán, Velázquez, El Greco, Goya o Rembrandt,  hasta Gauguin, Cézanne, Monet, o Van Gogh. Sus pequeñas salas son cálidas, confortables, y los vigilantes, vestidos a la guisa escocesa, ejercen como inmejorables guías. El recorrido completo, por reducido, se hace obligatorio.

En una de esas mínimas salas su anfitriona te observa desde una butaca marfil tapizada en flores. El pelo negro recogido con esmero y luciendo unos tejidos vaporosos, casi transparentes. La cintura ceñida con una tela lila y un camafeo pende de su cuello desnudo. En su regazo descansa su mano derecha, prendiendo una flor entre los dedos, mientras la izquierda, portando una pulsera dorada, abraza delicadamente la butaca.

La mirada directa, pero informal, de Lady Agnew, que así se llama la joven, se dirige al espectador, estableciendo cierta complicidad con quien observa el retrato. Las tonalidades empleadas -rosas, turquesas, blancas- se armonizan de manera inteligente, creando un atractivo juego de luces y sombras en tonos malvas al igual que hacían Monet y Renoir. La pincelada, rápida y ligeramente empastada, recuerda el estilo de los impresionistas y también de Velázquez.

Su autor, John Singer Sargent (Florencia, 1856 - Londres, 1925), fue descrito por Rodin como “el Van Dyck de nuestros tiempos”. Miembro de una acomodada familia americana, aunque nacido circunstancialmente en Florencia, realizó su formación en la Academia de esa ciudad, acudiendo posteriormente a París para completar su aprendizaje. En la capital francesa frecuentó el taller de Carolus Durán y contactó con los impresionistas, interesándose especialmente por Manet. En 1884 se estableció en Londres donde se especializa en el retrato y toma a Velázquez como principal referente. Sus obras gozaban de gran prestigio entre la aristocracia y la alta burguesía, tanto europea como norteamericana y su fama le llevó a realizar importantes murales para edificios públicos en Estados Unidos.


John Singer Sargent en su estudio londinense, circa 1885.


De Lady Agnew sabemos que su verdadero nombre era Gertrude Vernon (1865-1932)  y que se casó en 1889 con el abogado Lord Andrew Noel Agnew (1850-1928). Dos años después del matrimonio, su marido se convirtió en el noveno barón de Lochnaw y probablemente este nombramiento pudo ser el motivo del encargo de este retrato que descubrió a Lady Agnew como una belleza de la sociedad eduardiana y que situó a Sargent como cotizado retratista en Londres, llegando a hablarse de Sargentolatry, según el también pintor Sickert.

En la primavera de 1898 la pintura se exponía en la Royal Academy de Londres y posterior e irónicamente, en 1925, la obra fue adquirida por la Nacional Gallery of Scotland con la ayuda de la Fundación Cowan Smith Bequest, acuciada Lady Agnew por los gastos propios de su estilo de vida.