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viernes, 20 de julio de 2012

Sobre el capitalismo y la desigualdad, Lester Ward y Fdez-Armesto...

Dice en el diario El Mundo el historiador Felipe Fernández-Armesto, algunos de cuyos ensayos y columnas han aparecido con anterioridad en este blog, haber encontrado el mejor comentario escrito sobre la actual crisis económica. Lo curioso es que se escribió hace unos 120 años. El autor fue Lester Ward, uno de los fundadores de la tradición norteamericana de sociología y ciencias políticas. El pasaje que le llamó la atención reza así: «Nada resulta más evidente en las circunstancias actuales que la incapacidad de los líderes del sector privado y capitalista de mantenerse viables sin el apoyo del Estado. Y mientras que aquellos denuncian lo que llaman paternalismo estatal -o sea, el reclamo del obrero indefenso y del artesano pobre a participar en la inmensa protección del Estado- no cesan de [...] demandar privilegios para ellos mismos y subvenciones para el alivio de sus fracasos. [...] En lugar de seguir mimando a esta clase -lo que resulta ser, a fin de cuentas, una especie de maternalismo- sería mejor practicar un paternalismo abierto, digno, y honrado».



Felipe Fernández-Armesto, acuarela del gallego Miguel Angel Fernández 


Ward expresó hacia 1892 algunos de los problemas claves de la economía actual: la plutocracia desenfrenada, la falta de reglamentación eficaz del sector financiero y la potencia política que permite a los capitalistas abusar de las subvenciones públicas y explotar los sacrificios de los accionistas y pecheros. Los males que Ward denunciaba en su día son los mismos que, por desgracia, nosotros conocemos hoy: la obsesión por el dinero, el enriquecimiento demasiado fácil, el delirio de la bonanza, las especulaciones bursátiles e inmobiliarias, las inversiones arriesgadas, los jefes de empresas que se pagan salarios obscenos y manipulan las acciones, los vendedores de bienes ilusorios, los gobiernos que se someten a las demandas de los oligarcas, la distancia insoportable entre la riqueza de los peces gordos y la flaqueza de los pececillos pobres.

Hemos llegado a este callejón sin salida siguiendo un camino histórico bien señalado. La gran debacle de 1929 impulsó a los gobiernos a intervenir en las economías. Los argumentos de Keynes y la crítica socialista se combinaron para nutrir un ambiente dispuesto a favorecer la política intervencionista. Hasta en EEUU, el país del capitalismo sin par, se introdujo el New Deal. Mientras tanto, las guerras de la primera mitad del siglo XX acostumbraron a todos a soportar un Estado de mando riguroso, que controlaba los medios de producción, racionaba los productos de consumo, organizaba la vida diaria, censuraba la prensa y llamaba a filas a la población entera. En la posguerra las utopías parecían accesibles: los gobiernos pagarían el paraíso y los tecnócratas redactaban los planes. El símbolo eran las enormes viviendas erigidas por la arquitectura racionalista, máquinas para habitar edificadas con entusiasmo para abandonarse luego con repugnancia. Esas utopías de una sociedad insostenible han terminado, en su gran mayoría, derribadas, ruinas de un proyecto inmenso y fracasado.

En casi todo el mundo, en los 50 y 60, los presupuestos públicos se aceleraban sin brida ni estribo. Las burocracias se engordaban. Pero la felicidad quedaba estancada. En Escandinavia, modelo de la planificación socialdemócrata, salieron la escandisclerosis y las utopías suicidas. Si parecía que las economías más controladas, en los países comunistas, lograban progreso y prosperidad, era sólo por arte de la propaganda mentirosa de sus dirigentes. Poco a poco el mundo iba dándose cuenta de que los sistemas sociales y económicos son caóticos, océanos inestables donde viento y marea dan bandazos imprevistos y los planes naufragan.

El caos, mientras tanto, se desvelaba en estudios científicos -en 1972, de Edward Lorenz y en 1974, de Benoît Mandelbrote- como la estructura básica de los sistemas meteorológicos y fractales y tal vez del mismo universo. En los 70 la crisis del petróleo inauguró una época temible de inflación de precios y estancamiento de productividad. Los fracasos de las economías soviética y maoísta eran cada vez más claros. Pero los economistas ortodoxos no tenían otra solución que intentar controlar los precios y salarios. Resultó imposible. La inflación vino a ser el monstruo del mundo, devorando los ahorros, esparciendo ruina y terror.

Recordamos las frases definidoras de la nueva época. «La codicia es buena» fue el lema de Gordon Gekko, personaje de la película Wall Street (1987) interpretado por Michael Douglas. «Sólo paga impuestos la gente menuda», proclamó la millonaria fraudulenta Leona Helmsley en 1989. «Sí que existe una lucha de clases», comentó Warren Buffet, el hombre más rico del mundo, «y gana la mía».

El peligro que representaba el capitalismo irresponsable era evidente. Pero los gobiernos no le hicieron caso hasta 2008, cuando el colapso de parte del mercado inmobiliario en EEUU inició una crisis mundial. Medidas de austeridad anularon la prosperidad de la gran época de consumismo implacable. En términos generales, la respuesta de los gobiernos ha sido confusa, intentando hacer juegos malabares con estrategias contradictorias, manteniendo la trayectoria clásica de la austeridad con toques de keynesianismo.

Así que el siglo XXI ha empezado con una fiebre del oro que recuerda a la época de Lester Ward a principios del XX. Él vivía la gran época del darwinismo social, cuando el principio de la lucha como base del progreso se proclamaba en Occidente y se aceptaba en el mundo entero. Pero Ward conocía profundamente lo que era la competitividad, y por tanto la odiaba. En su juventud había sido un pionero de la frontera norteamericana, viajando con sus hermanos en una «carreta entoldada» para intentar labrar la dura estepa de Iowa. En la guerra civil norteamericana sufrió tres graves heridas. Desafió a la pobreza de su familia, trabajando para pagar los gastos de su carrera universitaria. Apreciaba las colaboraciones más que la competitividad.

Ward era un liberal en el sentido estadounidense de la palabra: quería que el Estado controlase las desigualdades del capitalismo, mientras intentaba redimir la libertad humana de las fuerzas inmensas, impersonales y determinantes con las cuales la izquierda asustaba a la sociedad. Militaba en lo que hoy llamaríamos el mercado social, un término medio teórico entre el capitalismo desenfrenado y el control inflexible. Por lo visto, ya hemos logrado ver el mérito de la teoría pero no sabemos ejecutarla. El siglo que empezó con las amonestaciones de Ward experimentó un ciclo de ajustes y reacciones entre extremos sin lograr nunca un balance justo. A juzgar por los precedentes históricos, nuestro nuevo siglo será igual de confuso e igual de desastroso.

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viernes, 18 de mayo de 2012

Sobre Pirro de Epiro, los corintios y la maldición olímpica...

Esta semana que vence he vuelto a leer con regocijo al historiador Fernández-Armesto, fiel a su encuentro con la prensa internacional en su libre tribuna. Si ya durante el pasado otoño publiqué su breve ensayo Cuantas más crisis, mejor, en el que, historia de por medio, justificó los potenciales y venideros beneficios de la actual crisis económica, ahora el profesor arremete, a su modo y manera, contra los aspectos financieros de los, ya en puertas, Juegos Olímpicos de Londres. Como parece proceder, y puesto que mi introducción siempre estará en desventaja con la prosa de Fernández-Armesto, anoto a continuación el texto íntegro de su nueva miscelánea.



King Pyrrhus of Epirus (Rey Pirro de Epiro), por Anestis Derekas.



No me divierte el atletismo de los humanos, que son, a fin de cuentas, menos fuertes, menos rápidos y menos ágiles que muchos otros bichos que tienen el buen gusto de no cobrar por probar su superioridad atlética. Ver a un concursante demostrar que es capaz de llegar a cualquier sitio más rápido que otros me deprime y me aburre.

Sin embargo, me resultan interesantes ciertos aspectos relacionados con los Juegos Olímpicos. Remontémonos a 2005, cuando el Comité Olímpico Internacional concedió a Londres la organización de los Juegos que se celebran este verano en detrimento de otras capitales europeas como París o Madrid. Sospecho, y lo hago sobre una base de cálculos objetivamente verificables, que la capital británica cosechó esa gran victoria de manera un tanto dudosa.

La noche en que se proclamó a Londres como sede de los Juegos de 2012, llamé a un amigo que formaba parte de la candidatura madrileña para felicitarle. La capital española, le aseguré, había escapado a un desastre. La victoria de Londres recordaba a la del rey Pirro de Epiro, quien venció a los romanos, pero a un coste tan elevado que renunció a librar más batallas. Ahora que se acerca la cita olímpica podemos ver lo que están sufriendo los londinenses y lo que van a sufrir luego.

En 1908 Londres no tuvo que invertir demasiado para abrir nuevas instalaciones, y el balance final de aquellos Juegos arrojó resultados financieros bastante respetables: 85.000 libras en gastos por 92.000 en ingresos.

Los segundos Juegos celebrados en Londres tuvieron lugar en 1948, y en algunos aspectos fueron incluso más exitosos que los primeros. Ello se debió en parte a innovaciones deportivas como el enorme aumento de la participación femenina o los comienzos del estudio científico de los aspectos médicos y nutricionales del atleta. Entre las ruinas provocadas por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial se festejó la austeridad como un rasgo saludable y la paz como el porvenir del planeta. El mundo aplaudió ese espíritu de perseverancia y magnanimidad. No se construyeron nuevas instalaciones, ni siquiera para acomodar a los concurrentes. Las delegaciones extranjeras tenían que traer sus propios jabones y toallas. La mano de obra era voluntaria, prolongando el sentimiento cívico que permitió a los ingleses superar la guerra. Así, desde luego, se ahorraba dinero. El gasto total fue de unas 760.000 libras y la ganancia bruta al final se elevó a las 29.421 libras.

Desde entonces, desgraciadamente, los Juegos han experimentado una gran transformación. La profesionalización ha destrozado el espíritu original del movimiento olímpico -el entusiasmo del aficionado, la tradición corintia de jugar por placer y por mejorar el cuerpo y carácter de los individuos-. Los Juegos ya no son auténtico deporte, sino una parte de la industria del entretenimiento, que sublima los valores del espectáculo y la extravagancia, esos malditos 15 minutos de fama que son el lema de la modernidad. La gran diferencia es además que en lugar de pagarse con inversiones de emprendedores, los Juegos se sufragan a cargo y coste del Tesoro público.

Los aspectos financieros llaman poderosamente la atención, ya que hoy en día es inconcebible que unos Juegos registren beneficios directos. Antes al contrario, entrañan pérdidas, así como suena. Los inevitables gastos de seguridad en este siglo XXI imposibilitan el sueño del superávit. Para pagar los Juegos de Sydney 2000 Australia tuvo que introducir nuevos impuestos. El coste de Atenas 2004 excedió su presupuesto en miles de millones de dólares, y las finanzas de la capital griega aún se resienten de aquel dispendio. Vancouver presupuestó 165 millones de dólares para organizar los Juegos de Invierno de 2010, pero acabó gastando más de mil. Pekín, tras gastar una cifra récord de 43.000 millones de dólares en 2008, se ha quedado con estadios vacíos y funcionarios que se niegan a comentar las pérdidas.

Según el presupuesto oficial, excesivamente optimista, los Juegos de Londres costarán a los pecheros británicos unos 11.000 millones de libras. Los pronósticos más alentadores -de los que nadie se fía, todo sea dicho- prevén unos ingresos de unos 4.000 millones. Así que los británicos acabarán gastando, como poco, unos 7.000 millones en un estadio que a la postre se demostrará inútil, unos efímeros puestos de trabajo y un centro de compras que probablemente quede a la larga abandonado.

La falta de beneficios directos no menoscaba la esperanza de algunos de que una subida en el turismo acabe compensando el esfuerzo y aporte más dinero a la ciudad durante la celebración de los Juegos. Pero según estudios ya disponibles parece que el turismo sufrirá en realidad una bajada fuerte. Lógicamente, nadie quiere visitar Londres en unas fechas en que todo se va a reducir a caos y espanto por el jaleo de los Juegos y la amenaza del terrorismo. La demanda de plazas hoteleras en las fechas de los Juegos ha disminuido, y las muchas nuevas instalaciones, construidas a costa de grandes dispendios, se quedarán sin clientes. Es más, un montón de entradas para los distintos eventos deportivos quedarán sin venderse. Los negocios londinenses, en definitiva, sufrirán por la clausura de calles, los atascos y la imposibilidad de acceso al centro de la ciudad (reservado al tráfico olímpico) durante días. Con tal de evitar los problemas de transporte, el Gobierno de Cameron, aunque parezca mentira, está publicando anuncios en los periódicos recomendando a los londinenses quedarse en casa durante los Juegos en lugar de acudir a sus empleos. Un ministro ha sugerido incluso que la mejor estrategia para evitar disgustos será refugiarse en un pub.

«Por lo menos», dicen algunos buscando consuelo desesperadamente, «recuperaremos para Londres algo del prestigio que les tocó a nuestros antepasados de 1908 y 1948». Tal vez. Pero esa eficacia inglesa de hace más de medio siglo ya no existe. Las generaciones de entonces, templadas en los fuegos de las contiendas imperiales y las guerras mundiales, han dado paso a una población consumista y poco trabajadora, incapaz, por lo visto, de aceptar responsabilidades cívicas. Me temo que la ceremonia inaugural sea pretenciosa pero débil y trillada, el caos de las calles patético e irrisorio, y las medidas de seguridad enojosas y estúpidas. No sé si Madrid lo habría hecho mejor. Gracias a Dios, no tendremos la oportunidad de saberlo. España ya tiene bastantes problemas sin tener que sufrir unos Juegos. De nuevo, ¡enhorabuena, Madrid!



Felipe Fernández-Armesto (Londres, 1950), es historiador. Desde 1983 es miembro de la facultad de Historia Moderna de la Universidad de Oxford; fue Fellow del Instituto de Estudios Avanzados de los Países Bajos entre 1999 y 2000 y posteriormente fue profesor en la Universidad de Minnessota. Desde septiembre de 2005 a 2009 ejerció la cátedra Príncipe de Asturias de la Tufts University en Boston (Massachusetts). Fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Los Andes (Colombia) y también por la Universidad de La Trobe (Australia). Desde 2009 es titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame. Ha publicado más de dieciocho obras y entre otros galardones ha obtenido la Cairo Medal del Nacional Maritime Museum, en 1997, y la John Carter Brown Medal, en 1999.

lunes, 13 de febrero de 2012

Alea jacta est... Capriles Radonski se batirá con Chávez el 7 de octubre en las presidenciales de Venezuela...






Discurso completo de Henrique Capriles Radonski

La unidad se hizo más fuerte, porque quedó claro que son mucho más las cosas que nos unen que aquellas que nos separan. Hemos elegido un camino que requiere del esfuerzo de todos, el compromiso de todos, la confianza de todos. De los que votaron y de los que no votaron, de quienes nos acompañaron con su voto y de quienes se irán sumando al camino del progreso.

El domingo vivimos una fiesta popular de participación. El contraste está muy claro. De un lado está el pueblo diciendo con su voto que es tiempo de seguir hacia adelante. Del otro lado, un gobierno que se aferra al poder y utiliza el sistema judicial para amenazar y meter miedo. Yo al gobierno nacional le digo: no se equivoquen. Recuerden que el poder es un préstamo que nos da el pueblo y tiene fecha de vencimiento. Mientras más abusen del poder, mayor serán las ganas de los venezolanos de poner la mirada en el futuro para seguir adelante.

Estamos unidos para progresar, para avanzar, para crecer. El progreso nos incluye a todos y nos necesita a todos. Hasta ahora, fuimos parte de una competencia electoral. A partir de ahora, tenemos el compromiso de construir el mejor equipo con un solo objetivo en mente: Lograr que los venezolanos tengamos una vida mejor.

La unidad es algo mucho más grande que ponernos de acuerdo los candidatos y los partidos. Si algo debe quedarnos claro y debemos interpretar adecuadamente, es que el pueblo nos dijo que nosotros somos parte de la unidad, pero no somos toda la unidad. Lo que hace fuerte la unidad está allá afuera, en el corazón y la mente de cada venezolano que quiere una vida mejor. No nos equivoquemos.

Con su voto, el pueblo dejó claro que quiere ir hacia adelante. Es un camino de más trabajo y menos política. De más resultados y menos promesas. De hacer más y hablar menos. Somos un país con más futuro que pasado, por eso no podemos quedarnos mirando atrás. Somos un país con más futuro que presente, por eso no podemos quedarnos parados donde estamos hoy.

Los venezolanos dijeron que no están conformes con el presente que tenemos ni con el pasado que hemos vivido. Igual que tú, yo creo que los venezolanos merecemos más. Tenemos demasiados años escuchando que nuestro país está en crisis. Tenemos demasiado tiempo esperando. Es tiempo de trabajar para solucionar la crisis.

El camino que proponemos es más compromiso y menos poder. Generosidad y No egoísmo. Justicia y No privilegios. Verdad y nada de mentiras. Es abrir nuestros ojos, nuestros oídos y nuestros corazones para escuchar y tomarnos en serio las necesidades de nuestro pueblo.

La discusión entre el presente y el pasado, lo que hace es construir cercas para separarnos y dividirnos. Todos somos venezolanos y eso es lo que importa. Un país dividido es un país débil y queremos tener un país fuerte. Nuestro compromiso es derribar todas las cercas que dividan, porque estamos aquí para construir puentes que unan tus problemas con las soluciones. Nuestra mirada está puesta en el futuro.

Nos sentimos comprometidos, porque hoy el camino se hace más grande y convoca a todos los que queremos una vida en la que haya tranquilidad y progreso. Lograr esa vida mejor es posible y juntos la vamos a alcanzar. Cuando se confía, se avanza. Cuando se confía, se quiere. Cuando se confía, se logra.

El camino que hemos elegido no necesariamente es el camino más fácil, pero con frecuencia sucede que no siempre el camino más corto y más fácil es el que nos lleva al lugar que realmente buscamos. Hemos elegido un camino que requiere del esfuerzo de todos, el compromiso de todos, la confianza de todos. De los que votaron y de los que no votaron, de quienes nos acompañaron con su voto y de quienes se irán sumando al camino del progreso.

Llegó el momento de abrirle las puertas al futuro, para que podamos vivir una vida en la que el único requisito que se te exija, sea tu necesidad y tu esfuerzo, sin importar tu forma de pensar. El camino que hemos elegido, es el camino del progreso para todos por igual. Sin egoísmos, sin privilegios, sin exclusiones.

No será fácil, pero estamos convencidos de que tendremos éxito. Somos muchos queriendo una vida mejor. Somos muchos dispuestos a poner nuestro esfuerzo. Juntos tenemos la fuerza para superar el miedo y las amenazas. Juntos tenemos las ganas para hacer realidad nuestros sueños. Tenemos una meta y la vamos a alcanzar. Porque cuando se hacen las cosas bien, pasan cosas buenas.

Nuestro objetivo es lograr que haya progreso para todos por igual.

Nuestro compromiso es que todos tengan acceso a los bienes que son para todos. Somos amigos de multiplicar oportunidades y enemigos de los privilegios. Creemos en el derecho que cada quien tiene a pensar por sí mismo.

Creemos que el gobierno debe ser un orientador, no un controlador.

Creemos en el trabajo en equipo con el esfuerzo privado, sin expropiar empleos, convirtiendo el petróleo en un recurso que debe funcionar desde los venezolanos, por los venezolanos y para los venezolanos, y así tener una economía fuerte, con muchas empresas que produzcan muchos productos de la mejor calidad, para que haya progreso para todos por igual.

Creemos en el derecho que cada quien tiene a pensar por sí mismo y por eso enfrentamos cualquier forma de dominación, sumisión y explotación, sin importar de donde provenga. Creemos en la capacidad y el talento creador del venezolano y estamos comprometidos a impulsar su progreso sin importar la forma de pensar.

Nuestro gobierno será el gobierno del empleo. Porque quien tiene un empleo de calidad, camina tranquilo hacia el progreso. Tener programas sociales que ayuden a quienes lo necesitan es bueno, pero lograr que en cada familia haya por lo menos una persona con empleo de calidad es mejor. Para lograr esto, es necesario que el esfuerzo público y el esfuerzo privado trabajen en equipo.

Nuestro gobierno será el gobierno de la educación. La experiencia de gobierno en Miranda nos ha demostrado que la educación es una palanca poderosa para el progreso. Donde hay educación, hay tranquilidad. Donde hay educación, no hay espacio para la violencia. Donde hay educación hay futuro. Donde hay educación, nadie se queda atrás.

Nuestro gobierno será para todos. El autobús del progreso tiene sus puertas abiertas. Cabemos todos, para beneficiarnos todos. Sin requisitos, Sin exigencias. Nuestro compromiso es que nadie se quede atrás. Lo único que vamos a dejar son los errores del presente y del pasado. Todos cometemos errores. Lo importante es que seamos capaces de reconocerlos, para corregirlos y seguir adelante. Hoy asumimos ante los venezolanos el compromiso de mantener la mirada en el futuro. Ni quedarnos mirando atrás. Ni quedarnos parados donde estamos hoy.

Mi compromiso contigo es luchar contra la injusticia que se esconde detrás de los privilegios que benefician a pocos a costa de perjudicar a muchos. Mi compromiso es usar el poder para servir al pueblo con prudencia y sin egoísmo. Es mantener mis ojos, oídos y corazón siempre alerta a las necesidades del pueblo, y así garantizar Tranquilidad, Orden y Progreso para todos por igual.

Mi compromiso contigo es no perder ni un minuto en conflictos, peleas y descalificaciones, porque yo sé que el pueblo gana poco con las discusiones y las peleas. En cambio gana mucho cuando nos ponemos de acuerdo para acercar las soluciones a los problemas. Mi prioridad será construir y sumar, porque para avanzar debemos estar unidos. Juntos tenemos la fuerza para lograr lo que queremos.

Mi compromiso contigo es que nunca más estés obligado a ponerte una franela de algún color o a inscribirte en un partido para que te tomen en cuenta. Es tiempo de que puedas pensar por ti mismo y tener la tranquilidad de que el único requisito sea tu necesidad y tu esfuerzo. Todas las energías que tengo, todo mi esfuerzo, lo pondré en ganarme tu confianza y la confianza de todos los venezolanos.

El 7 de Octubre tenemos una cita que nos compromete. Ese día nos tocará elegir entre dos caminos: el camino del progreso que tú quieres ó el camino del socialismo que el gobierno quiere para ti.

El camino del progreso nos convoca a todos. La fuerza para recorrerlo está dentro de ti y de millones que piensan y sienten como tú. Juntos tenemos las ganas. Juntos tenemos la fuerza para hacer realidad ese camino. Cuentas conmigo. Cuento contigo.



viernes, 10 de febrero de 2012

Sobre el 12F y las primarias en Venezuela...¿Capriles, Machado o Pérez?


Será pasado mañana, domingo 12 de febrero de 2012, cuando se elija, mediante primarias, al candidato único de la oposición que se enfrentará el próximo 7 de octubre a Hugo Chávez en las presidenciales de la República Bolivariana de Venezuela. Este, el autócrata, viene logrando que las sucesivas elecciones desde 1998 se convirtieran en auténticos plebiscitos sobre su persona, aunque la otra cara de la moneda muestra que también ha conseguido enraizar la división del país en dos Venezuelas, de las que la suya, la vestida en rojo, le ha mantenido hasta la fecha en Miraflores.



María Corina Machado, co-fundadora de la asociación Súmate, y diputada de la Asamblea Nacional por el Estado Miranda.
A su lado Henrique Capriles Radonski, fundador y lider del partido Primero Justicia, además de gobernador del Estado Miranda.



Los aspirantes con mayor seguimiento son dos hombres, Henrique Capriles y Pablo Pérez, y, aunque muy distante en las encuestas, una mujer, dama en realidad, María Corina Machado. Aunque los tres pertenecen a la Venezuela acomodada, María Corina es la candidata soñada por Chávez por su condición de católica conservadora de 42 años, quien a ojos del presidente —la apoda “la burguesita”— representa todo lo que no soportan los votantes del PSUV. Capriles, que parte como favorito, 39 años, tiene el gran mérito de haber derrotado al golpista Diosdado Cabello en las elecciones a gobernador del Estado de Miranda, al que muchos ven como sucesor de un Chávez visiblemente derrotado por la enfermedad. Capriles pretende ser la versión moderada del brasileño Lula. Pablo Pérez, más pueblo que los anteriores, gobernador de Zulia, donde la oposición siempre obtuvo sus mejores resultados, es un pseudo-Chávez escorado a la derecha.

Sobre la valentía de los tres candidatos no cabe la menor duda. Ser candidato contra Hugo Chávez es solicitar el ingreso en prisión o el pasaporte al exilio, como lo saben los antecesores de este grupo de aspirantes a convertirse en abanderado o abanderada de la oposición (el último, Manuel Rosales, está asilado en Perú). En el caso del favorito, Capriles, el riesgo no es ir sino volver a la cárcel, pues ya fue encarcelado cuatro meses por Chávez en 2004.

Las presidenciales del próximo otoño, lejos de perfilarse como una contienda ideologizada —democracia occidental versus socialismo del siglo XXI— se decidirá en razón a baremos mucho más terrenales. El comandante esgrimirá que ha vencido a la enfermedad y que su victoria ha sido un sacrificio más por la revolución bolivariana, pero su campaña de fondo se basará en que ha habido una mejoría real del nivel de vida de los menos favorecidos, sufragada por la inagotable renta petrolera. Quienquiera que gane las primarias apuntará a la erosión de las libertades, la corrupción del poder, y el desfallecimiento moral de la sociedad, aunque el gran argumento será otro: que no se puede salir a la calle sin jugarse la vida, especialmente en Caracas.




Pablo Pérez Álvarez, gobernador del Zulia y candidato por el partido Un Nuevo Tiempo, liderado por Manuel Rosales.



En abril de 2011, el Gobierno anunció la puesta en marcha de la Gran Misión Vivienda Venezuela, que aspira a construir dos millones de apartamentos en siete años, de los que casi 150.000 deberían estar listos a la fecha de los comicios, pero no parece que así vaya a suceder. Más recientemente ha creado la Gran Misión Amor Mayor, en beneficio de la tercera edad, y la Gran Misión Hijos de Venezuela, en este caso para apoyar, entre otros, a las adolescentes embarazadas, justo ahora que hemos superado los 7000 millones de pobladores. A todo ello se une la congelación de los precios de 18 productos de primera necesidad, para apuntalar a Chávez con el voto cautivo de, cuando menos, un 40% de venezolanos: un pueblo que come mejor, tiene medicina gratuita, y hasta puede guardar algo para esparcimiento, al tiempo que es mínimamente sensible a la erosión de unas libertades de las que nunca hizo uso cotidiano.
 
Sin embargo, todas las encuestas señalan que la mayor preocupación nacional, a derecha e izquierda, es el incontenible auge de la violencia. Durante 2011 Caracas fue la segunda urbe más criminalizada de Latinoamérica tras la mexicana Ciudad Juárez. En 2009 la capital venezolana sufrió una tasa de más de 130 homicidios por 100.000 habitantes —que en 2011 ya se aproximó a 200— cuando la media venezolana es de 65, y la de todo el continente latinoamericano de 27. La policía ha dejado de informar sistemáticamente sobre esa hecatombe, pero fuentes independientes hablan de 17000 muertes violentas en 2010 para menos de 30 millones de venezolanos, lo que hace del sicariato, el asesinato por encargo, la industria de mayor crecimiento en la República Bolivariana. Por esta razón comienzan a surgir patrullas vecinales en los barrios para suplir a las inoperantes fuerzas del orden. Incluso Tarek el Aissami, ministro del Interior, reconoció que casi un 20% de delitos son cometidos por la propia policía. Contra todo ello se creó en 2009 un cuerpo policial bolivariano, sobre el que Chávez aclaró que no protegería a la burguesía, pero a la vista de las cifras parece que el crimen no pregunta a sus víctimas sobre su estrato social. Provisionalmente, cabría concluir que la integradora política chavista ha perturbado más que apaciguado las tensiones sociales, y que, por haber empoderado a segmentos sociales históricamente marginados, ha roto un equilibrio anterior, por precario que fuese. También el 7 de octubre se votará sobre el fracaso de la revolución bolivariana.


domingo, 29 de enero de 2012

Redentores, ideas y poder en América Latina, recensión de Mario Vargas Llosa...

          El mejicano Enrique Krauze pasa por ser uno de los más importantes ensayistas de la actualidad. Historiador de conocida trayectoria, entre sus muchos libros se encuentran piezas maestras del género biográfico, como su monumental Biografía del poder, que recorre la trayectoria de los principales prohombres de México desde la Independencia hasta los últimos presidentes del PRI. También suyo es el análisis de la Venezuela laboratorio de la primera revolución del nuevo milenio o nación que marcha, no sin resistencias civiles, hacia un duradero régimen autoritario, plasmado en las páginas de El poder y el delirio, una diatriba en la que trata de discernir el papel de Hugo Chávez, combativo y avanzado líder político, artífice del «socialismo del siglo XXI», o estereotipado aprendiz de dictador, populista y palabrero.

          Una estructura semejante ha guiado esta su última entrega, en la que desarrolla los hechos e ideas de figuras relevantes del pensamiento y la acción política en Latinoamérica a lo largo del pasado siglo. Según Krauze, los anhelos redentores de líderes e intelectuales son, en general, nefastos para las naciones que pretenden salvar. Su ideario neoliberal, basado en pensadores como Berlin o Popper, le lleva a desconfiar de las utopías revolucionarias y, visto el continuo rebrotar de esa semilla seudomesiánica, probablemente la circunstancia hubiera requerido un análisis más demorado y complejo. Pero, en cualquier caso, he aquí un libro que presenta a muchos lectores una galería atractiva de un grupo de figuras esenciales de la historia hispanoamericana del siglo XX.

          Aunque mi intención primera era realizar una recensión de Redentores más trabajada, esta mañana tomando café en La Industrial pude leer en el periódico El País los comentarios de Mario Vargas Llosa sobre la obra de Krauze. Por su sobriedad, no puedo menos que, en detrimento de mis propias notas, re-publicar las del maestro.

 





Las ideas y el caos, por Mario Vargas Llosa. 29/enero/2012.

          Quienes creen que la historia de América Latina es una obra maestra de la sinrazón, un producto del puro instinto y de la fuerza bruta, deberían leer el reciente libro del historiador mexicano Enrique Krauze, Redentores. Ideas y poder en América Latina (Debate, 2011). Este ambicioso y audaz ensayo quiere mostrar, a través de perfiles biográficos de 12 latinoamericanos de diversa vocación -políticos, revolucionarios, escritores, dictadores- que la evolución de América Latina no es un caos, resultante de las pasiones y los apetitos desbocados, sino una compleja trama movida por ideas y convicciones que, aunque a menudo disimuladas detrás de desplantes, matonerías y retóricas rimbombantes y huecas, le dan a aquella sentido, coherencia y racionalidad.

          Como los autores de las dos obras capitales que le sirven de modelo, Russian Thinkers, de Isaiah Berlin, y To the Finland Station, de Edmund Wilson, Enrique Krauze cree firmemente que las ideas hacen siempre la historia y explican todos los grandes hechos -repugnantes o admirables, generosos o mezquinos, liberadores o esclavizantes- que constituyen el devenir de todas las sociedades y naciones.

          Aunque rigurosamente trabados entre sí, los capítulos del libro son de dimensión y profundidad variada y entre el riquísimo y exhaustivo dedicado a Octavio Paz -un libro dentro del libro, en verdad- y los más breves y someros consagrados, por ejemplo, a José Martí y a Eva Perón, hay diferencias acusadas. Pero todos están escritos con desenvoltura, astucia y felicidad y se leen con la expectativa y la excitación de las mejores novelas. Redentores es una obra clave de nuestros días, una de las empresas intelectuales más audaces concebidas en el ámbito intelectual y político latinoamericano, y, por su rigor y erudición y la originalidad de sus análisis, un aporte valiosísimo para entender la actualidad y las perspectivas inmediatas de ese continente que creíamos de las oportunidades perdidas pero que, según la tesis más polémica de Krauze, ya no lo es más, pues ha entrado por fin, en medio del tumulto que es todavía su fachada, en un rumbo de verdadero progreso.

          El optimismo que transpira el libro no peca de ingenuo, está fundado en datos, indicios y razonamientos persuasivos. Debo confesar que, en mi caso, ha servido para derribar desconfianzas y escepticismos que alentaba hacia algunos países, sumidos en problemas que me parecían obstáculos insalvables para que en ellos echaran raíces en un futuro próximo instituciones y costumbres democráticas sobre bases estables. Desde luego, Krauze es muy consciente de la enorme diversidad existente entre la veintena de países de América Latina y de la imposibilidad de que todos ellos progresen al mismo ritmo y de la misma manera. Es también muy lúcido sobre los desafíos mayores para la democratización que representan el narcotráfico y su inmenso poderío económico y el crecimiento desaforado de la delincuencia y la corrupción que en gran parte es su consecuencia. Lo que señala es una tendencia general a la que, unos más rápido y otros con retardo, todos se van sumando, algunos con entusiasmo y lucidez y los demás a regañadientes y hasta sin darse cuenta cabal del proceso modernizador en el que están inmersos.



America noviter delineata, auct. Jodoco Hondio (1563-1612); H. Picart fecit. Mapa publicado en París c. 1640.



                    Según Krauze no es casual que en la América Latina de nuestros días no haya sino una sola dictadura de tipo clásico, la de la Cuba castrista, una semidictadura demagógica y corrupta, la Venezuela de Hugo Chávez, y un par de democracias populistas y secuestradas por caudillos como la Bolivia de Evo Morales y la Nicaragua de Daniel Ortega, en tanto que todos los otros países, no importa cuán imperfectas sean todavía sus instituciones, parecen haber optado de manera resuelta por Estados de derecho basados en la democracia política y economías de mercado. Más importante todavía: el modelo socialista autoritario que en los años sesenta y setenta reclutaba a todas las vanguardias políticas del continente y era el santo y seña de sus juventudes, está hoy prácticamente en ruinas, condenado a una marginalidad que se sigue encogiendo y que alientan apenas grupos y grupúsculos huérfanos de calor popular, en tanto que una nueva izquierda, como la que gobernó en Chile con la Unidad Popular y que gobierna ahora en países como Brasil, Uruguay, El Salvador y Perú, ha dejado atrás sus viejos sueños colectivistas y estatistas y optado por el pragmatismo democrático y de economías abiertas de la social democracia europea.

          El camino para llegar hasta aquí -a la modernidad y el realismo políticos- ha sido largo, sangriento, de confusión y delirio ideológicos, sueños utópicos de redención social a través de la violencia, la guerra civil, dictaduras atroces, democracias paralizadas por la ineptitud y la venalidad de sus líderes, burócratas y parlamentarios, y Enrique Krauze lo traza en síntesis brillantes y elocuentes a través de los perfiles biográficos. Por momentos, como en las páginas dedicadas a José Vasconcelos, a Evita Perón, al Che Guevara y al subcomandante Marcos, el libro alcanza vuelos épicos, relata deslumbrantes peripecias aventureras que parecen provenir más de las fantasías locas del realismo mágico que de una realidad documentada. Los repetidos fracasos, las enormes desigualdades económicas y sociales, el sufrimiento que las repetidas desventuras políticas han ido sembrando por todo el continente, poco a poco han ido empujando a las sociedades latinoamericanas hacia el realismo, es decir, hacia los consensos democráticos, el primero, el de coexistir en la diversidad política sin entrematarse, acatando los veredictos electorales, la renovación periódica de los Gobiernos, el respeto a la libertad de expresión y al derecho de crítica, la aceptación de la propiedad, de la empresa privada y del mercado como mecanismos indispensables del desarrollo económico. Todo ello ha ido imponiéndose poco a poco, por la fuerza de las cosas, a través de la evolución de una derecha y una izquierda que, no sin reticencias y traspiés, han ido renunciando a sus viejas obsesiones excluyentes y violentistas, y cambiando de métodos.




 

 
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela desde 1999,
junto a Evo Morales, idem de Bolivia desde 2006 / Fidel Castro, primer ministro (1959-1976) y presidente (1976-2008) de
Cuba, Raúl Castro, presidente actual y sucesor de su hermano Fidel, y Ernesto Che Guevara, comandante de la Revolución
Cubana entre 1953 y 1959 / Eva Perón, Primera Dama de Argentina desde 1946 hasta su fallecimiento en 1952 /
Subcomandante Marcos, ideólogo y portavoz del grupo indigenista mexicano Ejército Zapatista de Liberación Nacional.



           Desde luego que nada de esto es irreversible. Enrique Krauze no cree que la historia tenga leyes inflexibles a las que los pueblos estén sometidos como los astros a la ley de gravedad, sino que aquella fluctúa, avanza o retrocede y a veces gira sobre sí misma de manera tautológica. Pero las conclusiones de su libro son elocuentes y estimulantes: comparada, no con el ideal, sino con su pasado mediato e inmediato, América Latina ha progresado de manera notable. Si sus economías van creciendo y han resistido mejor la crisis financiera que causa estragos en Estados Unidos y en Europa es porque ahora es más libre que en el pasado y porque la cultura de la libertad ha ido impregnando tanto su realidad política como la social y la económica. Nada indica que en el futuro inmediato esta tendencia vaya a cambiar. Todo lo contrario. Habría que ser ciego porfiado en materias ideológicas para creer que todavía la Cuba totalitaria, donde siguen muriendo los disidentes perseguidos por la policía política, o la Venezuela arruinada y enconada por las malas artes de Hugo Chávez, pudieran ser el modelo hacia el cual se encamina el resto del continente. Es evidente que esos regímenes representan anacronismos en proceso de desintegración -muy lenta, por desgracia- en un contexto en el que lo que se va imponiendo de manera inequívoca es el modelo democrático liberal.

          Como soy uno de los 12 protagonistas de Redentores, y Krauze me dedica un generoso ensayo, he tenido dudas hamletianas antes de reseñarlo. Sé de sobra las suspicacias que este artículo puede despertar. Pero lo hago porque, como todavía las ideas que su autor defiende tienen tanta dificultad para ser reconocidas y aceptadas en el medio intelectual latinoamericano -paradójicamente más retrógrado que el político y el económico-, me temo que no tenga la difusión que se merece y sea víctima de la discriminación y censura que aún practica el establishment cultural, controlado por un progresismo de pacotilla. Krauze tiene el coraje de proclamarse un liberal en un medio donde todavía esta parece una mala palabra, asociada a las ideas de explotación y egoísmo capitalista, y otro de los grandes méritos de su ensayo es devolver a aquella su prístino sentido de defensor y amante de la libertad como valor supremo, pero de ninguna manera disociada de la justicia y de la convicción de que ésta, en el dominio social, sólo puede significar la creación de una sociedad donde haya igualdad de oportunidades para todos. En este sentido, tiene muchísima razón cuando sostiene que el liberalismo está más cerca de la socialdemocracia que del conservadurismo, y que, buena parte del proceso de modernización de América Latina se debe a que, sin que nadie lo quisiera ni advirtiera, ambas tendencias se han ido acercando y confundiendo en la realidad, empujando de este modo la civilización y haciendo retroceder la barbarie. Su libro es un hito decisivo en este proceso civilizador.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2012. © Mario Vargas Llosa, 2012.


sábado, 7 de enero de 2012

Chávez reductio ad absurdum… O miserum te si intelligis, miserum si no intelligis!

          Muchos lectores del blog conocen mi relación con la República Bolivariana de Venezuela, lo que casi me obliga periódicamente a plasmar en forma de entrada algunas reflexiones sobre la situación del país. Trata uno, desde la distancia, de ser ecuánime y objetivo, así es que leo las páginas de los periódicos chavistas y las de los antichavistas, zapeo entre VTV y Globovisión, pero aún así las cuentas no cuadran. La realidad se recrudece, el padecimiento no mengua, y las pistoladas chavistas cada día son más deprimentes.

          El comandante Chávez concurrirá el próximo 7 de octubre en los comicios presidenciales seguramente más decisivos de su trayectoria política, para los que ya varias encuestas privadas (o sea, no financiadas, en alguna u otra forma, por el gobierno) le dan por primera vez como potencial perdedor. Nada acostumbrado a la prudencia en sus manifestaciones, las coyunturas electorales, que excitan las meninges de cualquiera, han llevado al presidente venezolano hacia toda una colección de non plus ultra en las últimas semanas. De hecho, para mañana domingo anuncia que retoma su programa dominical Aló Presidente, siete meses después de haber sido cancelado poco antes de ser intervenido en Cuba de un tumor cancerígeno. "En verdad que sin el Aló Presidente los domingos no se aguantan de fastidio así que vuelve el Aló Presidente y prometo por lo menos cinco horas". Para 2012 el programa tiene un presupuesto asignado de casi seis millones de bolívares fuertes, y las 375 emisiones hasta ahora retransmitidas han supuesto un desembolso de más de cien millones de bolívares fuertes de los fondos del Estado. En estos doce años años, se ha podido ver a Chávez cantar, bailar, insultar, contar chistes y utilizar los recursos estatales para impulsar al PSUV y su proyecto personal, lo cual, cuando menos, se podría entender como malversación de los fondos públicos.



Chávez, el pasado octubre, durante una recepción a representantes bielorusos (Fotografía: Carlos García Rawlins).



          El de Sabaneta, durante el discurso por el fin de año a la Fuerza Armada, sugirió que los Estados Unidos podrían estar detrás de la aparente epidemia cancerígena (sic) que afecta a cinco mandatarios de Latinoamérica, todos ellos de vitola izquierdista. Además del propio Chávez, que viene de recibir prolongadas sesiones de quimioterapia en Cuba, también se han visto afectados el presidente paraguayo Fernando Lugo, el expresidente brasileño Lula, su sucesora Dilma Rousseff y, la última, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (aunque hoy mismo se comunicó la ausencia de cancer en su glándula tiroidea). La insidiosa insinuación chavista se apoya en los experimentos efectuados por médicos norteamericanos en Guatemala entre 1946 y 1948, recientemente confirmados, durante los cuales se inocularon enfermedades venéreas a cientos de guatemaltecos utilizados como conejillos de Indias.

          Chávez recalcó que, en cualquier caso, no acusa a nadie sino que está haciendo uso de su libertad de reflexionar y emitir comentarios: "Bueno, es un poco difícil explicarlo, razonarlo, incluso utilizando la ley de probabilidades (sic). Fidel siempre me dijo 'Chávez ten cuidado porque tú te le tiras a la gente encima. Cuidado, esta gente ha desarrollado tecnologías, tú eres muy descuidado. Cuidado con lo que comes, con lo que te dan de comer, con una pequeña aguja y te inyectan no sé qué'. Bueno, uno anda en las manos de Dios".

          No cabe duda que Estados Unidos ha hecho cosas peores en América Latina, como firmar la autoría intelectual del derrocamiento y muerte de Salvador Allende, presidente democrático de Chile, en 1973, o el intento de asesinato de Fidel Castro. Pero, incluso siendo técnicamente posible la "contaminación cancerígena", la Casa Blanca y el Pentágono tienen hoy cosas más importantes en su agenda que esa guerra ad personam. Por una parte, la caída del bloque soviético, y con ella el ocaso del comunismo, permite a Washington convivir con los resultados electorales de cualquier país latinoamericano, por mucho que estos se escoren hacia la izquierda. Incluso ¿qué interés pudiera tener en deshacerse de Lula o de Rousseff a los que, por el contrario, cabría ver como la garantía de que el chavismo no pasará? Chávez, embebido de su vanagloria, se otorga mayor importancia de la que Estados Unidos le concede.

          Ayer viernes, durante la visita del comandante a la Basílica Menor de Nuestra Señora de Coromoto, en Guanare, estado Portuguesa, el comandante designó al general en jefe Henry Rangel Silva nuevo ministro de la Defensa en sustitución de Carlos Mata Figueroa, ahora candidato por la fórmula oficialista para la Gobernación del estado Nueva Esparta. Rangel Silva, etiquetado por sus supuestos vínculos con las FARC y por el escándalo de la valija, ha sido fuertemente cuestionado por la opacidad en el manejo administrativo de los cargos que ha venido ocupando y ha declarado públicamente el desacato al artículo 328 de la Constitución al jurar lealtad a una persona y no a la Nación. Además, como bien se encarga hoy de recordar la candidata de la oposición María Corina Machado, ha amenazado al pueblo abrogándose el derecho de desconocer al nuevo comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que pueda salir de las próximas elecciones, lo que parece indicar que presiente que la voluntad popular se va a expresar a favor de un cambio. Por cierto, que nadie olvide su participación junto a Chávez en el golpe de estado en febrero de 1992.



Mahmud Ahmadinejad en Teherán, durante la campaña electoral de 2009 (Fotografía: Abedin Taherkenareh).



          Si hoy sábado fue el presidente peruano Ollanta Humala quien fue recibido en Puerto Ordaz por Chávez, pasado mañana lunes hará lo propio con Mahmud Ahmadinejad, su homónimo iraní en su quinta ya visita a Venezuela, mientras la tensión aumenta en el Golfo Pérsico por la presencia militar estadounidense y las advertencias del gobierno iraní de bloquear el estrecho de Ormuz. Lo que Irán busca en Venezuela, y en el resto de países de su gira, es marcar una postura desafiante hacia la Casa Blanca y, de paso, romper el cerco internacional que podría derivar en sanciones, además de asegurarse la provisión de materias primas. Sin embargo, la tournée sudamericana de Ahmadinejad que incluye Ecuador, Cuba y Nicaragua, además de Venezuela, carece de trascendencia mayor ya que, a día de hoy, cualquier intento de alianza con Sudamérica pasa necesariamente por Argentina y Brasil. Con todos los respetos para los países visitados, Admadinejad entra por el patio trasero.

         El presidente Chávez forzó la alianza con Irán en 2006, justo cuando el régimen de Ahmadinejad era firmemente cuestionado por Estados Unidos y por la comunidad internacional debido su política de desarrollo nuclear. La relación ha ido in crescendo desde entonces, alimentada con visitas mutuas, condecoraciones y con proyectos que demandarían, según lo anunciado, inversiones por más de tres mil millones de dólares, como la instalación de una planta cementera, una fábrica de munición y una ensambladora de automóviles iraníes en Venezuela y una balanza comercial, escasa por lo pequeña pero ampliamente favorable para Teherán, que pasó de trece mil dólares en 2005 a ochenta millones en 2011.



El difunto Gadafi gesticula con una vara de mando verde tras unos cristales antibala,
durante un desfile militar en la Plaza Verde de Trípoli durante 2009 (Fotografía: Ben Curtis).


          La primavera árabe, de la que Chávez no quiere oír ni hablar, y de la que escasa información se encarga de que llegue al venezolano de a pie, también pasa factura a la imagen del líder bolivariano. El Hugo Chávez Stadium, inaugurado el 5 de marzo de 2009 en Benina, Libia, fue renombrado el pasado 8 de marzo como Martyrs of February Stadium (Los Mártires de Febrero), por el Consejo Nacional de Transición libio, en honor de aquellos que murieron en el levantamiento popular contra el régimen de Gadafi. Vetustas pauca non depravat, multa tollit.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Sobre Samoa y Tokelau: cambio horario (y económico) virando hacia China...

No parecía equivocarse demasiado Robert J. Shapiro en su obra 2020: Un nuevo paradigma (Tendencias, 2009), cuyo título original quizá aclare mejor su contenido, Futurecast: how superpowers, populations and globalization will change the way you live and work by the year 2020 (St. Martin Press, 2008). El que fuese principal asesor de Bill Clinton durante la campaña de 1992, además de colaborador de Al Gore o John Kerry posteriormente, dedica un capítulo completo a los dos polos de la globalización, léase China y Estados Unidos, y suscribe que “en una economía auténticamente global, como la que se despliega hoy, cuando un país tan enorme como China moderniza su industria de exportación, crea una serie de presiones nuevas en los empleos y los salarios de todo el mundo".


Atolón de Atafu, uno de los tres islotes coralinos del archipiélago Tokelau (Imagen: Earth Observatory, NASA).
La villa Atafu se observa en el vértice izquierdo. Dentro del atolón, las manchas azul claro son formaciones de coral. 


Viene esto a cuento de que las fuerzas de la economía mundial ya no se mueven en aguas del Atlántico, como así lo hicieron desde finales del siglo XIX hasta finales del XX, sino que ahora el Pacífico se erige en protagonista de la conexión occidental-asiática (y no es necesario recordar que, por convenio y costumbre, la voz “occidental” incluye a los Estados Unidos).

          Si el pez león (Peterois volitans, Linnaeus 1758), en la figura inferior, propio de los arrecifes coralinos del Índico y del Pacífico Sur, invadió los ecosistemas atlánticos del sur de Estados Unidos como también los de numerosas regiones del mar Caribe (metafóricamente, porque se trató de una liberación accidental de algunos ejemplares de un acuario en aguas de Cayo Vizcaíno, Florida, tras el huracán Andrew en 1992),  la economía mundial está cubriendo el trayecto justamente inverso.

La efeméride que titula esta entrada constata como los Estados Unidos siguen perdiendo influencia mundial. Cuando en 1884 se definió el trazado de los husos horarios, la isla de Samoa se situó del lado oriental de la línea que marcaba la hora cero. Ocho años después decidieron “pasar” al lado americano al objeto de facilitar las relaciones comerciales con la entonces mayor potencia del planeta. Si las pequeñas islas polinesias del sur del Pacífico miraban hacia la costa californiana como punto de referencia, ahora su guía es China. Consideran que su posición les hace perder dos días de negocio con Australia, Nueva Zelanda, China y Singapur.



Peterois volitans, especie originaria de los arrecifes coralinos del Índico y del Pacífico suroccidental. El pez león es especie
invasora, desde finales del s. XX, de las costas atlánticas de Estados Unidos y de todo el Caribe (Fotografía de Tim Wang).


Samoa venía siendo hasta hoy uno de los últimos territorios en despedir el día, lo que la situaba en el tiempo a 18 horas de Pekín, 11 de Madrid y cinco de Nueva York. Este cambio les coloca por delante y serán los primeros en comenzar la jornada. La isla pasó del 29 al 31 diciembre y se pone tres horas por delante de Sídney. Los algo menos de doscientos mil samoanos, junto con los 1500 habitantes de Tokelau (archipiélago formado por tres atolones y que depende de Nueva Zelanda), que también les acompañan, "se perderán el 30 de diciembre de 2011, pero ganarán grandes oportunidades para hacer negocio", señalaba en un artículo el Diario del Pueblo, el periódico oficial del Partido Comunista chino, que presumen del poder que su país está ganando en el sur del Pacífico asiático. Huelga decir que Samoa fue de los primeros países en la zona en reconocer a la República Popular de China.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Sobre la Cumbre del Clima en Durban: fiasco, más capitalismo y apartheid climático...

Ya en tiempo de descuento y cuando parecía irremediable el fracaso de la cumbre del clima celebrada en Durban, Sudáfrica, los representantes de los 192 países que han asistido a la conferencia auspiciada por la ONU aprobaron hoy prorrogar los compromisos establecidos en el Protocolo de Kioto, después de dos semanas de negociaciones arduas y en la sesión plenaria del segundo día adicional de conversaciones para tratar de salvar la conferencia.


Holding a Bowl of Dust, obra de Ashley Cecil, encargo de Oxfam América en el marco
de un proyecto global de arte que relaciona la pobreza con el cambio climático.


El acuerdo alcanzado es oscuro. En síntesis, además de mantener los límites actuales vinculantes a las emisiones, se ha conseguido aprobar una vaporosa e inconcreta hoja de ruta hacia “un futuro protocolo, otro instrumento legal o un resultado acordado con fuerza legal” en el que se debería concretar las medidas contra las emisiones mundiales de CO2. En este designio están todos los países, incluidos China y EEUU, que son en conjunto responsables de la mitad de CO2 antropogénico. Ese acuerdo, todavía abstracto y carente de precisiones, se empezaría a negociar el año próximo y se firmaría en 2015, para entrar en vigor a partir de 2020.

Como en cumbres anteriores, el problema que frena los logros, y que sigue sin resolverse, es el de la relación de poder entre los países desarrollados y los que están en vías de serlo. Como parece lógico, un freno indiscriminado a la contaminación limitaría el crecimiento de los pobres, sin tener en cuenta que la mayor parte de la contaminación acumulada –de la concentración de gases invernadero- ha sido emitida por los ricos, cuyas tecnologías les permiten reducir sus emisiones sin renunciar al crecimiento.

La prórroga del Protocolo de Kioto, que expira en 2012 y que hoy por hoy es el único vinculante para frenar las emisiones de dióxido de carbono, estará en vigor entre 2013 y 2017 ó 2020, aunque la fecha final definitiva se decidirá también el año próximo en otra cumbre, en Qatar. Pero Kioto, en la actualidad, sólo afecta a la Unión Europea, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Australia, un conjunto de países que apenas representa el 15% de las emisiones mundiales. Esta paupérrima realidad pone de manifiesto lo lejos que se está todavía en la sociedad globalizada de alcanzar un consenso útil y necesario para frenar significativamente la destrucción del planeta.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sobre el debate del 14N en Venezuela, o Heracles vs la Hidra de Lerna...

Legitimado por la objetividad que me proporcionan mis recientes estancias en Venezuela (léase República Bolivariana) así como por el seguimiento que realizo casi a diario de sus periódicos digitales, observo con atención las vicisitudes que se suceden bajo la sombra de la autocracia (¿oclocracia?) chavista, cuna de lo que pretende ser el socialismo del siglo XXI, un concepto que a pesar de varios intentos fallidos, como se dijo en una entrada anterior, aún nadie ha podido definir con exactitud y mucho menos implementar. La realidad socio-política del país refleja idéntica dicotomía que se constata, por ejemplo, entre las cadenas de TV Globovisión y VTV, o entre los periódicos El Universal y El Correo del Orinoco, por poner sólo dos ejemplos. Dos corrientes de opinión cláramente posicionadas en los extremos de un escenario hace tiempo convertido en insostenible, y cuyo fuego cruzado cae directamente sobre el venezolano de a pié. Las elecciones presidenciales de 2012 se antojan como otro capítulo de la sinrazón, con una oposición policéfala y Chávez prematuramente exacerbado, cual Hidra de Lerna perseguida por Heracles en el segundo de sus doce trabajos.



Hércules y la Hidra (sobre 1475), por Antonio Pollaiuolo, en la Galería de los Uffizi, Florencia.



Fue el pasado lunes 14 de noviembre pasado lunes cuando, por iniciativa de algunos colectivos estudiantiles, la elitista Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, cedió sus atriles a los cinco precandidatos de la oposición venezolana. Sí, aún a riesgo de la retirada de alguno de ellos, esos mismos cinco que pretenden competir, el próximo 12 de febrero en elecciones primarias abiertas a todo el país, para convertirse en el líder de la oposición que le haga el cuerpo a cuerpo al comandante.

Politólogos y periodistas hubieron de repasar bibliotecas y hemerotecas ya que nadie recordaba la fecha del último y lejano debate político en Venezuela. Como si se tratase de una especie en creída extinción que ahora vuelve a ser avistada. Hasta que alguien encontró imágenes del siglo pasado: Caldera vs Lusinchi, allá por 1983. Desde entonces, el ciudadano venezolano está más que acostumbrado a los monólogos.

Algo menos de hora y media para escuetos argumentos sobre, fundamentalmente, empleo, educación y seguridad. Sin trifulcas entre precandidatos. Demasiada mano izquierda, alguna de ellas en exceso temblorosa, y un vencedor según las encuestas: Henrique Capriles, gobernador del Estado Miranda, quien también encabeza los sondeos del 12F. 

Recordando ser el gobernador de la educación para proclamar que será el presidente de la educación, Capriles cuenta con el apoyo de varios partidos de izquierda y de antiguos colaboradores de Chávez. Midió sus palabras, ejerció como hombre de Estado y batió holgadamente a otro, en principio, favorito: Pablo Pérez, gobernador del petrolero Estado Zulia, al que respaldan los viejos partidos de la IV República. 

Otro ganador, ficticio en todo caso y merced a la radicalización de su discurso, fue el ex embajador Diego Arria, que tirando de populismo fue ovacionado tras proclamar su intención de acusar como criminal a Chávez ante el Tribunal Internacional de La Haya. Arria, senecto y trasnochado líder de Acción Democrática, actuó tal que un francotirador de azotea, lo que en Venezuela viene siendo un penthouse. Carente de cualquier opción, logró hurtar espació a la única mujer, María Corina Machado, también en el papel de dura, cuya paradójica propuesta es el capitalismo popular. Por cierto, que la precandidata presentó esta semana una denuncia tras, presuntamente, un tiroteo sobre su vehículo de campaña por parte de motorizados en 23 de Enero, barrio caraqueño y bastión chavista.

Por su parte el ex alcalde de Chacao, Leopoldo López, quien se la jugaba, fracasó en su gran y quizá última oportunidad, sin opción a recuperar el poder de la palabra, su mejor aval, y maniatado por las dudas que aún persisten sobre su inhabilitación, pese a la sentencia a su favor de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

          Palante-mi-comandante no quiso ser menos y se encadenó, mientras la oposición sólo era televisada para Caracas y Valencia, o vía cable e internet como último recurso. Entre exabruptos varios malbautizó a los precandidatos como Los jinetes del Apocalipsis (recuérdese que son cuatro y no cinco), “más nunca me van a sacar del Gobierno, ¡ahora no me iré en 2021 sino en 2031!".





domingo, 30 de octubre de 2011

Cuantas más crisis, mejor... por Felipe Fernández-Armesto

Descubrí la obra del profesor Fernández-Armesto volando hacia Venezuela. Si bien la noche anterior me encargué de preparar meticulosamente la maleta, check-list al uso, cuando salía por la puerta de mi casa, aún sin amanecer, recordé que no había metido algunos libros, siempre imprescindibles para las diez horas de avión, doce sumando la escala en Madrid. En menos de un minuto me aprovisioné de media docena de los últimos volúmenes llegados a mi biblioteca, entre ellos Civilizaciones: La lucha del hombre por controlar la naturaleza (Taurus, 2002). A 35.000 pies de altitud el prefacio no me resultó interesante. En cambio, la introducción acerca del afán civilizador, del proceso y del progreso, logró soslayar a Morfeo durante todo el vuelo. Las casi setecientas páginas de Civilizaciones fueron cayendo una tras otra antes de dos semanas. Posteriormente tuve contacto con el profesor Fernández-Armesto vía correo electrónico, cuando le planteé algunas posibles correcciones, menores, sobre el texto original, con alguna de las cuales se mostró de acuerdo. 

Esta semana leo, publicado en Orbyt (la web de pago de El Mundo, híbrido entre lo digital y lo tradicional), un artículo del profesor Fernández-Armesto del que no puedo menos que recomendar su lectura. Puesto que esta sólo se puede realizar previo pago, me permito la licencia de publicarlo aquí en acceso libre y gratuito.



"Buques ingleses frente a la Armada Invencible", de autor desconocido perteneciente a la Escuela Inglesa del siglo XVI,
en el National Maritime Museum (Greenwich, London), reproduciendo la batalla del 2 de agosto de 1588 frente a Gravelinas,
entre la flota española, bajo el mando del duque de Medina-Sidonia, y la inglesa, dirigida por Francis Drake.




"¡Vivan las crisis! A menudo, y cada vez con más frecuencia, amigos y colegas en EEUU me preguntan -con cierta tendencia a disfrutar de la Schadenfreude que es normal en una cultura donde todo el mundo se esfuerza en sonreír- si los europeos podemos sobrevivir entre los problemas que nos rodean. Les contesto que cuantas más crisis, mejor.

No se lo digo sólo porque me gusten las provocaciones. Ni quiero insinuar que estemos ya a salvo: el euro podría todavía hundirse y es posible que nuestras economías se desplomen hacia el fondo del abismo. La misma Unión Europea podría saltar en pedazos. Las crisis son así. Son, literalmente y según la etimología de la palabra, momentos decisivos que pueden salir bien o mal, acabando en triunfo o tragedia, éxito o éxodo, para víctima o triunfador.

Pero si atendemos a los precedentes históricos, observaremos que mientras las crisis afectan adversamente a las sociedades maduras, suelen tener efectos positivos para entidades políticas que, como la Unión Europea, se encuentran en una etapa primitiva de formación. Es casi una ley de la ciencia política, que se demuestra echando una ojeada sobre las historias de las tres formaciones políticas que han logrado erigirse como las grandes superpotencias sucesivas del mundo moderno: la monarquía española, el Reino Unido y EEUU.

Las tres nacieron, o por lo menos impulsaron su trayectoria, en plenas guerras civiles. En el caso español, la contienda entre los seguidores de Juana la Beltraneja e Isabel la Católica dio lugar (aunque no logró determinar definitivamente el futuro de la Península) a que se uniesen las coronas de Castilla y Aragón.

En Gran Bretaña, las dinastías reinantes de Inglaterra y Escocia convergieron pacíficamente, pero la oportunidad de edificar un Gobierno común surgió de la guerra de 1638 y de una larga serie de campañas, interrumpidas pero frecuentes, que siguieron hasta 1690 y aplastaron a los escoceses.

En el caso estadounidense, las 13 colonias que se independizaron en la guerra de 1776-84 se hallaban violentamente hendidas entre realistas y republicanos, quienes lucharon a ultranza entre sí, mientras los ejércitos de Inglaterra, Francia y España y el Congreso liderado por George Washington seguían de maniobras por el país, como corps de ballet danzando elegantemente entre desastres.

La Unión Europea nació de forma semejante, tras la Bürgerkrieg europea de 1914 a 1945, en un continente ansioso en búsqueda de la paz.

A tales momentos de emergencia nacional suceden, por regla general, largas etapas formativas, durante las cuales las nuevas combinaciones políticas se moldean y, poco a poco, se unifican. Las crisis, que exigen un esfuerzo común o animan el intento de colaborar en lugar de mantener actitudes conflictivas, suelen nutrir el proceso. Llama la atención, por ejemplo, el hecho de que la pérdida de la Armada Invencible en 1588 reforzara a España, permitiendo la construcción de nuevos buques e inspirando el emplazamiento de una serie de fortificaciones nuevas en todo el Imperio español, de manera que nuestro país no sufrió otra derrota naval hasta 1628, y mantuvo su supremacía en los mares atlánticos hasta mediados de los años 30 del siglo XVII.

Luego intervino la serie de tremendas crisis de mediados de siglo, que duraron en ciertos aspectos hasta el final de la Guerra de Sucesión en 1716. Mucho se perdió en aquellos momentos: Portugal se escindió de la monarquía en los años 40; Gibraltar fue ocupado por los ingleses en 1702; las provincias norteñas de los Países Bajos formaron una nueva república, cuya independencia España reconoció definitivamente en 1650…

Pero España salió con su imperio mundial íntegro e incluso aumentado, y con el país unido por la Nueva Planta, que estableció instituciones superiores para Castilla y Cataluña. La Corona superó la siguiente crisis, la de las guerras de 1739 a 1763, y logró entonces su mayor extensión, recuperando varios enclaves perdidos como Menorca y Nápoles e incorporando vastos territorios americanos. En este sentido, el apogeo de la monarquía española se alcanzó en 1792, cuando un agente de la Corona alzó la bandera en la tierra de los Mandanes de Dakota del Norte. Parece que el sentimiento de pertenecer todos a una misma nación nunca fue tan profundo en España como en las primeras dos décadas del siglo XIX.

Gran Bretaña, mientras tanto, se convirtió en el Reino Unido en 1707, como respuesta a las nuevas guerras civiles en Escocia provocadas por la gran revolución de 1688, que destituyó al último monarca católico y coronó al caudillo holandés Guillermo III. Otra vez más, una crisis había promovido un proceso de unificación. El nuevo Estado resultó mucho más eficaz que el anterior, derrotando a la Francia de Luis XIV. Otra rebelión de malcontentos del norte de Escocia en 1745 amenazó al país entero, pero las autoridades la suprimieron cruelmente, aprovechando la ocasión para mejorar su control. El concepto de ser British en lugar de inglés o escocés iba recomendándose poco a poco, gracias a la prosperidad de la segunda mitad del siglo. Luego intervino la crisis prolongada y espantosa de la guerra de separación norteamericana -la mayor derrota sufrida por armas inglesas en el siglo XVIII-, pero el ascenso del Reino Unido hacia el rango de mayor potencia del mundo ni siquiera se interrumpió. Una serie de conquistas infinitamente más provechosas en la India compensó con creces a la pérdida de las colonias del Nuevo Mundo. Después de la crisis siguiente -la de la lucha contra Napoleón- el Reino Unido salió de nuevo más fuerte que nunca, con más colonias y más riqueza, para acumular a lo largo del siglo XIX el imperio más extenso que nunca se había visto en el mundo.

En cuanto a EEUU, la república recién creada pudo haberse disuelto hacia fines del siglo XVIII o a principios del XIX -como ocurrió luego a las repúblicas hispanoamericanas que se mostraron incapaces de sobrevivir a su propia independencia sin fragmentarse-. Pero centralistas y autonomistas dejaron de lado sus luchas para afrontar a los ingleses en la primera gran crisis de la historia poscolonial estadounidense: la guerra de 1812. La úlcera, empero, no se curó por completo y seguía supurando hasta que por fin, en 1860, el país se quebrantó en dos estados rivales y hostiles. Tras una guerra civil sangrienta -indudablemente la mayor crisis de la historia norteamericana- el Estado central salió más fuerte que nunca, desvirtuando a los separatistas y reduciendo a los disidentes a una existencia sumisa e impotente. Si las guerras suelen ser las crisis más graves para los estados que las experimentan, es notable que EEUU ha librado más guerras provechosas que cualquier otro país.

Así que en la historia de España, Reino Unido y EEUU, las crisis contribuyeron a consolidar los países y convertirlos en superpotencias. Fue al alcanzar alturas insuperables cuando empezaron a sufrir los efectos negativos de sus crisis: España con la guerra de independencia napoleónica, Reino Unido con las guerras mundiales, y EEUU con la guerra de Irak y el colapso financiero de 2008.

En Europa no hemos llegado a un punto semejante. Hemos superado nuestras grandes crisis: las pérdidas de los imperios europeos en el mundo, la revolución social y moral que se echó a la calle en 1968, la crisis mundial del suministro de petróleo con la inflación de los años 70, la incorporación de varios estados democratizantes, la reunificación de Alemania… A cada paso hemos salido más unidos, con más instituciones comunes y más naciones y comunidades históricas reunidas, más encaminadas hacia esa unión progresivamente más estrecha que suponen los tratados constituyentes de nuestro protoestado. Hemos creado un Parlamento común, un sistema compartido de reglamentación sanitaria, laboral y medioambiental, un marco de colaboración estratégica dentro de la OTAN, un sistema paneuropeo de justicia y de defensa de los derechos humanos, un banco central y un dinero único entre 17 estados. Tenemos las bases de una ciudadanía única, con el derecho de vivir, trabajar y estudiar en toda la unión.

Cuando acabemos de construir un Estado único europeo, si logramos hacerlo, a juzgar por los precedentes históricos seremos vulnerables no por las crisis sino por los delirios de grandeza. Mientras tanto, los europeos seguimos los pasos de España en los siglos XVII y XVIII, o Reino Unido en el XVIII y XIX, o EEUU en el XIX y XX. Lo peor será lograr el grado de gran superpotencia mundial. Cuando esto suceda, sí empezaré a tener miedo de que una crisis acabe con nosotros".


Felipe Fernández-Armesto (Londres, 1950), es historiador. Desde 1983 es miembro de la facultad de Historia Moderna de la Universidad de Oxford; fue Fellow del Instituto de Estudios Avanzados de los Países Bajos entre 1999 y 2000 y posteriormente fue profesor en la Universidad de Minnessota. Desde septiembre de 2005 a 2009 ejerció la cátedra Príncipe de Asturias de la Tufts University en Boston (Massachusetts). Fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Los Andes (Colombia) y también por la Universidad de La Trobe (Australia). Desde 2009 es titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame. Ha publicado más de dieciocho obras y entre otros galardones ha obtenido la Cairo Medal del Nacional Maritime Museum, en 1997, y la John Carter Brown Medal, en 1999.