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miércoles, 15 de enero de 2014

Sobre la pasajera del San Carlos, Santa Isabel, la isla de Fernando Poo y Pérez-Reverte...

Una mañana, con el sol reverberando en la rada de Santa Isabel como un círculo de plata, echamos el ancla con el estrépito de cadenas y las maniobras de rigor mientras harapientos negros en calzón corto afirmaban las estachas chorreantes de agua sucia. Se tendió la escala real y primero ella sin volver la cabeza, y luego él tocándose el ala del sombrero, desembarcaron sin más ceremonia y salieron de nuestras vidas.

En la monótona existencia local, que sólo se animaba cuando algún plantador se volvía majara y le pegaba un tiro a su mujer, o los pamues del interior violaban a una monja antes de hacerla filetes a machetazos, la llegada mensual del San Carlos era fiesta de precepto en el calendario local. Mi barco era el único vínculo que en aquel tiempo unía a los colonos con la metrópoli, así que la arribada rozaba el acontecimiento. La mayor parte de la población masculina blanca se congregaba en el muelle para asistir a la maniobra de atraque, ver qué novedades deparaba la lista de pasaje, y subir después a bordo para instalarse en el confortable, ventilado y bien provisto bar de la cámara, del que procuraban no salir hasta dos días después, cuando llegaba la hora de largar amarras. Entonces se agrupaban todos de nuevo en el muelle para agitar pañuelos y envidiar la suerte de quienes ponían agua de por medio. Todavía me parece verlos: ruidosos, maledicentes y malhumorados, despotricando de los negros, del meapilas del gobernador y de los precios del cacao, enflaquecidos por las fiebres o grasientos y sudorosos, con sus camisas blancas o caquis pegadas al cuerpo por la transpiración, y trasegando alcohol como si les fuera la vida en ello. Deshechos por el calor, la cirrosis, la gonorrea y el aburrimiento.

La pasajera del San Carlos, Arturo Pérez-Reverte, 1991.




lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre Onetti y la isla de Latorre, cuando ya no importe...

            Yo pude y una tarde falté a la cita no pactada y estuve ayudando a que el sol enrojecido buscara escondite detrás de la isla de Latorre. Dicen que era o fue refugio o cuartel general de contrabandistas tal vez fantasmas o simplemente fantasmas. Dicen que los que se acercaron a su luz engañosa no volvieron.

          La isla de Latorre siempre conservó su misterio y no seré yo quien lo estropee. Si alguna vez existió un fundador y propietario, los mismos viejos que dicen haber vivido aquella gran inundación que bajó desde Brasil coinciden en sus visiones. Latorre era o había sido obeso, blancuzco, amadamado, tímido y bondadoso.

          Pero no, esto no vale. La verdad es que sigo apartado de Díaz Grey y su entorno. Que me alimento con comidas enlatadas que pocas veces pongo a calentar, que algunos dolores soportables relampaguean de vez en cuando por mi vientre, que bebo un vino muy fuerte y casi negro. Y que sigo escribiendo.

(“Cuando ya no importe”, Juan Carlos Onetti, 1993)



Oak Island wildlife area, por Bill Sharp, tinta y acuarela sobre Moleskine.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Sobre Samoa y Tokelau: cambio horario (y económico) virando hacia China...

No parecía equivocarse demasiado Robert J. Shapiro en su obra 2020: Un nuevo paradigma (Tendencias, 2009), cuyo título original quizá aclare mejor su contenido, Futurecast: how superpowers, populations and globalization will change the way you live and work by the year 2020 (St. Martin Press, 2008). El que fuese principal asesor de Bill Clinton durante la campaña de 1992, además de colaborador de Al Gore o John Kerry posteriormente, dedica un capítulo completo a los dos polos de la globalización, léase China y Estados Unidos, y suscribe que “en una economía auténticamente global, como la que se despliega hoy, cuando un país tan enorme como China moderniza su industria de exportación, crea una serie de presiones nuevas en los empleos y los salarios de todo el mundo".


Atolón de Atafu, uno de los tres islotes coralinos del archipiélago Tokelau (Imagen: Earth Observatory, NASA).
La villa Atafu se observa en el vértice izquierdo. Dentro del atolón, las manchas azul claro son formaciones de coral. 


Viene esto a cuento de que las fuerzas de la economía mundial ya no se mueven en aguas del Atlántico, como así lo hicieron desde finales del siglo XIX hasta finales del XX, sino que ahora el Pacífico se erige en protagonista de la conexión occidental-asiática (y no es necesario recordar que, por convenio y costumbre, la voz “occidental” incluye a los Estados Unidos).

          Si el pez león (Peterois volitans, Linnaeus 1758), en la figura inferior, propio de los arrecifes coralinos del Índico y del Pacífico Sur, invadió los ecosistemas atlánticos del sur de Estados Unidos como también los de numerosas regiones del mar Caribe (metafóricamente, porque se trató de una liberación accidental de algunos ejemplares de un acuario en aguas de Cayo Vizcaíno, Florida, tras el huracán Andrew en 1992),  la economía mundial está cubriendo el trayecto justamente inverso.

La efeméride que titula esta entrada constata como los Estados Unidos siguen perdiendo influencia mundial. Cuando en 1884 se definió el trazado de los husos horarios, la isla de Samoa se situó del lado oriental de la línea que marcaba la hora cero. Ocho años después decidieron “pasar” al lado americano al objeto de facilitar las relaciones comerciales con la entonces mayor potencia del planeta. Si las pequeñas islas polinesias del sur del Pacífico miraban hacia la costa californiana como punto de referencia, ahora su guía es China. Consideran que su posición les hace perder dos días de negocio con Australia, Nueva Zelanda, China y Singapur.



Peterois volitans, especie originaria de los arrecifes coralinos del Índico y del Pacífico suroccidental. El pez león es especie
invasora, desde finales del s. XX, de las costas atlánticas de Estados Unidos y de todo el Caribe (Fotografía de Tim Wang).


Samoa venía siendo hasta hoy uno de los últimos territorios en despedir el día, lo que la situaba en el tiempo a 18 horas de Pekín, 11 de Madrid y cinco de Nueva York. Este cambio les coloca por delante y serán los primeros en comenzar la jornada. La isla pasó del 29 al 31 diciembre y se pone tres horas por delante de Sídney. Los algo menos de doscientos mil samoanos, junto con los 1500 habitantes de Tokelau (archipiélago formado por tres atolones y que depende de Nueva Zelanda), que también les acompañan, "se perderán el 30 de diciembre de 2011, pero ganarán grandes oportunidades para hacer negocio", señalaba en un artículo el Diario del Pueblo, el periódico oficial del Partido Comunista chino, que presumen del poder que su país está ganando en el sur del Pacífico asiático. Huelga decir que Samoa fue de los primeros países en la zona en reconocer a la República Popular de China.

martes, 1 de noviembre de 2011

Sobre Surtsey, donde la evolución no ha hecho más que empezar...

En una entrada anterior, a propósito de la reciente erupción volcánica submarina en las proximidades de La Restinga, al Sur de la isla de El Hierro, se anotó la propiedad surtseyana de este proceso eruptivo. Aún cuando hoy se siguen produciendo eventos sísmicos (a la fecha de esta entrada son ya 10708 desde el pasado 15 de julio) y el más reciente, producido ayer lunes, alcanzó los 3,9 grados en la escala Richter, pudiendo observarse piroplastos humeantes en la superficie del mar próxima a La Restinga, parece totalmente descartado la creación de una nueva isla como sucedió hace casi cincuenta años con Surtsey.

Surtsey, que toma su nombre de Surtur, dios escandinavo del fuego, es una isla en Islandia que nació cuando el actual presidente de la República islandesa apenas alcanzaba la veintena de años, lo que es decir, la isla es más joven que el actual presidente del país al que pertenece, y que casi todos los presidentes de Europa (y del mundo). Es, de hecho, una de las islas más jóvenes del planeta.



Imagen de Surtsey tomada el 12 de junio de 2001 por el satélite IKONOS (Fuente: NASA Earth Observatory).



Surtur llega del sur
abrasa las ramas,
fulgura la espada
del dios de los muertos:
las montañas chocan,
los monstruos se derrocan,
pisan las vías de Hel
y el cielo se raja.
(Völuspá: La Profecía de la Vidente. Estrofa 52)


Surtsey nace a partir del 14 de noviembre 1963, según observó un pescador islandés que dio aviso a las autoridades sobre una columna de humo que se abría paso en mar abierto a 32 kilómetros al sur de Islandia, cerca de las Islas Westman (Vestmannaeyjar). Entonces, una violenta explosión volcánica da comienzo al proceso de formación, durante casi cuatro años, de una nueva porción de tierra aislada. La erupción, que se inicia a 130 metros por debajo del nivel del mar, alcanza a salir a la superficie en pocos meses y sumar un máximo de 270 Ha de tierra emergida, en la actualidad estabilizada en 141 Ha. Junto con Surtsey, se formaron otras dos islas hoy desaparecidas. Desde entonces, se ha convertido en un verdadero laboratorio para biólogos y científicos que observan como nuevas especias van colonizando la isla paso a paso.

En esta isla se puede verificar la precisión de las ideas de Lyell, algunas heredadas de Hutton, según las cuales a la elevación inicial sucede un hundimiento gradual (subsidiencia) alrededor de los cráteres, confirmando el equilibrio compensatorio de los movimientos del suelo. A pesar de la erosión constante y la pérdida de altura del terreno, propio del asentamiento natural de los sedimentos volcánicos, se estima que la isla tiene pocas probabilidades de desaparecer. Hacia finales de la década de 1960, hongos, bacterias y la primera planta vascular se sumaban a unas diez especies presentes, un número que hoy se eleva a varios centenares, incluyendo hongos, líquenes, 89 especies de aves y 335 especies de invertebrados. La evolución de un ecosistema desde cero, le ha servido a Surtsey para ganar el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2008.



Evolución del contorno de Surtsey entre 1967 y 2002.



Un dato curioso: de las 490 especies de plantas presentes en Islandia, unas 30 ya se han establecido en la isla. Por su parte, las aves se asentaron sólo tres años después de finalizar la erupción. Desde 1984, se ha estabilizado una colonia de gaviotas, a las que se sumaron en años posteriores frailecillos del Atlántico, entre otros. La fauna marina también ha proliferado en torno de la isla, siendo un lugar de cría para focas grises, además de un ámbito en el que merodean las orcas. Bajo el agua, un nuevo ecosistema de erizos, algas y estrellas de mar han ido poblando las laderas del volcán.

          Hoy en día, sólo un grupo reducido de científicos están autorizados a aterrizar en Surtsey. Aunque siempre se procura no introducir ninguna especia foránea, es el mismo hombre quien pone en riesgo la pureza evolutiva del archipiélago. En una ocasión una planta de tomate comenzó a echar raíces cerca de la cabaña que usan los investigadores, por una incorrecta gestión de los residuos, aunque por fortuna fue rápidamente destruida. Aún con errores tan humanos, observar la evolución de un “nuevo mundo” desde cero no es una oportunidad que se presente muy a menudo: Surtsey es la única isla del planeta que desde su nacimiento, fue protegida y convertida en un enorme laboratorio al aire libre.




Mapa geológico de Surtsey en el año 2000, elaborado por Sveinn P. Jakobsson, del IINH.



Para quien pretenda profundizar en Surtsey, su geología, biología o ecología, se recomiendan las siguientes publicaciones:
  • Fridriksson, Surtsey: Ecosystems formed, University of Iceland Press, 2006.
  • Fridriksson, Surtsey: Evolution of life on a volcanic island,  Butterworth, 1975.
  • Lasky and Knight, Surtsey: the newest place on earth, Houghton Mifflin, 2001.
  • Thorarinsson, Surtsey: New island in the north atlantic, Littlehampton, 1969.
  • Sycamore, Surtsey: Birth of an island, Celebration Press, 2003.  

No menos interesante resulta la web de The Surtsey Research Society, un excelente repositorio que amplia todo tipo de información relativa a la isla e incluye un completo listado de artículos científicos sobre la evolución de Surtsey desde 1963.

      domingo, 23 de octubre de 2011

      Sobre la pretendida nueva isla canaria: ¿Ínsula In Flúmine Nata?

      Leí con atención el pasado domingo que, según el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la erupción volcánica de tipo surtseyana iniciada a partir del lunes 10 de octubre de 2011, aguas al sur de la isla de El Hierro, la más occidental y meridional de las Islas Canarias, podría tener un total de cuatro fases y resultar en la formación de una nueva y pequeña isla.

      Una erupción surtseyana, en referencia a la isla Surtsey en la costa sur islandesa y de la que se hablará en una entrada posterior, es un tipo de erupción volcánica que tiene lugar en mares o lagos. Se caracterizan por las erupciones freatomagmáticas, en forma de violentas explosiones causadas por el aumento de magma basáltico que entra en contacto con agua, subterránea o superficial. Cuando el magma expulsado enfría de forma brusca en forma de conos, se forman flujos piroclásticos constituidos por gases y sólidos volcánicos calientes, junto con aire atrapado, que se mueven en el nivel del suelo a altas velocidades.

                A la primera fase, consistente en la expulsión de burbujas de lava que llevan gas y que una vez que lo pierden se hunden, le sigue una segunda etapa en la que se observaría una columna de color blanco de vapor. A continuación, en la tercera fase se producirían explosiones de color negro conocidas como colas de gallo. La fase cuarta, y última, consistiría en el crecimiento de una pequeña isla en la que habría de fluir una fuente de lava tipo surtidor, siempre que la cantidad de magma expulsada por el volcán fuese la necesaria.


      Imagen de la mancha volcánica generada por la erupción submarina en la isla de El Hierro durante los últimos días, captada
      por el satélite de observación de la Tierra Deimos-1, lanzado al espacio en julio de 2009 por la empresa española Elecnor.


      Según se observa en la imagen del satélite Deimos-1 captada el domingo 23 de octubre, la mancha volcánica producida por la erupción submarina, superior en superficie a la de la propia isla, se proyecta hacia el sur, desde El Hierro hacia el océano Atlántico.

      Deimos-1 es el primer satélite europeo de observación de la Tierra de capital íntegramente privado, desarrollado por Elecnor Deimos, división tecnológica de Elecnor, y concebido para obtener imágenes terrestres de alta resolución para su posterior procesamiento y utilización en diversas aplicaciones (agricultura, gestión ambiental, defensa, cambio climático, deforestación, lucha contra desastres naturales o control de recursos hídricos).

                En el caso de El Hierro, la primera fase eruptiva en La Restinga ha ido perdiendo fuerza durante esta última semana y las deformaciones han remitido, lo que interrumpió toda suerte de especulaciones que durante estos días han venido siendo publicadas al respecto de la propiedad sobre la  nueva isla potencial. Al objeto de aclarar algunas notas de prensa ciertamente confusas y/o de cierto tinte nacionalista (recuérdese el conflicto al respecto de esas aguas con Marruecos), se presentan las siguientes líneas.

                En nuestro ordenamiento jurídico, Ínsula In Flúmine Nata (isla nacida en el río) es la figura jurídica que ampararía la titularidad de una hipotética nueva isla surgida en la costa de El Hierro. Esta figura, procedente del Derecho Romano, sirve para determinar "de quién es la propiedad en el improbable caso de que surja una isla en un río", aplicable por tatnto al caso de El Hierro por tratarse de aguas interiores, aquellas más cercanas a tierra y sometidas a la soberanía plena del Estado ribereño. De otra parte, todo archipiélago está delimitado por un perímetro y las aguas que están dentro se consideran mar territorial nacional.

      En el caso de que surgiera a mayor distancia de la costa, se aplicaría el concepto de aguas territoriales. La propiedad de esta eventual nueva isla en El Hierro sería, en cualquier caso, del Estado español, dado que estaría dentro de las aguas nacionales.

      Por último, surgida una nueva isla en medio del océano, el territorio no estaría sometido a ninguna jurisdicción por lo que sería "Patrimonio Común de la Humanidad" como, por ejemplo, el Polo Norte.

      No obstante de lo anterior, todo podría ser más sencillo considerando que no se tratase de una nueva isla sino de un crecimiento de la ya existente sobre su propia base, como así sostienen geólogos y vulcanólogos.

      jueves, 6 de octubre de 2011

      Sobre Nauru: globalización, dispendio, obesidad y colapso...

                  Nauru: latitud 0º 31’ 59’’ S, longitud 166º 55’ 0’’ E. Más o menos al Nordeste de Australia, aunque es exagerado decir “nordeste” en la superficie del Pacífico. Nauru se encuentra a 3500 km de Brisbane, a otros 2000 de las costas de Papúa Nueva Guinea, rodeada por una constelación de islas: Kiribati, Marshall, Salomón, Tuvalu, etc, todas ellas a una distancia de cuatro días de navegación.

                  Nauru es uno de los islotes de Oceanía cuya existencia se materializa en un planisferio por un nombre pegado en el azul del océano. En los bordes de los mapas. 22 kilómetros cuadrados de roca extraviada en pleno Océano Pacífico. No demasiado grande para ser representado y dibujado a escala en un globo terrestre escolar. Un territorio al extremo del extremo. En el límite del mundo.



       Imagen aérea de Nauru en 2002 en la que se observa que la vegetación regenerada
      cubre el 63 % de la superficie de tierra extraída durante la explotación del fosfato.



                  Nauru es la república más pequeña del planeta. Poco más de catorcemil habitantes. Su historia podría ser la de un país sin historia, lejos de todo y sobre todo de Occidente. Sin embargo, este estado independiente tiene un pasado pesado como el plomo.

                  Durante miles de años Nauru fue una tierra colonizada por las aves durante las migraciones que marcan el ritmo estacional entre hemisferios. La bird shit (mierda de pájaro), como la llaman los naruanos, ha hecho famoso al país. Quizás estuvo en el origen del fosfato: el guano –mezcla de los excrementos y esqueletos de aves- se habría mezclado en la tierra tanto como en el coral de la isla. La verdad es que con el tiempo se formaron inmensas reservas de fosfato en el subsuelo de Nauru. Una vez un abogado australiano describió el país de esta forma: “Nauru es una isla hecha de mierda, que se parece a una mierda y huele a mierda, pero si eres bueno en los negocios entonces seguro que harás un buen capital en este país.”






                Antes de que llegaran los europeos, en la isla de Nauru la gente vivía tranquila. El 8 de noviembre de 1798 fue descubierta por el capitán y explorador ingles John Fearn (1768-1837), cuando navegaba entre Nueva Zelanda y los mares de China a bordo del Hunter, y la llamó Pleasant Island, la isla placentera, donde los nativos se alimentaban de pescado, cocos y una fruta llamada pandano. En 1888 Nauru pasó a formar parte de Alemania y a comienzos del siglo XX los ingleses, atraidos por las ingentes cantidades de fosfato de la isla, comenzaron a repartir ganancias con los alemanes. Puesto que Alemania sucumbió en la Primera Guerra Mundial, Nauru fue controlada por Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra. Fueron los japoneses los que tomaron el turno durante la Segunda Guerra Mundial y tras su derrota de nuevo Australia ejerció el control.

               Hasta 1968 Nauru no fue independiente para poder entonces administrar sus ganancias sobre el fosfato. Durante los años setenta cualquier naruano disponía de un vehículo a motor, de una lujosa casa y no tenía necesidad de trabajar, gracias a la aportación que el gobierno entregaba mensualmente a cada ciudadano. De forma paralela, ese mismo malgobierno invertía alegremente en propiedades inmobiliarias en Australia y Estados Unidos, con resultados catastróficos a corto y medio plazo. La suerte estaba echada, y Nauru comenzaba a asomarse al precipicio. La sucesión de presidentes, todos ellos sin bagage político e inexpertos, se encargó de dilapidar lo poco que quedaba en las arcas de la república.



      Evolución de la extracción de fosfato en Nauru vs. precio al contado.


      La alimentación occidental supuso en Nauru una amenaza para la que no estaban preparados, y así el 90% de los naruanos padece sobrepeso u obesidad, dato que le convierte en el país con mayor proporción de obesos del mundo.

      Nauru a la cabeza, las pequeñas islas estado del océano Pacífico baten todos los récords de problemas de peso entre la población, con unos porcentajes que se mueven entre el 78% y el 94% de habitantes con un índice de masa corporal (IMC) superior a 25. Es decir, tienen sobrepeso (de 25 a 30) u obesidad (por encima de 30).

      Hablar de este país es hablar de un gran problema de salud pública de enormes dimensiones: 9 de cada 10 habitantes tiene sobrepeso u obesidad. De media, los hombres adultos ingieren 7500 kcal diarias y las mujeres adultas 5000 kcal. En consecuencia, el 30% de la población de Nauru sufre diabetes tipo II y otro tanto de hipertensión y arteriosclerosis. Las muertes asociadas a la obesidad (de causa cardiovascular principalmente) son la norma, con unas cifras de infartos cardíacos increíblemente elevadas. Los estragos que el sobrepeso y la obesidad causan en la población provocan que la esperanza de vida sea de 58 años en hombres y de 65 en mujeres.

      Si los datos sobre los problemas de peso de Nauru llaman la atención por batir todos los récords, aún resulta más sorprendente, si cabe, la evolución que ha tenido el peso de sus habitantes en menos de un siglo. De ser una tribu con su cultura tradicional y un peso normal, o incluso más bajo de lo recomendable, han pasado a ser una población ampliamente occidentalizada con unas cifras de peso alarmantes. 

      La situación de Nauru ha sido extensamente estudiada por numerosos investigadores y, aún hoy, sigue siendo centro de atención en el estudio de la obesidad. Se trata del ejemplo más paradigmático de la enorme influencia que puede tener la sociedad (predominantemente los hábitos alimenticios) en las cifras de obesidad de una población pero también de la vulnerabilidad de ciertos grupos humanos frente a este problema.

      Durante casi cuarenta mil años los habitantes de la isla de Nauru estuvieron aislados del mundo, apañándoselas como podían para llevarse algo a la boca. No habían desarrollado la agricultura, por lo que su alimentación consistía en lo que podían pescar, cazar y recolectar de la isla. Así pues, su alimentación era rica en carbohidratos complejos y fibra, y escasa en grasas y proteínas. De cuando en cuando, la isla se veía azotada por los ciclones, lo que ocasionaba épocas de hambruna entre la población. Debido a la dificultad para acceder a la comida y a estos frecuentes periodos de hambruna, se debió potenciar la capacidad de los nauruanos para sobrevivir en estas condiciones. Es decir, en época de abundancia, cuando podían comer más de lo que necesitaban, acumulaban el exceso de calorías en forma de grasa con facilidad, para resistir posteriormente a las constantes hambrunas. Aquellos que no desarrollaron estos mecanismos murieron como consecuencia de las presiones de la selección natural. De otro modo, se potenció el genotipo ahorrador (mayor facilidad para acumular grasa) entre los habitantes de la isla, también en otras muchas islas del Pacífico, como mecanismo de supervivencia.

      Esa adaptación dejó de ser tan ventajosa cuando en el siglo XX empezaron a tomar contacto con la sociedad occidental y, principalmente, con su dieta. De la variada y escasa dieta de la isla, anteriormente señalada, pasaron a tener una dieta abundante en grasas y azúcares simples aunque pobre en fibra. Adaptados a vivir con escasez de alimentos y con ejercicio físico frecuente, los nauruanos se enfrentaron a finales del siglo pasado a comida en abundancia y nulo ejercicio físico. Si anteriormente la facilidad para acumular grasa era una cuestión de supervivencia, hoy en día es una cuestión de enfermedad.

      Además, con el 90% de la isla cubierto por depósitos de fosfato se dificulta la implantación de la agricultura. En su lugar, acaban obteniendo la mayor parte de la comida vía importación de Australia y Nueva Zelanda. La mayoría de estos alimentos importados son carnes y dulces ricos en grasas y azúcares simples. De hecho, el "spam" o carne enlatada es uno de los "manjares" más populares en la isla, mientras que sólo un 3% de los habitantes de Nauru come fruta o verduras con frecuencia.

      Pero no sólo la inexorable occidentalización de la población de Nauru ha sido la desencadenante de los problemas: entre los habitantes de las islas del pacífico existe todavía la percepción generalizada de que un exceso de peso es signo de riqueza y poder, lo que motiva poco o nada a sus habitantes para que intenten frenar el sobrepeso.



       La otra cara de Nauru, formaciones coralinas sobre la playa.



                  En la década de los 70, con la llegada de los medios de comunicación cada vez más perfeccionados, el filósofo canadiense Herbert McLuhan definía el mundo como una “aldea global”. En un sentido más literal, Nauru podría ser esta aldea. Un roquedal, apenas mayor que el más pequeño de los barrios de cualquier capital europea, donde la globalización ha marcado su huella de forma indeleble. En la otra punta del globo terrestre, Nauru es la encrucijada del mundo donde se acumulan en un mismo impulso las riquezas, pero también los desastres. Un pequeño estado donde la mano invisible del mercado mundial habría depositado todos los males de nuestras sociedades. Un laboratorio a cielo abierto.

      La historia de Nauru podría haber sido una ficción, una parábola, una fábula. Pues no, no es nada de eso.


      Algunas lecturas para introducirse en el asunto pueden ser: