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domingo, 12 de enero de 2014

Sobre los nueve libros de la historia, Heródoto y Jorge Luis Borges...


El espacio se mide por el tiempo. El mundo era más vasto entonces que ahora, pero Heródoto se echó a andar unos quinientos años antes de la era cristiana. Sus pasos lo llevaron a Tesalia y a la dilatada estepa de los escitas. Costeó el Mar Negro hasta el estuario del río Dnieper. Emprendió el arduo y peligroso viaje entre Sarolis y Susa, la capital de Persia. Visitó a Babilonia y a la Cólquida, que había sido la meta de Jasón. Estuvo en Grasa. De isla en isla exploró el Archipiélago. En el Egipto conversó con los sacerdotes del templo de Hephaistos. Para Heródoto las divinidades eran las mismas pero los nombres cambiaban en cada lengua. Remontó el sagrado curso del Nilo, acaso hasta la primera catarata. Curiosamente imaginó que el Danubio era como la antistrofa del Nilo, su correspondencia a la inversa. Vio en el campo de batalla las calaveras de los persas derrotados por Inaro. Vio las aún jóvenes esfinges. Griego, profesó el amor del Egipto, «que es entre todas las regiones maravillosa». Sintió en esa región el antiguo paso del tiempo; nos habla de trescientas cuarenta y una generaciones de hombres y de sus sacerdotes y reyes. Atribuyó a las egipcios la división del año en doce meses gobernados por doce dioses.

Le tocó en suerte el siglo de Pericles, que conmemoraría Voltaire.

Fue amigo de Sófocles y de Gorgia.

Cicerón, que no ignoraba que en griego la palabra historia quiere decir investigación y verificación, lo apodó el Padre de la Historia. En el más venturoso de sus ensayos, publicado a principios de 1842, De Quincey lo celebra con el entusiasmo y con la frescura que hoy es de uso aplicar a los escritores contemporáneos, no a los antiguos. Lo considera el primer enciclopedista y el primer etnólogo y geógrafo. Lo apoda el Padre de la Prosa que, según Coleridge, debió asombrar más a la gente que la poesía, que en todas las literaturas es anterior.

En el ensayo precitado, De Quincey habla de los Nueve Libros como un Thesaurus gabularum.



El imperio persa sobre 500 aC, según William Shepherd en su Historical Atlas, 1923.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Sobre guerras, territorio y evolución de las antiguas sociedades complejas...


            En una entrada anterior comenté un artículo que señalaba a la propiedad privada, un estadio posterior al de los cazadores-recolectores, como embrión de la guerra en nuestra evolución social y cultural. Otro trabajo recientemente publicado (Peter Turchin, Thomas E. Currie, Edward A. L. Turner, and Sergey Gavrilets. “War, space, and the evolution of Old World complex societies”Proceedings of the National Academy of Science, 23 de septiembre de 2013), en el que se simula sobre mapas geográficos la evolución de los conflictos entre sociedades, la difusión de la tecnología militar y la evolución sociocultural por cada siglo de historia, apunta a que los conflictos bélicos y la innovación tecnológica asociada a ellos son impulsores del desarrollo de las sociedades. El modelo predictivo se fundamenta en el análisis de las interacciones entre la ecología de las poblaciones, la geografía de sus entornos y el estudio de los acontecimientos históricos.

Las conclusiones indican que la creación de instituciones complejas de cohesión social está relacionada con la belicosidad de una comunidad. En el modelo, las sociedades que perdían las guerras eran absorbidas por las ganadoras. Este diseño refleja lo que ocurre en el mundo real cuando los imperios se expanden conquistando otras comunidades.

El equipo de investigadores utilizó como patrón las características de los territorios de las comunidades africanas y eurasiáticas y los eventos ocurridos entre ellas desde el año 1500 a. C. hasta el 1500 d. C. (y no después puesto que la aparición de las armas de fuego marcó una nueva evolución de los conflictos entre comunidades). Así, las innovaciones militares, como el uso de carros y caballerías, y los accidentes geográficos, fueron dos de los factores clave en la evolución de los habitantes del continente eurasiático.


The moment of kamikaze and mongol strike to japanese isle (2011), por Happy Morning Star (Deviant Art).


sábado, 1 de diciembre de 2012

Sobre cántabros, astures y su guerra con Roma...

          Encontré al fin, a un precio razonable, un clásico de la historiografía española: Los cántabros y astures y su guerra con Roma, publicada por vez primera en 1943 por Espasa Calpe, reeditada en 1962 en su famosa colección Austral y hace muchos años agotada. El destino dispuso que Imanol Sánchez, librero de viejo hijo de otro librero de viejo y buen amigo, Emilio José Sánchez, me consiguiese un ejemplar levemente deteriorado que una vez en mi biblioteca fue conveniente, aunque modestamente, restaurado.






            Adolphus Schulten Natione Germanicus Amicus Hispaniae (Adolf Schulten, alemán de nacimiento, amigo de España), así reza el epitafio del conocido profesor e hispanista autor de la obra que aquí presento. Schulten (Elberfeld, 1870-Erlangen, 1960) refleja en su larga carrera la evolución y las vicisitudes por las que pasaron la mayoría de los historiadores alemanes desde la primera mitad del siglo pasado. Su obra marcó profundamente la investigación moderna sobre la Hispania Antigua y más de una generación de historiadores españoles han seguido sus pasos, pues tuvo el acierto de escoger como campo de estudio un territorio virgen, la península ibérica, que le proporcionó aquí a fama que nunca logró en su país.

El hecho más decisivo en la vida de Schulten y que marcó toda su futura investigación como historiador fue un viaje que realizó a España en 1899. Un viaje que, como él dijo después, no obedecía a ningún motivo especial, sino que lo realizó como un viajero más, atraído por la visión romántica que tenían de España muchos ilustrados europeos de la época.

Sin embargo, aunque admiraba España, mostró un profundo desprecio por la ciencia y la historiografía española. Este hecho se podría explicar porque cuando Schulten llegó a nuestro país los estudios arqueológicos, históricos y filológicos se encontraban en lamentable postración. Hispania, la España prerromana y romana, se presentaron ante él como un inmenso y virgen campo de investigación del que muy poco se habían preocupado los propios españoles. En sus obras se detecta una sistemática ausencia de bibliografía española, incluso en aquellos casos en que ésta era la única aprovechable.

Esta idea de superioridad científica e intelectual, unida a cierto narcisismo muy característico de toda su obra, determinó que, a pesar de haber dedicado toda su vida al estudio de la España Antigua, no lograse establecer nunca una verdadera amistad con sus colegas españoles ni penetrar en los círculos científicos españoles.

Los cántabros y astures y su guerra con Roma es una de las obras más tardías de Schulten. Ciertamente se trata de una recopilación de apuntes y estudios parciales realizados a lo largo de su vida, fruto de su obsesión por estudiar las guerras y la etnografía de los pueblos guerreros, y del análisis crítico de las fuentes y el conocimiento del terreno, es decir, una combinación de trabajo filológico, etnográfico y arqueológico que realmente nunca culminó en una síntesis verdaderamente histórica. Aun así, la influencia de esta pequeña monografía ha sido enorme, puesto que, a pesar de sus limitaciones y errores, sentó las bases y representó el punto de partida de la investigación moderna sobre los cántabros y los astures.