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martes, 24 de septiembre de 2013

Sobre la la caza, la extinción y la reintroducción del venado (Cervus elaphus) en Redes...


Por antonomasia, los principales mamíferos cinegéticos son los artiodáctilos, tanto por su aprovechamiento ancestral como fuente de carne para los pueblos primitivos de cazadores, como por su papel posterior de complemento nutricional para las sociedades agrícolas. Miles de años después, al final de la dominación romana, el derecho germánico introducido en la Península por los pueblos nórdicos ocupantes consideraba la caza como potestad del rey, privilegio que se perdió en el tiempo diluido en concesiones a los nobles o a las órdenes religiosas. La pretendida restricción se prolongó hasta 1837, aunque su reforma definitiva devino en la Ley de Caza de 10 de enero de 1897, fundamentándose el derecho de caza en atributo de la propiedad.

            Aun a pesar de las leyes destinadas a la protección de la caza desde los fueros y pragmáticas medievales, en los que se establecen zonas restringidas a la práctica cinegética, periodos de veda, días de fortuna y prohibición de determinadas técnicas venatorias, el detrimento de éstas en la Cordillera Cantábrica debió ser moneda común, ya que en la Junta General del Principado de 3 de septiembre de 1623 se señala que “hay muchas personas que caçan y pescan libremente y en esto a habido y ay mucha desorden, a cuya causa se halla muy poco caza y pesca y se espera abra menos”. Esa situación desembocó en la desaparición en el área cantábrica de dos especies de gran interés cinegético: el venado y la cabra montés.

            El venado fue muy perseguido en Asturias en los últimos siglos, como importante fuente de carne en tiempos de agricultura de subsistencia y por la utilidad de sus cuernas en la manufactura de utensilios de uso diario, como mangos de herramientas, piezas para los carros, etc. Tal fue así que acabó por desaparecer en las montañas al del Norte peninsular en la transición del siglo XIX al XX. En Asturias, donde ya era escaso a lo largo del XIX, su menguada población se escindió en dos grupos, uno en la zona oriental (Cabrales y Peñamellera), que posiblemente desapareció el primero al quedar completamente aislado al Norte de los Picos de Europa, y otro al sudoeste (Cangas del Narcea, Somiedo y Degaña), el más importante por su continuidad con los montes del Bierzo y adentrándose en las provincias de Lugo, Orense, León y Zamora. A este núcleo pertenecían los últimos “venados caballares”, mayores que los actuales según el recuerdo de la tradición. Los últimos ejemplares aborígenes fueron cazados en Degaña en la primera década del siglo XX.

            Si bien la reintroducción, a mediados del pasado siglo, de la cabra montés resultó un rotundo fracaso y la del gamo sólo prosperó en la Sierra del Sueve,  la suelta de venados en distintos puntos de la geografía asturiana obtuvo mejores resultados de los esperados, ya que de un centenar escaso de ejemplares liberados se ha llegado a la población actual. Según los datos de la Sociedad Astur de Caza y de la Consejería, en su momento, de Agricultura y Pesca, el primer enclave de suelta en nuestra región fueron los montes de Caleao (Caso), donde en 1952 se liberaron 17 ejemplares traídos Quintos de Mora (Toledo). Ese mismo año se hizo lo propio con idéntico número de animales en el bosque de Peloño (Ponga). Ocho años después, en 1960, se produjo una nueva suelta de 3 ejemplares en los montes de Redes. Se pudo constatar que los individuos reintroducidos en Ponga se expandieron hacia los montes de Caso, así como los liberados en Caleao colonizaron los montes del vecino concejo de Aller. En años posteriores, hasta comienzos de los setenta, otra docena de reintroducciones se llevaron a cabo en distintos puntos de la geografía asturiana (Nava, Piloña, Proaza, Somiedo, Parque Nacional de Covadonga, Colunga, Ibias) con mayor o menor éxito.

            Hoy, desde la administración autonómica, se propone una densidad umbral óptima de ciervos de 5-6 individuos por cada 100 Ha. Apunto también el dato de que a la fecha, en el Parque Natural de Redes, formado por los concejos de Caso y Sobrescobio, se estiman densidades de entre 3,1 y 4,1 individuos por cada 100 Ha, pero esas cifras se elevan hasta los 27 en el Parque Nacional de Picos de Europa.


Sobre la berrea y la reproducción del venado (pinchar aquí).
Sobre la cuerna del venado: descorreo, escoda y desmogue (pinchar aquí).


Deer and Deer Hounds in a Mountain Torrent (1832), por Sir Edwin Henry Landseer. Óleo sobre lienzo, 40.5x90.8 cm, en la Tate Gallery de Londres.

sábado, 18 de agosto de 2012

Si encuentras huevos de serpiente en el Parque Natural de Redes nunca serán de víbora…

            Son únicamente cinco las serpientes que se pueden encontrar en el Parque Natural de Redes, de las cuales sólo una de ellas, la víbora de Seoane, es venenosa. Es frecuente escuchar de quienes han encontrado huevos de serpiente, supuestamente de víbora, que los han destruido para evitar su proliferación, aunque ha de hacerse saber que la víbora es ovovivípara, un tipo de desarrollo enbrionario en el que el animal pone huevos pero estos permanecen en el interior del cuerpo de la hembra hasta su eclosión. Por tanto, si se encuentran huevos de serpiente, en el Parque Natural de Redes o en cualquier otra parte, nunca podrán ser de víbora. De forma muy somera, estas son las características reproductivas de las cinco especies de serpientes de Redes.



Vipera seoanei (Lataste, 1879)



La culebra de collar (Natrix natrix, Linnaeus, 1758) pone huevos en grupos entre 9 y 26 huevos, entre junio y julio, para eclosionar tras unas 10 semanas. Como los huevos requieren una temperatura aproximada de 27-28 °C para su correcta incubación, prefiere situar las puestas sobre vegetación putrefacta. Las crías tienen entre 15 y 20 cm al momento de su eclosión e inmediatamente son independientes.

La culebra viperina, o culebra de agua, (Natrix maura, Linnaeus, 1758) pone de 6 a 16 huevos. La incubación en condiciones naturales es de unos 45 días y la aparición de los recién nacidos, en ocasiones formando pequeños grupos bajo piedras, se produce a partir de mediados de agosto, aunque con variaciones según las localidades. La longitud de los nacidos varía entre 14 y 22 cm.

En el caso de la culebra lisa meridional (Coronella girondica, Daudin, 1803) la puesta, de entre 5 y 10 huevos, se produce a mediados de julio, el periodo de incubación transcurre entre 44 y 82 días, y las eclosiones se producen en septiembre, produciendo ejemplares de entre 17 y 20 cm de longitud.

La culebra lisa europea (Coronella austriaca, Laurenti, 1768), de la que existe escasa información sobre su ciclo reproductivo, es ovovivípara, a diferencia de su especie congénere C. girondica, y los alumbramientos, de 5 a 9 neonatos de entre 15 y 18 cm, se producen desde finales de agosto hasta septiembre

Finalmente, la vibora de Seoane (Vipera seoanei, Lataste, 1879) es también ovovivipara, alumbra de 3 a 10 vástagos, de unos 18 o 20 cm de longitud, y los partos suceden de mediados de agosto a finales de octubre.

Una curiosidad para concluir, el lución (Anguis fragilis, Linnaeus, 1758) -en Asturias calabaz, escalaguerzu o esgolanciu, entre otros nombres locales- no es una serpiente como las cinco anteriores, sino un lagarto ápodo (sin patas), vivíparo, con partos en septiembre y ciclo reproductivo no siempre anual. Los ejemplares recién nacidos, entre 2 y 22, presentan una longitud de 10 a 12 cm.


lunes, 16 de julio de 2012

Sobre la hibridación entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens)… ¿anécdota o romanticismo? (2 de 3)


Nuevamente la morfología produce debates que se antojan irresolubles desde incluso la propia morfología y que parecen enquistarse en posicionamientos personales. Algunos investigadores defendieron a ultranza, hasta 2010, que neandertales y cromañones tuvieron que cruzarse, basándose en el convencimiento de que nuestra especie es altamente sexual y que no es razonable pensar lo contrario. Incluso algunos de ellos sostienen que se trata de la misma especie (tomando la definición de especie según el criterio biológico de reproducción con descendencia fértil, imposible de aplicar en restos fósiles),  pero tal vez las diferencias morfológicas existentes (por ejemplo, en la forma de la pelvis) hacían inviables que hubiera descendientes de cruzamientos mixtos. También según Lalueza Fox, "lo que es evidente es que las diferencias culturales entre neandertales y cromañones debían de ser abismales, incomprensibles para unos y otros, y lógicamente debieron de contribuir a dificultar todavía más el proceso de hibridación".



Neandertal segun el artista plástico belga Dirk Claesen, autor de la exposición "El hombre de neandertal y los mamuts".



Pero, para Svante Pääbo, esta forma de enfocar el debate es errónea: "no estoy interesado en si hubo sexo entre neandertales y humanos modernos, sino en si los neandertales contribuyeron a los genes de los humanos modernos". Una polvareda de largo alcance fue la que se levantó en 2010 con la publicación del borrador del genoma completo de los neandertales realizada por Richard E. Green, del departamento de Evolutionary Genetics del Max Planck de Leipzig (Alemania), y su tropa de colaboradores (entre ellos el propio Svante Pääbo y los españoles Carles Lalueza-Fox, Marco de la Rasilla, Javier Fortea y Antonio Rosas). Por más que algunos de los comentaristas, que abundaron, no parecieran haber entendido gran cosa de lo que Green et al sostenían, su artículo dejaba claros dos aspectos de la evolución humana. El primero, que el cruce entre neandertales y humanos modernos no sólo era posible sino que se había producido de hecho. El segundo, que el intercambio genético había sido muy pequeño, entre el 2 y el 4%, manteniendo separadas las dos especies de Homo neanderthalensis y Homo sapiens. Una y otra afirmación parecen contradictorias entre sí. Los partidarios de la separación al nivel de especie entre los neandertales y nosotros habían sostenido siempre que una hibridación era imposible. Pero si se produjo, ¿por qué quedó limitada a un aporte genético mínimo y esporádico?

          En El sueño del neandertal (2010), Clive Finlayson considera inaceptable, refiriendose al esqueleto infantil hallado en el abrigo portugués de Lagar Velho, la afirmación de que la apariencia de los fósiles sea una indicación de que neandertales y cromañones se apareasen regularmente y en muchos lugares. Finlayson, investigador especializado en los últimos neandertales arrinconados en el peñón de Gibraltar,  no da validez a los resultados publicados sobre el posible híbrido de Lagar Velho, puesto que presuponen el aspecto que se espera de un cruzamiento entre ambas subespecies, con un cierto grado de anatomía intermedia entre uno y otro. Pero no cabe esperar necesariamente que los híbridos sean así. Entre los papiones, los híbridos entre papiones perruno u oliváceo y común o amarillo no son intermedios entre los progenitores. En cambio, la población híbrida es mucho más variable que ninguna de las poblaciones progenitoras, y a menudo muestran nuevos rasgos que no se encuentran en estas últimas.

José María Bermúdez de Castro apunta en su última obra, Exploradores (2012), la existencia de mestizaje, pero no de una manera masiva, porque, de haber ocurrido así, hubiese sido advertido tiempo ha por los genetistas. Los recientes descubrimientos revelan que las poblaciones africanas no tienen nada de neandertales, mientras que los que tenemos los ancestros en Eurasia llevamos entre el 2 y el 4 por ciento de sus genes. No está nada mal, más si tenemos en cuenta que nos quedamos con su sistema inmunitario, lo que nos permitió seguir hacia el Norte. Esto supone que tomamos de los neandertales herramientas biológicas que nos permitieron colonizar el territorio en el que vivían ellos. Se puede decir, según Bermúdez de Castro, que les robamos la cartera.

El mismo autor reconoce que, puesto que probablemente compartamos el 99,99 por ciento de nuestro genoma, el cruce fue factible y, además, con descendencia fértil. Desde el punto de vista biológico podemos decir que somos la misma especie. En la actualidad, la mayor parte de los paleoantropólogos y de los arqueólogos han preferido dejar los nombres (Homo neanderthalensis, Homo sapiens) para facilitar el entendimiento. Desde el punto de vista de los fósiles, la diferencia entre unos y otros es muy grande, por lo que desde la perspectiva paleontológica no parece adecuado renunciar a las dos especies

En "Strong reproductive isolation between humans and Neandethals inferred from observed patterns of introgression", un trabajo publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences, Mathias Currat, del departamento de Genetics and Evolution de la universidad de Ginebra (Suiza) y Laurent Excoffier, del Institute of Ecology and Evolution de la universidad de Berna, en el mismo país, han proporcionado un modelo matemático de lo que pudo ser el contacto entre ambos grupos, cuyo rango temporal y espacial corresponde un intercambio genético llevado a cabo entre 50.000 y 60.000 años atrás en Oriente Próximo. El modelo de Currat y Excoffier pone de manifiesto que, para mantener un nivel tan pequeño de aportación genética (desde machos de neandertales hacia hembras de humanos modernos, por cierto), tuvieron que haberse dado episodios muy limitados de mestizaje, inferiores al 2%. Si tenemos en cuenta la tendencia a la promiscuidad presente en la práctica totalidad de los primates, el hecho de que se produjesen tan pocos mestizajes, y en una única zona geográfica, quiere decir o bien que existieron mecanismos muy fuertes destinados a impedir el cruce entre las poblaciones, o que los híbridos no eran viables más que en ocasiones excepcionales, sin descartar que ambas hipótesis pudiesen darse al mismo tiempo.

En la actualidad, como acierta Camilo José Cela Conde, existen mecanismos culturales que mantienen una casi absoluta separación entre poblaciones de distinto credo religioso en el Oriente Próximo, siendo así que ninguna razón biológica convertiría en inviables los cruces entre judíos y palestinos. Es del todo especulativa cualquier reflexión que pueda darse respecto de la eventual existencia de algo parecido en el corredor levantino de hace medio centenar de miles de años. El modelo de Currat y Excoffier tan solo obliga a tener en cuenta que las posibilidades a las que llevaría la condición genética de los neandertales indicada por Green y colaboradores son muchísimo más grandes que las que llegaron a aprovecharse. ¿Habremos de volver a nomenclar como Homo sapiens neanderthalensis y Homo sapiens sapiens?


La primera parte de esta entrada se puede encontrar pinchando aquí.


jueves, 14 de junio de 2012

Sobre la presencia del rinoceronte (Rhinocerintodae) en el arte gráfico...


The rhino is a homely beast
For humans eyes he’s not a feast
Farewell, farewell you old rhinoceros
I’ll stare at something less prepoceros

(Ogden Nash, 1902-1971, poeta norteamericano)




 Rhinoceros, de Sergey Tyukanov, artista ruso residente en San Petersburgo.




Loss of the Lisbon Rhinoceros, de Walton Ford, acuarelista americano residente en Massachusetts.




 Rinoceronte negro, según William E. Scheele (1920-1998), artista de Cleveland USA.




 Lámina de Joaquín Moragues, probablemente artista ficticio para empresas de posters y láminas.




 Rockin' Rhino, acrílico sobre lienzo de Maria Ryan, pintora de Coeur d'Alene, Idaho, USA.




Rinoceronte según freaking news.com




 Rinoceronte Negro, según Xavier Cortada, artista cubano-americano residente en Miami.


viernes, 27 de abril de 2012

Sobre el dinosaurio criollo en la Formación La Quinta, Táchira (Venezuela): Lesothosaurus vs Fabrosaurus...

En la parte norte de Sudamérica los restos de dinosaurios son excepcionalmente escasos lo que ha venido haciendo dificultoso la investigación sobre la fauna jurásica en estas tierras. El único dinosaurio conocido en Venezuela fue hallado en 1992 por un grupo de investigadores en el estado Táchira, muy cerca de La Grita, municipio de Jáuregui, en lo que se conoce como la Formación La Quinta. El equipo investigador, formado por D. E. Russell, O. O. Rivas, B. Battail y D. A. Russell, se encontraba en la zona en misión de reconocimiento donde, sin aún hoy saber si de forma accidental o fruto de una búsqueda sistematizada, fueron encontradas algunas vértebras de ornitisquio (los de “cadera de ave”) que posteriormente se identificaron como pertenecientes a la especie Lesothosaurus y con una antigüedad, depende de los autores, entre 175 y 208 millones de años, Jurásico Medio a Inferior. Las muestras se encuentran desde entonces en París, por no existir en Venezuela paleontólogos expertos en la reparación de piezas fósiles, y existe un compromiso, aun no cumplido, para su regreso a Venezuela una vez finalizada la restauración a la que están siendo sometidas.



 Recreación artística de Lesothosaurs/Fabrosaurus.


 
El ejemplar de la Formación La Quinta fue el primer dinosaurio descrito en la prestigiosa revista de la Academia de Ciencias de París mediante el paper Découverte de vertébrés fossiles dans la Formation de La Quinta, Jurassique du Vénézuéla occidental [Discovery of fossil vertebrates in the La Quinta Formation, Jurassic of western Venezuela]. Por su parte, el investigador francés Paul Sereno fue el encargado de presentar el fósil del dinosaurio tras su ubicación taxonómica como Lesothosaurus diagnosticus (Galton, 1978), ya que antes del hallazgo del espécimen venezolano, el propio Sereno había descubierto en Sudáfrica el dinosaurio Lesothosaurus que es prácticamente igual y con todas las características al encontrado en Venezuela (recuérdese que África y Sudamérica están unidas en el Jurásico Inferior). Sin embargo, en el IV Congreso Europeo sobre Paleontología de Vertebrados celebrado en España en 1999, el paleontólogo Fabien Knoll, del Museo de Historia Natural de Paris, sugirió que el Lesothosaurus venezolano pertenece en realidad a otro género de la familia Fabrosauridae.




 
 Situación de la Formación La Quinta antes de la separación de Pangea.



El primer Lesothosaurus fue descubierto en la Formación Ellio Superior, en Lesotho, Sudáfrica, en el distrito de Mafeteng. Poco más largo que un pavo doméstico, nunca más de un metro de longitud ni medio metro de alto, fue uno de los dinosaurios más pequeños que existieron y una de las presas más inmediatas. Tenía una cabeza de cráneo pequeño, en el que se supone que albergaba una bolsa lateral, situada delante del ojo, contenedora de una glándula de sal. Probablemente en sus pequeños carrillos carnosos disponía de numerosos dientes de bordes afilados parecidos a puntas de flecha, adaptados para pacer o cortar en vez de para triturar, con los que desmenuzaba los brotes duros y leñosos de las plantas antes de engullirlas y un pico profundo en el hocico. Aparte de un más que probable espacioso estómago, el pequeño fitófago era de constitución ligera, con un cuello delgado, brazos cortos y garras de cinco dedos, con el quinto más corto que los restantes, largas tibias en las patas y tres dedos en sus pies. La estructura de su cadera ya era análoga a la de las aves: el pubis, como el isquion, se dirigía hacia atrás, y el acetábulo se había transformado en una abertura ancha. Los tendones y huesos que rigidizaban su cola contrarrestaban el balanceo transmitido al cuerpo por las caderas en la carrera, durante la cual cuello, espalda y cola formaban una línea recta.

Lesothosaurus, de pronunciados hábitos gregarios, podía haber pastado a cuatro patas, cortando con su rígido pico las hojas y tallos de las plantas bajas que constituían su alimento. Mientras comía, de cuando en cuando, podría levantar la cabeza para observar a su alrededor y huir corriendo de cualquier depredador, terópodos principalmente, que apareciera repentinamente. A juzgar por sus largas tibias y cortos fémures, Lesothosaurus sería un excelente esprínter que alcanzaría una velocidad cercana a los 40 km/h.

Al igual que algunos ornistiquios primitivos, Lesothosaurus evolucionó hacia otros dinosaurios vegetarianos bípedos y aunque anteriormente se le consideró un tipo muy primitivo de ornitópodo (uno de los primeros miembros del mismo grupo que otros géneros más tardíos como los hadrosaurios o Iguanodón), hoy en día se considera que apareció demasiado pronto para ser un ornitópodo y se clasifica como un pre-ornitópodo en un grupo propio sin parientes próximos.



 Comparación corporal entre una gallina doméstica y Lesothosaurus/Fabrosaurus.



Es posible que los huesos fósiles asignados a Lesothosaurus en 1978 sean los mismos que los del Fabrosaurus, reptil de Fabre, nombrado en 1964 a partir de algunos dientes y un trozo mal conservado de mandíbula inferior encontrados por Leonard Ginsburg. Aunque evidencias fósiles posteriores llevan a muchos expertos a distinguir entre Fabrosaurus y Lesothosaurus, descubierto después, otras muchas autoridades consideran razonable que las dos criaturas sean el mismo animal. Dado que los restos de Fabrosaurus se encuentran en paupérrimas condiciones, no es posible tomar una decisión firme al respecto. Si con el tiempo se concluye en que se trata de la misma especie, será designado únicamente como Fabrosaurus, su nombre más antiguo, por estar así establecido en la nomenclatura binomial desde tiempos de Linneo.

La flora fósil y los invertebrados hallados en la Formación La Quinta revelan ecosistemas continentales y de agua dulce y salada, incluyendo llanuras aluviales, pantanos, lagunas de agua dulce y extensiones semi-áridas. Además, por su edad y ubicación geográfica, la Formación La Quinta tiene el potencial de proporcionar una importante ventana a la evolución de los dinosaurios y paleobiogeografía en Sudamérica. Aunque la mayor parte de los restos fósiles hallados se atribuyeron inicialmente a un único dinosaurio, los trabajos recientes sugieren que más de un taxón de dinosaurios pueda estar representado en las muestras.

Así también se deduce tras los trabajos realizados con posterioridad al equipo francés por John M. Moody (profesor de Geología en la Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela), quien tras enterarse por las revistas del hallazgo del equipo francés exploró el lugar acompañado de algunos de sus estudiantes, obteniendo una nutrida colección de elementos dentales, craneales y postcraneales de dinosaurio. Aunque los distintos elementos están desarticulados y su asociación se antoja complicada, por lo menos dos taxones distintos parecen estar presentes. Sin embargo, los dientes hallados por el equipo de Moody son ligeramente diferentes de los de los ornitisquios. Estas muestras halladas por el equipo zuliano se encuentran incorporadas al Museo de Biología de la Universidad del Zulia. Serían necesarios estudios detallados y comparaciones adicionales para dar luz a la asignación filogenética de la posible nueva especie de dinosaurio.



 Esqueleto y otros detalles de la estructura ósea de Lesothosaurus/Fabrosaurus.



  • D. B. Weishampel, P. M. Barrett, R. A. Coria, J. Le Loeuff, X. Xu, X. Zhao, A. Sahni, E. M. P. Gomani, and C. R. Noto. 2004. Dinosaur distribution. In D. B. Weishampel, H. Osmolska, and P. Dodson (eds.), The Dinosauria (2nd edition). University of California Press, Berkeley 517-606
  • F. E. Novas. The Age of Dinosaurs in South America. 2009. Indiana University Press
  • D. E. Russell, O. O. Rivas, B. Battail and D. A. Russell. 1992. Découverte de vertébrés fossiles dans la Formation de La Quinta, Jurassique du Vénézuéla occidental [Discovery of fossil vertebrates in the La Quinta Formation, Jurassic of western Venezuela]. Comptes Rendus de l'Académie des Sciences, Paris, Série II 314:1247-1252
  • M. R. Sanchez-Villagra and J. M. Clark. 1994. An ornithischian from the Jurassic of the Venezuelan Andes. Journal of Vertebrate Paleontology 14(3, suppl.):44ª
  • F. Knoll. 2002. Nearly complete skull of Lesothosaurus (Dinosauria: Ornithischia) from the Upper Elliot Formation (Lower Jurassic: Hettangian) of Lesotho. Journal of Vertebrate Paleontology, 22, 2,238-243
  • P. C. Sereno. 1984. The phylogeny of the Ornithischia: A reappraisal. In: Reif, W.-E., and Westphal, F. (eds.), 3d Symp. Mesozoic Terr. Ecosyst. Short Pap. Attempto Verlag, Tübingen. Pp. 219-226
  • P. C. Sereno. 1991. Lesothosaurus, “Fabrosaurids”, and the Early Evolution of Ornithischia. Journal of Vertebrate Paleontology, Vol 11, No. 2, Pp. 168-197
  • BARRETT et al. 2008, Dinosaur remains from the La Quinta Formation (Lower or Middle Jurassic) of the Venezuelan Andes. Paläontologische Zeitschrift. Vol. 82/2, p. 163–177

          Agradezco enormemente las indicaciones ofrecidas para realizar esta investigación a la profesora Reina Durán, arqueóloga, antropóloga y fundadora-directora del Museo Arqueológico del Táchira (Venezuela).


viernes, 20 de abril de 2012

Sobre la hibridación entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens)… ¿anécdota o romanticismo? (1 de 3)


          La posibilidad de hibridación entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens) –es decir, iguales a nosotros– o, lo que es lo mismo, la mezcla genética entre ambas especies, viene siendo pregunta recurrente entre especialistas y estudiosos de la evolución humana. ¿Se reprodujeron entre sí los dos grupos humanos? A esta cuestión se venía respondiendo, como bien apunta Antonio Rosas en Los neandertales (2010), en una gradación con tres niveles en la intensidad del cruzamiento: a) no hubo entrecruzamiento, b) existió cierto intercambio genético, pero la influencia neandertal quedó asimilada en el acervo genético de los humanos modernos, y c) el entrecruzamiento fue total dando lugar a una fusión de los genomas. Existe una cuarta vía, sin implicación evolutiva alguna, consistente en la posibilidad de cruzamiento con descendencia estéril, por proceder de dos especies distintas (tanto según el criterio genético más clásico como según el concepto evolutivo de especie propuesto por George Gaylord Simpson en Tempo and mode in evolution, su neodarwinista e influyente obra de 1944, clave para comprender el desarrollo y la historia de la teoría sintética de la evolución).




Neandertal con hijo, dibujo de Sonia Cabello.



Determinados investigadores basan la defensa de la hibridación en dos particularidades morfológicas. De un lado, la supuesta existencia de caracteres típicamente neandertales en los cromañones (sí, es lo mismo que decir sapiens). Del otro, en la reaparición en estos últimos de caracteres primitivos teóricamente ya perdidos por sus antepasados. En ambos casos, la presencia en los cromañones de estos dos tipos de caracteres estaría determinada por el efecto de los genes neandertales incorporados por hibridación en el acervo sapiens. Desafortunadamente, la muestra paleontológica es tan reducida que no permite falsar esta hipótesis con un cierto grado de verosimilitud. Los más antiguos fósiles humanos de morfología moderna se localizan en Rumanía, en la localidad de Pestera cu Oase, con una datación estimada de hace unos 41.000 años. Con edades ligeramente menores se encuentra Brassempouy (Francia), así como Cioclovina y Pestera Muierii (ambos en Rumanía), Mladeč (República Checa) y La Quina Aval y Les Rois (ambos en Francia).

Algunos ejemplos muy debatidos en la literatura especializada han sido la prominencia mesofacial de uno de los modernos de Predmost o la presencia de chignon o moño occipital en algunos especímenes del Paleolítico Superior temprano (por ejemplo, Mladeč). Esta última configuración de la parte posterior del cráneo es constante en los neandertales y su presencia en los cromañones sería evidencia de una posible aportación genética de los primeros. Por su parte, los opositores a la hibridación sostienen que los caracteres típicamente neandertales presentes en el Homo sapiens en realidad son caracteres primitivos compartidos, simplemente procedentes de una antigua herencia evolutiva común.

          Hace ya más de treinta años Richard Leakey anotaba en su reconocida obra La formación de la humanidad (1981), respecto a la transición entre humanos modernos y neandertales, que "más que una sustitución de indígenas [los neandertales], lo que probablemente se produjo fue una asimilación mediante entrecruzamiento. El número de personas que se desplazaron a Eurasia y el Próximo Oriente pudo muy bien ser lo bastante grande, en comparación con la población neandertal residente, como para diluir muy considerablemente el efecto de los genes de neandertal. Ello explicaría la rápida desaparición de los rasgos característicos de los neandertales en el registro fósil. La gente actual de esta parte del mundo debería, por tanto, considerar probable que haya heredado por lo menos algunos genes neandertales".

          Christopher Stringer y Clive Gamble, autores de En busca de los neandertales (1993), reconocían entonces no tener la certidumbre de que los rasgos neandertales antes reseñados (prominencia mesofacial y moño occipital) identificasen realmente los frutos de un supuesto mestizaje, pero incluso suponiendo que así fuera, pensaban que tales casos constituirían más bien una excepción a la regla, y que el flujo génico de hibridación entre ambas poblaciones resultó de un calado mínimo. Los mismos autores manifiestan en idéntica obra que situar a los neandertales como una especie distinta depende de dónde se coloque el énfasis, bien en las diferencias anatómicas y etológicas entre ellos y nosotros o bien en los rasgos que nos son comunes, "aunque su patrón anatómico desaconseja su clasificación dentro de nuestra propia especie". Ahora bien, la no inclusión de un humano fósil en la categoría Homo sapiens a partir de su anatomía no implica necesariamente que el individuo fuera incapaz de cruzarse con humanos anatómicamente modernos. Especies biológicas estrechamente emparentadas son a menudo interfértiles, y su cruzamiento puede o no dar lugar a descendencia fértil. Los lazos entre neandertales y cromañones debían de ser muy estrechos, y tal vez no existiera barrera genética a un eventual cruzamiento. Seguramente las barreras que los mantenían como entidades separadas y específicas eran predominantemente de tipo conductual.

          José Luis Arsuaga (escéptico hoy ante lo "romántico e anecdótico" de una posible hibridación) e Ignacio Martínez, apuntaban en La especie elegida: la larga marcha de la evolución humana (1998) que "no conocemos fósiles de híbridos entre ellos [neandertales] y nuestros antepasados [cromañones]; por otro lado, los europeos actuales no portamos genes heredados de los neandertales. Ahora bien, el que hubiera poco intercambio de genes no quiere decir que fuera imposible, y ésta es la condición que impone el criterio genético de especie".

          En La otra humanidad. La Europa de los neandertales (2003), Luis G. Vega Toscano se apoya en ciertos análisis del paleoADN, clonados en distintos laboratorios, tras la recuperación del ejemplar original de la cueva de Feldhofer, publicado en 1997, y de un individuo infantil procedente del yacimiento de Mezmaiskaya, situado en el Cáucaso, publicado en 2000, para sugerir que la distancia genética de los neandertales respecto a las poblaciones humanas actuales evoca una separación de ambos linajes de al menos medio millón de años, de tal modo que excluye cualquier contribución genética de los neandertales a la formación del hombre moderno y, por tanto, neandertales y sapiens deben tratarse como especies distintas. Sin embargo, refiriéndose párrafos después a la compleja situación del encuentro entre neandertales y humanos modernos en el Próximo Oriente, reconoce numerosas hipótesis, aunque ninguna de ellas totalmente satisfactoria, siendo la más atractiva de ellas aquella que contempla hibridaciones de algún tipo, fruto de la coexistencia de sapiens y neandertales en la misma región durante milenios.

          Carles Lalueza Fox, autor de Genes de neandertal (2005), dedica un capítulo de su premiada obra a la posible hibridación entre neandertales y cromañones, refiriendo a los ejemplares de Lagar Velho 1, descubierto en 1999, o el neandertal del nivel chatelperroniense de Saint Césaire, que muestra un poco de mentón en su mandíbula y una naríz más estrecho de lo que es habitual en los neandertales menos tardíos. En el bando contrario, uno de los desaparecidos cráneos cromañones de Predmost presenta una nariz bastante prominente, y un cráneo de Mladeč muestra un occipital grande y redondeado. Ambos rasgos recuerdan a los cráneos neandertales, pero no son en absoluto definitorios; de hecho, el resto de los rasgos craneales corresponden plenamente a los de los humanos modernos. Jose Luis Arsuaga añade que "no hay nada en los cráneos de Mladeč que señale una relación con los neandertales, bien sea de descendencia directa, o bien de cruce entre ellos y los humanos modernos". Lalueza Fox concluye en la no certeza sobre el cruzamiento entre neandertales y cromañones, pero "si los hubo, éstos debieron ser claramente minoritarios y fallidos desde un punto de vista evolutivo".



La segunda parte de esta entrada se puede encontrar pinchando aquí.



lunes, 26 de marzo de 2012

Primavera en Redes: Inachis io vs. Primula vulgaris n'el camín d'Anciu...

          El pasado miércoles entró la primavera en el hemisferio norte y ya este fin de semana, mientras subía de camino hacia el colmenar que tengo en el camin d'Anciu, a la altura de la Pría’Roces, tuve ocasión de fotografiar algunos indicios reveladores y fieles a su cita anual.



Primroses (Primula vulgaris), acuarela fechada en 1988, por Steve Greaves.



            A ambos lados del camino surgen vistosas matas de Primula aculis o también Primula vulgaris, comúnmente la flor primavera, y aquí en Redes también la pan con quesu. Su nombre genérico y el común procede del latín prima (primera) por su temprana floración, ya que son de las primeras flores que surgen en la primavera. Se distribuye por el suroeste de Europa, Asia Menor y norte de África, apareciendo dispersa en la península ibérica, siendo frecuente en los territorios colinos y montanos del territorio asturiano.




Sello de las Islas Faroe, publicado el 22 de febrero de 2010.



            Ya en el colmenar, preparando la nueva temporada, una mariposa pavo real (Inachis io) se posó confiada sobre una chapa en la que trabajaba sobre unas alzas de miel. La mezcla de cera y miel residual fue su alimento durante más de veinte minutos. Inachis io es una mariposa tremendamente vistosa, de color rojizo en su parte superior en la que dispone dos ocelos para ahuyentar a los depredadores. En cambio, su parte inferior es absolutamente oscura. En primavera, tras hibernar, los individuos adultos ponen los huevos que una semana después romperán y las orugas se alimentarán fundamentalmente de ortigas. Se distribuye en la Europa y Asia templadas y puede llegar a encontrarse por encima de los dos mil metros.


viernes, 23 de diciembre de 2011

Sobre el rape abisal (Melanocetus johnsonii): dimorfismo sexual extremo...

El pasado verano tuve la suerte de poder adquirir, en un mercadillo de viejo en Caracas (Venezuela), una copia de la descatalogada Introducción a la Biología Marina (Acribia, 1974), autoría a cargo del doctor Bayard H. McConnaughey, del Departamento de Biología de la Universidad de Oregon. En su página 170 se puede encontrar un dibujo a plumilla de una criatura que, en los últimos años en los que la investigación oceanográfica alcanza con mayor frecuencia la zona abisal, ejerce como icono de las profundidades. Recordé, después de rebuscar, la portada que se le dedicó en Times en 1995 bajo el sugerente título de Mysteries of The Deep (Scientists are set to conquer the last frontier: the ocean floor). Aunque la bibliografía existente es escasa, por el momento, y las referencias en la red tampoco brillan por su amplitud, lo más básico del feo pez es lo que sigue.



 
Fotografía de Theodore W. Pietsch, University of Washington (USA).



Melanocetus johnsonii, descrito en 1864 por Gunther sobre una hembra capturada frente a las costas de Madeira, pertenece al único género de la familia Melanocetidae, cuya etimología procede del griego melanos, "negro", y cetus, "monstruo del mar". Se trata de un pez batipelágico que habita el Atlántico, el Pacífico y el Indico, en profundidades superiores a los 1000 m, más habitualmente entre los 3000 y 4000 m.

De color marrón parduzco, lo que le facilita camuflaje, dientes afilados y flácido estómago, como se aprecia en la imagen, presenta sobre la cabeza una antena móvil que nace en la nariz, evolución de una vértebra, tomada por bacterias bioluminiscentes en simbiosis con el pez y que, cuando se iluminan, actúan como señuelo para atracción de otros peces que confunden la protuberancia con algún tipo de gusano. Cuando una víctima cae en la trampa, M. johnsonii la sujeta con sus grandes dientes y la engulle sin mayores dificultades, pues su enorme boca le permite tragar presas del doble de su propia longitud, lo que le proporciona una importante ventaja competitiva en la profundidad abisal.



 
Fotografía de Jan Yde Poulsen, Ph.d. student, University of Bergen, Noruega.
http://jypichthyology.info



           M. johnsonii presenta un acentuado dimorfismo sexual, ya que las hembras alcanzan un tamaño en torno a los 100 mm (máximo de 135 mm) y los machos, muchísimo menores, apenas superan 20 mm, aunque disponen de mayor musculatura, lo que les habilita para recorrer grandes distancias en búsqueda de pareja, ya que las hembras dispersan señales químicas que pueden ser detectadas a gran distancia. Durante el apareamiento el macho muerde el vientre de la hembra y, al cabo de un tiempo, se funde con ella y se convierte en un apéndice de su cuerpo. La hembra facilita al macho riego sanguíneo y nutrientes, y en contrapartida este le proporciona esperma de forma continua para fertilización de los huevos. Hasta no hace mucho tiempo pareciera que únicamente se capturaban especimenes hembra y ningún macho, pero posteriormente se observó que todas estas hembras tenían una especie de parásito cerca de los órganos genitales y fue cuando los científicos observaron que se trataba del macho. De esta forma, se garantiza la reproducción en un medio en el que encontrar pareja resulta dificultoso.

          En la primera imagen de esta entrada, extraida del Tree of Life Web Project,  se puede apreciar con detalle la unión íntima que se produce entre un macho (23,5 mm) y una hembra (75 mm) al momento del apareamiento. La instantánea fue tomada en 2005 por el biólogo evolucionista, y máxima autoridad mundial en el estudio de la familia Melanocetidae, Theodore W. Pietsch, sobre una pareja de ejemplares obtenida en aguas del Atlántico Norte, próximas a Irlanda, y conservada en el British Museum of Natural History.
 

martes, 8 de noviembre de 2011

Sobre Agriotherium africanum, Stephen Wroe y el CBRG: cuestión de análisis por elementos finitos...

Agriotherium africanum, nombrado por primera vez por Wagner en 1837, es una especie extinta perteneciente a la familia Ursidae, subfamilia Ursinae, género Agriotherium (dientes de perro). Vivió en Eurasia, Africa y Norteamérica durante un periodo comprendido entre hace trece millones de años, mediado el Mioceno, y su extinción, aproximadamente cuatro o cinco millones de años atrás, iniciado el Pleistoceno. Estrictamente carnívoro y de un tamaño descomunal, con casi tres metros de longitud corporal, además de ser el mayor oso nunca conocido también gozaba de una mandíbula con la mordedura más poderosa de todos los mamíferos terrestres conocidos hasta hoy, lo que le permitía degollar a cualquier presa que se pudiese cruzar en su camino.



 Cráneo de Agriotherium africanum, en el que se puede apreciar la prominente longitud de los colmillos.



El investigador Stephen Wroe, director del Computational Biomechanics Research Group, y su equipo, pertenecientes ambos a la University of New South Wales (Australia), publican esta semana en Journal of Zoology un completo análisis de las carácterísticas del cráneo de A. africanum. El estudio se realizó tomando escáneres CT tridimensionales de los cráneos de cinco de las ocho especies de oso actuales, desde el oso panda gigante hasta el oso polar, y aplicando posteriormente análisis por elementos finitos, de cuyos resultados se obtuvo una estimación de las fuerzas desarrolladas durante las diferentes mordeduras. La simulación de A. africanum aplicó la mayor fuerza de mordedura por medio de sus largos colmillos, mientras que, sin embargo, su cráneo soportó la menor tensión de todas las simulaciones. Después de la del extinto oso, la mordedura más potente fue la registrada en la simulación del  panda gigante (Ailuropoda melanoleuca), que, a pesar de su casi exclusiva alimentación vegetariana, ejerce en su mandíbula una gran presión para masticar los duros tallos de bambú. Por su parte, el oso polar (Ursus maritimus) dispone de una mandíbula débil que le convierte, más que en un carnívoro como tal, en un succionador de grasa, por ejemplo de foca, su presa favorita.




Comparativa en planta y alzado de los cráneos de Agriotherium africanum y otras cinco especies de osos actuales.


Los datos no revelan en que medida A. africanum pudo ser más depredador que carroñero de grandes vertebrados terrestres, aunque si permiten afirmar que su cráneo soportaba sin dificultad las grandes fuerzas generadas en ambas actividades, ya fuese alimentándose de caballos, bovinos, camélidos o rinocerontes, su más que probable catálogo de presas.

El profesor Stephen Wroe y el Computational Biomechanics Research Group publican CompBiomechBlog, un interesante blog en el que dan cuenta de sus investigaciones en biología y medicina mediante el análisis por medio de elementos finitos.



 
Análisis mediante elementos finitos de las tensiones creadas en la mandíbula de:  (a) A. africanum, (b) oso asiático,
(c) oso negro, (d) oso pardo, (e) oso panda gigante, (f) oso polar y (g) oso polar. Las colores fucsia y azul marcan
las áreas de mayores tensiones, mientras que el amarillo denota la ausencia de tensión.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Del'osu pardu (Ursus arctos) qu'anda per Redes...

          Van ya cinco díis, fue l’últimu sábadu, que Luisón Lobeto, el fíu de Vidal, atopó estes huelles d’osu pardu nel puente L’Ablanosa, de llau la carretera subiendo pal puertu, asina que cualquier díi preséntase per Tarna, per Pendones, per La Fó o per Bezanes. N’esti tiempu de seronda l’osu tien que fartucase abondo pa’podese encuevar pa’finales d’añu y aguantar ivernau hasta casi marzu o abril, d’ende que s’atope agora enrededor de los pueblos atracándose de miel de les colmenes, escarbando per los huertos y tamién per los conteneores.




En les dos asemeyes vese una huella muy perfecha de les manes, pates delanteres, de planta ancha y con los
cinco deos y les garres muy marcaos. Asemeyes de José Luis Lobeto Fernández (Bezanes, Casu).



La población de osu pardu ya cuenta con doscientos exemplares nel Cordal Cantábricu, según sacose de los estudios fechos pola Universidá d'Uviéu y el Centru Superior d'Investigaciones Científiques (CSIC), a petición del anterior Gobiernu asturianu. Estos trabayos recoyíen información de la situación demográfica del osu pardu, sobre'l so hábitat, y les sos característiques xenétiques. Amás, analizaben el comportamientu individual de los osos pardos cantábricos e identificaben corredores ente la población occidental y oriental.

Otra de les conclusiones más destacaes de los estudios ye l'aumentu del tránsitu d'exemplares ente la población occidental y oriental, y l'aparición d'híbridos al cruciase exemplares procedentes de les dos poblaciones. Ye de resaltar la importancia de los resultaos algamaos hasta agora, que son un llogru colectivu, frutu del trabayu fechu dende l'añu 1991, cuando s'aprobó'l primer Plan de Recuperación pal Osu Pardu n'Asturies.

Nun se sabe bien si queremos qu’el osu pardu ande per’ende, o qu’acabe onde los demonios, pero si tá protexíu ye porque los qu’entienden d’esti telar (nun falo d’ecoloxistes, falo de biólogos, ecólogos y ambientólogos, d'esos que nun sabéis muy bien lo que fecemos) tan d’acuerdu en que nun se pué acabar con él ni per caprichu ni per refalfiu. Yé agora que’mos acordamos del cazaorín de Caliao, José González, que llevó per delanti casi cien exemplares n'el sieglu XVIII (y del que falaremos n'otra entrá más alante), de Xuanón el de Cabañaquinta, qu’echó en baxu trentaiún más n’el sieglu XIX, o d’Angelón el de Cerreu, que pa'nun quedase curtiu n’el sieglu pasau metióis cartuchu a otros cincuentaiún.

Les asemeyes de Luis tan feches con un teléfonu móvil pero salieroni perfeches y operatives, namás que-i-faltó mediles pa saber si el osu era vieyu o xoven. Luis, gracies per fecénosles llegar y compartíles con la xente qu'asoma per esti blogue.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Sobre la berrea y la reproducción del venado (Cervus elaphus)...

También antes y después, aunque principalmente entre San Mateo (21 de septiembre) y San Miguel (29 de septiembre) los bosques de Redes se convierten en escenario del apogeo de una escena reproductiva de difícil parangón: la berrea del venado o ciervo rojo ibérico (Cervus elaphus).

El verano se entrega a las primeras borrascas del otoño y, en plena transición estacional, las temperaturas abandonan sus máximos anuales a la par que los días se ven recortados en su periodo de luz. Es en estas fechas, al contrario que el resto de los animales del bosque, cuando el venado consume en el apareamiento toda la energía acumulada durante la primavera y el verano, ajeno, aunque no desconocedor, a la proximidad de las nieves.




Dos venados (Cervus elaphus) pugnando durante la berrea. 



Para el equinoccio de otoño los dos sexos se reúnen y los machos, apenas observables durante el resto del año, se muestran atrevidos a plena luz del día, mientras que las ciervas con sus crías pastan en las praderas que han sido escogidas por los machos para berrar.

El venado es un ungulado típicamente poligínico, donde los machos basan su éxito reproductivo en aparearse con cuantas hembras les sea posible, mientras que las hembras aportan todo el cuidado parental a las crías, de modo que su éxito se basa en su capacidad fisiológica para producir y criar cervatillos saludables.

La época de celo se conoce como berrea o brama, en referencia al sonido que emiten los machos en celo. La berrea o bramido es una señal básicamente dirigida a otros machos rivales -pudiendo también tener efectos sobre las hembras al adelantar su entrada en celo- que ha sido producida por la selección natural para mantener a raya a otros machos sin necesidad de entrar en luchas constantes con todos ellos. Parece ser que la tasa de berridos por unidad de tiempo que emite un macho está relacionada con su capacidad de victoria en una posible contienda, por lo que puede ser utilizada por los rivales para decidir retar o no a un oponente.

Para berrar, el venado adopta una postura característica en la que estira el cuello y saca la lengua. Además de delimitar el terreno frente a otros machos que puedan pretender a las hembras de un grupo –como ya se anotó-, la señal acústica, define el vigor del macho hacia las hembras, considerando estas si se trata de un potencial buen padre para sus crías.

Son los machos de más edad los primeros en bramar, aunque no suelen entrar en verdadero conflicto por un grupo de hembras. Mientras los jóvenes permanecen escondidos y se dedican a pastear, sólo aquellos en plenitud sexual, entre los seis y los nueve años, cargarán con la mayor parte de la actividad reproductora. Durante casi dos semanas, y sin apenas descanso, sueño ni alimento, estos se dedican a perseguir a las hembras a medida que se muestran receptivas, alzando el labio superior intentando captar señales olfativas que revelen el estro de las hembras.

Serán los machos dominantes, los más vigorosos y fornidos, los que marquen territorios prohibidos para el resto y en los que intentarán reunir el mayor número posible de hembras en forma de harén. Esta porción de terreno será defendida principalmente a base de bramidos, pero también con señales olfativas segregadas por numerosas glándulas repartidas por las pezuñas, la testuz y la zona perineal, o junto al meato.







El enfrentamiento físico directo entre machos suele ser una excepción más sobreponderada que suceso habitual, puesto que son conocedores del potencial destructivo de sus cuernas y las consecuencias de posibles heridas o, lo que suele ser fatal, de quedarse enganchados y abocados a una muerte segura. Por tanto, sin llegar a la pelea, dos machos en desafío suelen caminar paralelos exhibiendo su cornamenta y acometiendo contra árboles o arbustos, a los que rompen ramas e incluso el tronco, dejando patente rastro en los berraderos habituales. La confrontación física se produce únicamente cuando ninguno de los dos acaba cediendo ante el muestrario de presunciones y alardes del contrario, enfrentando las cuernas hasta que uno de ellos se retira agotado o temeroso. El ganador obtiene la recompensa del terreno y del harén, pero raramente persigue al vencido para que ningún otro macho pueda acudir mientras a cubrir a sus hembras.

Desde este momento, el victorioso macho comenzará una carrera contra el reloj en la que diariamente realizará hasta veinte cópulas, sin apenas dormir ni comer y en vigilancia de posibles intrusos, lo que hace que a los tres o cuatro días, exhausto, haya de ceder el harén a otro macho más vigoroso que continuará con las montas.

La duración de la berrea, en un área concreta, no supera los 25 días si todas las hembras entran en celo en el momento adecuado, es decir, si todas están en buenas condiciones. Cuando hay hembras en malas condiciones la berrea se alarga, y si casi todas están mal, la berrea en general se retrasa. Todos los retrasos producirán crías tardías que generalmente se desarrollarán peor que las nacidas en el mejor momento. Una vez que el fotoperíodo se está acortando y la hembra está en buena condición física, comienza a producir ovulaciones cada 19 días aproximadamente. La selección natural favorece a las hembras que quedan preñadas en las primeras ovulaciones que producirán partos en la época adecuada. El estrés debido a altas densidades, excesivas concentraciones de animales o actividades humanas que causan disturbios en las poblaciones, pueden favorecer que algunas ovulaciones no culminen en cópulas efectivas y gestaciones, con el consiguiente retraso de los partos.

Durante la época de celo las hembras se suelen distribuir en función de la distribución de la comida y los machos se desplazan hacia las zonas donde hay más hembras. Las zonas buenas de berrea suelen ser por tanto las mejores zonas de alimentación para las hembras en septiembre. A pesar de esta afirmación general, también es cierto que algunas hembras durante la berrea se acercan a las "zonas de berrea", es decir que la distribución espacial de las hembras durante la berrea se hace un poco más contagiosa, agrupada hacia aquellos "puntos calientes" donde previamente había más hembras que en otros. Puede decirse que a las hembras de zonas con poca densidad les interesa agruparse hacia las áreas con más densidad, dejando casi vacías las zonas de baja densidad. Las razones de este comportamiento pueden estar en evitar el acoso de machos subadultos al incluirse en harenes defendidos por machos mayores.

Una vez en la zona de berrea las hembras se dedican a comer, pero con su pasividad provocan la competencia entre los machos, de modo que simplemente con aceptar al ganador tienen una buena forma de elegir a un buen padre para sus hijos, con lo cual no se descartan posibles beneficios genéticos del comportamiento de agruparse en las áreas donde hay mayores harenes y más competencia entre los machos.



Macho de Cervus elaphus berrando en el Parque Natural de Redes, fotografía de Manuel Suárez Calvo



La posibilidad de que las condiciones ambientales sean adecuadas para criar con éxito marca el momento del año en que las hembras inician su reproducción. La época de mayor disponibilidad de alimento es la primavera avanzada, por lo que las ciervas ajustarán su fenología reproductiva para que el final de la gestación y principio de la lactancia tengan lugar en ese momento. Los partos suelen producirse hacia el mes de mayo, tras una de unos 235-240 días, de modo que la época de celo debe tener lugar aproximadamente en la segunda mitad de septiembre.

A partir de su nacimiento, los cervatillos son amamantados durante al menos unos 4 meses, hasta aproximadamente la siguiente berrea, aunque pronto comienzan a incluir progresivamente algo de hierba en la dieta. Los partos dobles son extremadamente raros, aunque es fácil que una cierva pueda amamantar algún cervatillo ajeno, por lo que las observaciones de campo de ciervas seguidas de dos crías corresponden con toda probabilidad a adopciones más que a partos dobles.

Un macho termina la mayor parte de su desarrollo corporal hacia los 5 años y es probable que a partir de esa edad, quizás a los 6, disponga ya un harén durante la berrea. La parte de su vida en la cual disfruta de éxito reproductivo alto es corta, no más de unos 4 años. A los 9 normalmente empiezan a decaer en cuanto a su condición corporal, envejecen y suelen morir, incluso sin presión cinegética, por causas naturales hacia los 12 ó 13 años.

Las hembras son más longevas, llegando a sobrepasar los 20 años de edad. En correspondencia con las diferencias entre sexos en las posibilidades reproductivas a lo largo de la edad, el envejecimiento en los machos ocurre más prematuramente que en las hembras y está previsto desde su nacimiento. Desde los 2 años en adelante, y prácticamente hasta su muerte, las hembras pueden producir una cría cada año, que puede sobrevivir o no, por lo que el éxito anual promedio de una cierva es siempre algo menor de uno. La mortalidad es mayor en crías macho que en crías hembra, incluso desde el momento de la concepción, es decir tanto intrauterina como durante la lactancia y primer año de vida. Las ciervas en peores condiciones para criar (subordinadas, inferior condición física o más jóvenes) suelen producir con mayor probabilidad un cervatillo hembra y viceversa. 

          Mediado octubre el frío ya ocupa los bosques y pastizales, y los venados empiezan a mudar el pelaje para cubrirse con el de invierno, más denso y gris. Las hembras se agrupan para pasar la época fría y los machos jóvenes también se reúnen en grupos de invernada. Por su parte, los machos adultos desaparecerán solitarios nuevamente en el bosque, no volviendo a ser visibles hasta la siguiente temporada, en la que volverán para garantía de una nueva generación y supervivencia de la especie.

 

Sobre la caza, extinción y reintroducción:

Sobre la cuerna, descorreo, escoda y desmogue: