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jueves, 27 de marzo de 2014

Sobre existencialismo, Shakespeare, Saul Bellow y Edward Hopper...

De una entrevista a Saul Bellow en la revista BOSTONIANA (1990).

─Leí muchos libros con la esperanza de descubrir alguna verdad sobre esas cuestiones persistentes. En el fondo siempre quedaba una sensación muy rara, y así seguiría siendo después. Ninguna explicación llegaba a hacer inteligible aquella extraña impresión. Los sistemas se desmoronan uno tras otro, y se los va tachando de la lista a medida que uno sigue su camino. Au revoir, existencialismo. Pero nunca desaparece la exigencia de justificar nuestra presencia en este mundo.

─En todos sus libros expresa usted esa misma cuestión en términos diferentes...

─Supongo que las aspiraciones del hombre moderno no pueden llegar a nada más alto. Esto es precisamente lo que descubrimos cuando empezamos a leer a Shakespeare. Desde las primeras obras hasta La Tempestad. En el Rey Lear se nos dice: "Madurar lo es todo".



Blackhead, Monhegan (1916-1919), por Edward Hopper. Óleo sobre tabla, 24x33 cm.


jueves, 9 de enero de 2014

Sobre Persépolis, viajes con Heródoto y Kapuscinski...

Cada vez que contempla uno ciudades, templos, palacios ya muertos, se pregunta por la suerte que corrieron sus constructores. Por su dolor, sus columnas vertebrales rotas, por los ojos que saltaron de sus cuencas al recibir el impacto de una esquirla, por su reumatismo. Por su vida desgraciada. Su sufrimiento. Y entonces surge la siguiente pregunta: ¿podrían existir tamañas maravillas sin ese sufrimiento ¿Sin el látigo del vigilante? ¿Sin ese miedo que anida en el esclavo? ¿Sin esa soberbia que anida en el soberano? En una palabra, ¿no habrá sido el gran arte del pasado obra de lo que el hombre tiene de malo y negativo? Y al mismo tiempo, ¿no lo habrá creado su convicción de que lo negativo y lo débil que lleva dentro puede ser vencido sólo por lo bello, sólo por el esfuerzo y la voluntad de crearlo? ¿Y de que lo único que no cambia nunca es la forma de la belleza? ¿Y de la necesidad de ella que vive en nosotros?

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuscinski, 2007.



Persépolis a vista de pájaro (1884), según el francés Charles Chipiez (1835-1901).

martes, 12 de noviembre de 2013

De habilidades, triunfadores, Julia y Ramón Casas...

«Últimamente estás cambiando mucho», me dice una amiga. «¿Para mejor o para peor?», le pregunto. «Yo creo que para mejor», responde. Y yo sonrío. Parece que mi plan comienza a funcionar. He tardado un poco, pero ya estoy aprendiendo a dominar el funcionamiento de las redes sociales virtuales y no virtuales.

Para triunfar en esta vida, en palabras de García Martín, además de suerte y algún talento, hacen falta tres virtudes de las que yo siempre he andado escaso. La primera, la hipocresía. Yo siempre he sido un maleducado. O decía lo que pensaba, por desagradable que fuera, o lo callaba por timidez, pero lo daba claramente a entender. Ahora le he cogido el gusto a ser hipócrita. Es hasta divertido. Como representar una obra de teatro. La segunda, la falsa modestia. Sólo los que carecen por completo de ambición pueden permitirse el lujo de no ser modestos. Sin modestia no se consigue nada. Sin modestia fingida, por supuesto. La verdadera le vuelve a uno invisible. La tercera virtud, la más eficaz, es la adulación. Con la adulación se llega a todas partes, la adulación abre todas las puertas. Elogia, elogia sin tasa ─me digo─, que no hay elogio tan hiperbólico que no parezca verosímil para el adulado.

Si hubiera sabido esto a los veinte años, ahora sería un triunfador. Bueno, lo que habitualmente se entiende por ser un triunfador. Porque serlo, serlo, de alguna manera lo soy. ¿Qué mayor triunfo que haber hecho siempre lo que a uno le ha dado la gana?


Julia (h. 1909), por Ramón Casas. Óleo sobre lienzo. Colección privada.

martes, 16 de julio de 2013

Sobre putas tristes, carnaza, aculturación y contracultura…

Recién termino de leer Memoria de mis putas tristes (Mondadori, 2004), la última pero no precisamente nueva novela de Gabriel García Márquez, pienso en escribir una humilde reseña cuando un buen amigo, también aprendiz de escribano, me recomienda que meta más carnaza en el blog. Entiendo el contenido de su sincera recomendación como un giro claramente metafórico de la acepción más coloquial que apunta la Real Academia Española: en una persona, abundancia de carnes. O sea, que las carnes vienen a ser las que dan juego en la red, el leitmotiv de la globalización, el súmmum de la era digital. Aviados estamos, que digo yo sin temor a descubrir mi genealogía.

Ya otro amigo mexicano, Don Palafox, comprobó las excelencias de las imágenes carnosas cuando en su comprometida bitácora ─de tamaño compromiso que los tenaces que le seguimos nos vamos quedando en el camino─ decidió insertar una insinuante imagen de una actriz de la industria pornográfica en condición de posado pretendidamente inocente. Tal fue así que el texto de la entrada, destinado ineludiblemente a su no lectura, apenas tenía que ver con el motivo de la fotografía. Y también tal fue así que la entrada fue la más vista de la historia del blog, disparando las visitas hasta sonrojar al contador. Otro afecto de derrotas inesperadas me hizo partícipe de un dato publicado por el imperio Google: las palabras más buscadas en su meta-híper-ultra-buscador a lo largo del último año. Sí, como era fácil suponer, en el primer lugar de 2012 figura “porno” y en el segundo “prono”, lo cual viene a decir que la mitad del país somos pajilleros y la otra mitad disléxicos, o mejor, disgrafos.

En fin, que no me voy a detener en la breve historia que narra el fallido amor en Barranquilla entre un periodista nonagenario y anacrónico y una lolita virgen de catorce años, si acaso también en el elenco una madame venida a menos y una sirvienta que entrega sumisa su puerta de atrás. Prefiero ir a la investigación social, al trabajo antropológico de campo, al empirismo como tal, que diría Malinowski. Comprobemos a donde llega este texto inconexo ad hoc, ilustrémoslo con carnaza fresca, la más inmediata lolita que nos ofrece el imperio. Pongamos el contador a cero y vayamos a dormir. Mañana habrá vencido la aculturación, mimetizada en moderna contracultura con disfraz del todo a cien.



Lupe Fuentes, aka Zuleidy, aka Little Lupe, lolita pornstar.

domingo, 30 de junio de 2013

De genética, desigualdad, neoliberalismo y Diego Rivera…


      Nada nuevo que los círculos conservadores y neoliberales justifiquen el enorme crecimiento de las desigualdades que caracterizan los tiempos corrientes fruto irrefutable de políticas conservadoras y neoliberales como la consecuencia de la diversidad genética dentro de las poblaciones que padecen estas desigualdades. Correlacionan, sin complejos de clase, desigualdades de renta versus diversidad en la composición genética poblacional.

     Rietveld et al. publican en Science (“GWAS of 126,559 individuals identifies geneticvariants associated with educational attainment”. Science, 21. Junio de 2013) que la estructura genética de una persona y/o grupo étnico conduce a su tipo de educación y, a través de ello, al nivel de renta que adquiere. Cuando menos discutible. No menos hilarante es una tesis doctoral presentada en la Universidad de Harvard en la que se sostiene que los hispanos de los Estados Unidos, procedentes de países de habla hispana, se aglutinan en las clases menos adineradas y con menos recursos debido a su supuesta, que no demostrada, inferioridad genética, de estructura menos desarrollada e inferior calidad que la existente entre la población blanca. Además, en dicha tesis se infiere, en razón a que el cociente intelectual de los blancos es superior a los de los hispanos, que la supuesta inferioridad de los hispanos es debida a su inferior estructura genética.

      Parecen múltiples las falacias que se incluyen en este estudio, y la primera y más flagrante es la asunción de una estructura genética propia de los hispanos, un grupo que, más que étnico, es cultural y se caracteriza por su enorme diversidad genética. El supuesto de uniformidad genética no deja de ser una valoración extremadamente subjetiva, de claros tintes racistas, aunque no menos grave es la asunción de que la calidad y el desarrollo intelectual de una persona se cuantifican objetivamente a través del cociente intelectual, prueba sobradamente conocida por su sesgo clasista, pues mide más la habilidad de respuesta al test que el nivel intelectual.

      Ambos documentos dicen mucho del panorama ideológico alcanzado en círculos del establishment estadounidense, en momentos de un dominio neoliberal que requiere una teoría hegemónica, legitimadora y que justifique el enorme crecimiento de las desigualdades.



Liberación del peón (1931), por Diego Rivera.
Fresco sobre cemento reforzado en estructura de acero galvanizado, 185 x 239 cm. En el Philadelphia Museum of Art.


          En Liberación del peón, Rivera desarrolló una narrativa aterradora sobre el castigo corporal. Un labriego, golpeado y abandonado a su muerte, es descendido de un poste por soldados revolucionarios comprensivos, que atienden este cuerpo quebrado. El peonaje —sistema de servidumbre a sueldo establecido por los colonizadores españoles para forzar a los indios a trabajar la tierra— persistió en México aún en el siglo XX. El mural presenta la injusticia de las condiciones sociales y económicas que prevalecieron como justificación de la Revolución mexicana.

martes, 14 de mayo de 2013

Sobre cazadores, Ortega y Gasset y Zdenek Burian...

            Decía José Ortega y Gasset, en su prólogo a la obra del Conde de Yebes “Veinte años de caza mayor” (Espasa Calpe, Madrid, 1943), que la Prehistoria, ciencia siempre en gestación, se atiene a los escasísimos datos que se poseen sobre los orígenes de la humanidad. De aquellas existencias primarias, casi no tiene más que cosas y se ve forzada a clasificar las formas de vida por las formas de objetos que manipularon o, lo que es aún más absurdo, por su diferente material: piedra, cobre, bronce, hierro. Pero claro está, que una forma de humanidad solo se puede congruentemente denominar por sus ocupaciones y, ante todo, por la ocupación central que organiza y regula las demás. Así, la verdadera significación del término “ser paleolítico” es “ser cazador”. Esto era lo esencial de su condición y no que cazase con piedras más o menos pulimentadas. Entonces, y solo entonces, vivir fue cazar. Después innumerables hombres han cazado, pero ninguno ha vuelto a ser radical, esto es, exclusivamente cazador…



Cazando al oso de las cavernas, ilustración de Zdenek Burian, 1952.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Sobre el 1 de mayo, Honoré Daumier y el levantamiento...

          "No era necesario que los trabajadores tuvieran sentimientos políticos intensos. Todo lo que se les pedía era un patriotismo primitivo al que se recurría en caso de necesidad para que trabajaran horas extraordinarias o aceptaran raciones más pequeñas. E incluso cuando cundía entre ellos el descontento, como ocurría a veces, era un descontento que no servía para nada porque, por carecer de ideas generales, concentraban su instinto de rebeldía en quejas sobre minucias de la vida corriente" 

("1984", George Orwell, 1947)


 The Uprising (1848 o posterior), por Honoré Daumier, óleo sobre lienzo, 87,5 x 113 cm, en la Phillips Collection, Washington, D.C.

martes, 15 de enero de 2013

De lo políticamente correcto, un paisaje con casa y Nicanor Piñole...

A quien estas líneas suscribe, ya curtido apóstata de lo políticamente correcto, le indigna enormemente la confusión reinante en un terreno en el que se entremezclan a partes iguales hipocresía y vasallaje. El lenguaje políticamente correcto viene convirtiéndose en una forma de prescripción lingüística contrario al uso espontáneo de la lengua y que impone modos de expresión casi siempre forzados en aras de un pretendido respeto y de una actitud tolerante. La imposición artificial del uso de sintagmas como las niñas y los niños o el uso de la arroba, como en niñ@s, para incluir a niñas y niños es totalmente innecesario y refleje un profundo desconocimiento del idioma, ya que el español siempre ha utilizado la forma correspondiente al masculino como género no marcado, es decir, como una categoría neutra en relación al sexo y, por ello, capaz de aglutinar lingüísticamente a hombres y mujeres. El uso del léxico también está sometido a la vigilancia de los defensores de la corrección política y la sanción por no adecuarse a las pautas marcadas no es de tipo lingüístico sino de tipo social, traduciéndose en ser tachado de intolerante, sexista o discriminatorio.

          Aunque el lenguaje políticamente correcto suele considerarse como fenómeno reciente, fruto del relativismo propio de la posmodernidad, en realidad no es nada nuevo. Ya en el Siglo de Oro, el espadachín y literato Francisco de Quevedo decía que "por hipocresía llaman al negro, moreno; trato, a la usura; a la putería, casa; al barbero, sastre de barbas; y al mozo de mulas, gentilhombre del camino".



Paisaje con casa, atribuido a Nicanor Piñole aunque probablemente falso, óleo sobre cartón, 22x32 cm.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Sobre biología, incultura, Julio Verne y peces cofre...

Los principales peligros vienen no de la información o del progreso en el conocimiento sino de la ignorancia. La ignorancia, la incultura, el desconocimiento es lo que nos debería preocupar. Lo otro es cuestión de transmitirlo. Además, veo que, un poco recordando a Julio Verne, todo lo que un hombre imagina otro lo acabará haciendo. Yo creo que si ahora se puede secuenciar un genoma para intentar resolver una enfermedad, se hará y si lleva un poco más de tiempo y es caro, pues se superarán esas barreras. Y la población querrá saber, luego nuestra obligación es transmitir el conocimiento. No solo entre especialistas, sino entre todo el mundo, porque yo, que no soy biólogo, creo que la biología ahora es la disciplina que puede contribuir en mayor medida a cambiar la sociedad. Mucho más que cualquier otra. Porque está proyectando una mirada muy profunda sobre la vida, sobre las enfermedades, el envejecimiento y la muerte.

Carlos López-Otín, entrevistado por Daniel Mediavilla para Materia



Peces cofre, según Ernst Haeckel (1834-1919), en Kunstformen der Natur (1904). 
 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Sobre Bertrand Russell, de los hechos hacia la verdad...

Cuando estudias cualquier tema o consideras cualquier filosofía, pregúntate sólo: "¿Cuáles son los hechos? ¿Y cuál es la verdad que confirman los hechos?" Nunca te permitas desviarte, o bien por aquello que deseas creer o bien por aquello que crees que podría tener efectos sociales beneficiosos en caso de ser creído. Mira única y solamente a cuáles son los hechos.

Bertrand Russell (1872-1970) en una entrevista concedida a la BBC en 1959



Retrato de Bertrand Russell (1967), por Norman Rockwell.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Sobre Kahneman, ¿pensar rápido o pensar despacio?

          Fue por medio del filósofo naturalista Eduardo Zugasti como llegué hasta la obra de Daniel Kahneman (1934), y no hace mucho de mi mención en una entrada anterior al psicólogo norteamericano-israelí, en la actualidad profesor emérito en Princeton y hace poco incluido en la lista de los 100 pensadores globales más influyentes por la publicación Foreign Policy. Aunque es cierto que Kahneman recibió su Nobel en 2002 (con Amos Tversky) por sus contribuciones a la teoría económica, las repercusiones de su trabajo son tan extensas que prácticamente no existe área de las ciencias humanas en la que no haya influido. Recientemente ha publicado Pensar rápido, pensar despacio (Debate, 2012) una de las obras más comentadas (y vendidas) del año, orientada al público general, en la que repasa toda su carrera como psicólogo experimental.



Réplica en bronce de The Thinker, de Rodin, ubicada en el Changchun World Sculpture Park (China).


          Utilicemos, por ejemplo, nuestra intuición para resolver este sencillo acertijo:

Una camisa y una corbata cuestan 55 euros
La camisa cuesta 50 euros más que la corbata.
¿Cuánto cuesta la corbata?

          La rapidez, la fortaleza y el agrado de la intuición llevan a responder 5 euros de forma incorrecta. Para llegar a la solución correcta, 2,5 euros, la mayoría tendrán que recurrir al lápiz y al papel y resolver una sencilla ecuación matemática, ejercitando así la forma más lenta y laboriosa de pensar permitida por nuestro cerebro. Ya son algunos los psicólogos que consideran este tipo de test o acertijos como un análisis más válido de la inteligencia de una persona que los habituales test de cociente intelectual. El ejemplo propuesto ilustra que las intuiciones son frecuentemente erróneas por muy poderosas que estas parezcan.

          El ser humano posee una sola mente, aunque varios son los mecanismos de decisión. Kahneman entiende esta toma de decisiones como dos sistemas principales. El Sistema 1 está vinculado a las emociones y actúa  “de forma rápida y automática, con pequeño o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario.” El Sistema 2, por su parte, actúa a modo de agente racional que “concentrando la atención en las actividades mentales que así lo demandan, incluyendo los cálculos complejos.”

          La mayor parte de nuestros juicios diarios son fruto del Sistema 1, y suceden de forma automática, intuitiva y emocional, aunque normalmente nos permiten desenvolvernos razonablemente en la vida práctica. Sin embargo, el Sistema 1 también genera gran número de intuiciones erróneas con consecuencias triviales o, en ocasiones, catastróficas. Únicamente al entrar en juego el Sistema 2, discriminando las gratificantes sugerencias de nuestro sistema emocional, y sólo tras un gran esfuerzo cognitivo, se pueden intentar resolver los problemas contra intuitivos o difíciles. Kahneman propone que se analice la naturaleza de nuestra racionalidad más a través de los errores que de los aciertos. Paradójicamente, estos errores o sesgos cognitivos aparecen inconscientemente en nuestra mente consciente, además de que poseen cierta irresistibilidad en las personas psicológicamente sanas sucediendo sistemáticamente bajo las circunstancias adecuadas.

          He aquí algunos ejemplos (véase aquí lo numeroso de los errores cognitivos). La ilusión de causalidad ocurre de forma natural cuando se infiere, de forma errónea, que dos sucesos naturales están relacionados entre sí de manera intencionada. El efecto Halo sucede cuando se atribuyen en exceso características positivas o negativas a determinada persona basándonos en pistas vagas pero emocionalmente atractivas (el culto a los futbolistas es un ejemplo de actualidad). La ilusión de validez afecta en particular a los expertos en campos difícilmente predecibles, como la política o la bolsa, generando un exceso de confianza en predicciones infundadas y comprometiendo la validez de los juicios de los supuestos especialistas.

          El Sistema 1, diseñado para creer pero no para dudar, es temeroso con la incertidumbre y el azar, de modo que lleva a conclusiones precipitadas aunque capaces de convertirse en historias bonitas. Esta situación psicológica explica por qué el fanatismo, los dogmas y, por qué no, las convicciones, frecuentemente se sustentan en la ignorancia, o en pruebas insuficientes, y por qué el escepticismo (laboriosa operación del Sistema 2) continúa siendo tan impopular y costoso.