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martes, 2 de abril de 2013

Sobre el asesino Charles Darwin y el confesor Joseph Dalton Hooker...


            Mientras camino por los Royal Botanic Gardens de Kew, en la capital inglesa, me viene a la memoria una carta que Charles Darwin dirigió a su gran amigo el botánico Joseph Dalton Hooker, en la que el padre de la teoría de la evolución, base de la biología como ciencia, decía sentir que transcribir esta al papel era “como confesar un asesinato”. Ambos mantuvieron una prolongada correspondencia en la que Darwin mostraba su preocupación por la confrontación que su entonces irreverente teoría presentaba con el dogma religioso. No tardó demasiado en comprobar que no sólo fue rechazada por la Iglesia, sino también por la clase política e incluso la propia ciencia decimonónica.



Sir Josehp Dalton Hooker (1909), por George Eastman Cook, óleo sobre lienzo,
39,5x33 cm, en los Royal Botanic Gardens, Kew (Inglaterra).

sábado, 1 de septiembre de 2012

Sobre el pulgar del panda, Stephen Jay Gould y el mecanismo evolutivo...


            Señala el controvertido biólogo evolutivo y paleontólogo Stephen Jay Gould, en su genial ensayo El pulgar del panda (1980), que los órganos bien adaptados, como el ojo, no pueden usarse como prueba de la teoría de la evolución, puesto que este tipo de órganos pueden ser explicados con relativa facilidad en términos de una creación divina o especial. Sin embargo, otros órganos como el apéndice de los humanos o el falso pulgar del panda, sí proporcionan esa evidencia. Se entiende que tales imperfecciones e improvisaciones no serían nunca obra de un creador divino, aun a riesgo de que algún creacionista acérrimo pueda postular la voluntariedad de un dios creador en la propia imperfección.



Tian Tian, hembra de panda gigante en el zoo de Edimburgo (Escocia), acuarela sobre papel por Jenny Odkknow.



            Aunque el primero en profundizar en el asunto fue Delbert Dwight Davis, publicando en 1964 el ya clásico estudio "The giant panda: a morphological study of evolutionary mechanisms", el falso pulgar del panda alcanzó la notoriedad popular dieciseis años después con la obra de Jay Gould. De forma más reciente, en 2006, un equipo dirigido por Manuel J. Salesa, del CSIC, publicó al mismo respecto el artículo "Evidence of a false thumb in a fossil carnivore clarifies the evolution of pandas", en el cual se estudia a Simocyon batalleri (Viret, 1929), un carnívoro extinto pariente del panda rojo (Ailurus fulgens, Cubiet, 1825), presente en la península ibérica hace nueve millones de años, y que contribuye a conocer mejor la evolución de los pandas por haber desarrollado, de forma paralela, un falso pulgar que le permitía trepar a las ramas más delgadas de los árboles y evitar así el acoso de sus depredadores, entre ellos los tigres de dientes de sable (Smilodon, Lund, 1842).

        El panda gigante (Ailuropoda melanoleuca, David, 1896), especie bandera convertida en icono de la conservación, dispone de un pulgar no oponible, como la mayoría de los carnívoros, desde los inicios de su historia evolutiva, cuando se separó del tronco principal de los osos hace unos diecisiete millones de años. Posteriormente, cuando el nicho ecológico en el que se hallaba se transformó y las hojas de bambú pasaron a ser el elemento fundamental de su dieta en detrimento de la carne, disponer de algo parecido a un pulgar oponible con capacidad prensora para arrancar las hojas de los tallos era una notable ventaja adaptativa. Consecuentemente, en A. melanoleuca, un espolón similar a un pulgar se hiperdesarrolló como modificación del hueso sesamoideo radial de la mano, tal como prueban los primeros registros fósiles encontrados y datados en la transición Plioceno-Pleistoceno.

            Por supuesto, se trata de una forma más bien torpe de proporcionarle un pulgar al panda, algo que nadie haría ni remotamente si se dispusiera a diseñar el animal partiendo de cero. El mecanismo de la selección natural actúa sobre el animal según como es y lo adapta como bien puede al entorno en el que resulte hallarse. No produce ineludiblemente el mejor organismo,  ni siquiera el más eficiente… sólo aquello mejor que pueda transformar partiendo de lo que tiene a mano. En ocasiones, como en el caso del panda, el resultado presenta un aspecto inexcusablemente provisional.



 
Carpos y metacarpos de la mano derecha de Ailuropoda melanoleuca (vista dorsal).
Obsérvese el sesamoide radial (rs) hiperdesarrollado en el lado opuesto al pulgar original.


Carpos y metacarpos de la mano derecha de Ailuropoda melanoleuca (vista ventral).
Ilustraciones procedentes de "The giant panda: a morphological study of evolutionary mechanisms" (Davis, 1964). 

lunes, 16 de julio de 2012

Sobre la hibridación entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens)… ¿anécdota o romanticismo? (2 de 3)


Nuevamente la morfología produce debates que se antojan irresolubles desde incluso la propia morfología y que parecen enquistarse en posicionamientos personales. Algunos investigadores defendieron a ultranza, hasta 2010, que neandertales y cromañones tuvieron que cruzarse, basándose en el convencimiento de que nuestra especie es altamente sexual y que no es razonable pensar lo contrario. Incluso algunos de ellos sostienen que se trata de la misma especie (tomando la definición de especie según el criterio biológico de reproducción con descendencia fértil, imposible de aplicar en restos fósiles),  pero tal vez las diferencias morfológicas existentes (por ejemplo, en la forma de la pelvis) hacían inviables que hubiera descendientes de cruzamientos mixtos. También según Lalueza Fox, "lo que es evidente es que las diferencias culturales entre neandertales y cromañones debían de ser abismales, incomprensibles para unos y otros, y lógicamente debieron de contribuir a dificultar todavía más el proceso de hibridación".



Neandertal segun el artista plástico belga Dirk Claesen, autor de la exposición "El hombre de neandertal y los mamuts".



Pero, para Svante Pääbo, esta forma de enfocar el debate es errónea: "no estoy interesado en si hubo sexo entre neandertales y humanos modernos, sino en si los neandertales contribuyeron a los genes de los humanos modernos". Una polvareda de largo alcance fue la que se levantó en 2010 con la publicación del borrador del genoma completo de los neandertales realizada por Richard E. Green, del departamento de Evolutionary Genetics del Max Planck de Leipzig (Alemania), y su tropa de colaboradores (entre ellos el propio Svante Pääbo y los españoles Carles Lalueza-Fox, Marco de la Rasilla, Javier Fortea y Antonio Rosas). Por más que algunos de los comentaristas, que abundaron, no parecieran haber entendido gran cosa de lo que Green et al sostenían, su artículo dejaba claros dos aspectos de la evolución humana. El primero, que el cruce entre neandertales y humanos modernos no sólo era posible sino que se había producido de hecho. El segundo, que el intercambio genético había sido muy pequeño, entre el 2 y el 4%, manteniendo separadas las dos especies de Homo neanderthalensis y Homo sapiens. Una y otra afirmación parecen contradictorias entre sí. Los partidarios de la separación al nivel de especie entre los neandertales y nosotros habían sostenido siempre que una hibridación era imposible. Pero si se produjo, ¿por qué quedó limitada a un aporte genético mínimo y esporádico?

          En El sueño del neandertal (2010), Clive Finlayson considera inaceptable, refiriendose al esqueleto infantil hallado en el abrigo portugués de Lagar Velho, la afirmación de que la apariencia de los fósiles sea una indicación de que neandertales y cromañones se apareasen regularmente y en muchos lugares. Finlayson, investigador especializado en los últimos neandertales arrinconados en el peñón de Gibraltar,  no da validez a los resultados publicados sobre el posible híbrido de Lagar Velho, puesto que presuponen el aspecto que se espera de un cruzamiento entre ambas subespecies, con un cierto grado de anatomía intermedia entre uno y otro. Pero no cabe esperar necesariamente que los híbridos sean así. Entre los papiones, los híbridos entre papiones perruno u oliváceo y común o amarillo no son intermedios entre los progenitores. En cambio, la población híbrida es mucho más variable que ninguna de las poblaciones progenitoras, y a menudo muestran nuevos rasgos que no se encuentran en estas últimas.

José María Bermúdez de Castro apunta en su última obra, Exploradores (2012), la existencia de mestizaje, pero no de una manera masiva, porque, de haber ocurrido así, hubiese sido advertido tiempo ha por los genetistas. Los recientes descubrimientos revelan que las poblaciones africanas no tienen nada de neandertales, mientras que los que tenemos los ancestros en Eurasia llevamos entre el 2 y el 4 por ciento de sus genes. No está nada mal, más si tenemos en cuenta que nos quedamos con su sistema inmunitario, lo que nos permitió seguir hacia el Norte. Esto supone que tomamos de los neandertales herramientas biológicas que nos permitieron colonizar el territorio en el que vivían ellos. Se puede decir, según Bermúdez de Castro, que les robamos la cartera.

El mismo autor reconoce que, puesto que probablemente compartamos el 99,99 por ciento de nuestro genoma, el cruce fue factible y, además, con descendencia fértil. Desde el punto de vista biológico podemos decir que somos la misma especie. En la actualidad, la mayor parte de los paleoantropólogos y de los arqueólogos han preferido dejar los nombres (Homo neanderthalensis, Homo sapiens) para facilitar el entendimiento. Desde el punto de vista de los fósiles, la diferencia entre unos y otros es muy grande, por lo que desde la perspectiva paleontológica no parece adecuado renunciar a las dos especies

En "Strong reproductive isolation between humans and Neandethals inferred from observed patterns of introgression", un trabajo publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences, Mathias Currat, del departamento de Genetics and Evolution de la universidad de Ginebra (Suiza) y Laurent Excoffier, del Institute of Ecology and Evolution de la universidad de Berna, en el mismo país, han proporcionado un modelo matemático de lo que pudo ser el contacto entre ambos grupos, cuyo rango temporal y espacial corresponde un intercambio genético llevado a cabo entre 50.000 y 60.000 años atrás en Oriente Próximo. El modelo de Currat y Excoffier pone de manifiesto que, para mantener un nivel tan pequeño de aportación genética (desde machos de neandertales hacia hembras de humanos modernos, por cierto), tuvieron que haberse dado episodios muy limitados de mestizaje, inferiores al 2%. Si tenemos en cuenta la tendencia a la promiscuidad presente en la práctica totalidad de los primates, el hecho de que se produjesen tan pocos mestizajes, y en una única zona geográfica, quiere decir o bien que existieron mecanismos muy fuertes destinados a impedir el cruce entre las poblaciones, o que los híbridos no eran viables más que en ocasiones excepcionales, sin descartar que ambas hipótesis pudiesen darse al mismo tiempo.

En la actualidad, como acierta Camilo José Cela Conde, existen mecanismos culturales que mantienen una casi absoluta separación entre poblaciones de distinto credo religioso en el Oriente Próximo, siendo así que ninguna razón biológica convertiría en inviables los cruces entre judíos y palestinos. Es del todo especulativa cualquier reflexión que pueda darse respecto de la eventual existencia de algo parecido en el corredor levantino de hace medio centenar de miles de años. El modelo de Currat y Excoffier tan solo obliga a tener en cuenta que las posibilidades a las que llevaría la condición genética de los neandertales indicada por Green y colaboradores son muchísimo más grandes que las que llegaron a aprovecharse. ¿Habremos de volver a nomenclar como Homo sapiens neanderthalensis y Homo sapiens sapiens?


La primera parte de esta entrada se puede encontrar pinchando aquí.


domingo, 13 de mayo de 2012

Sobre la inquietud fundamental, Stephen Jay Gould, Theodosius Dobzhansky, Copérnico y Darwin...

          En estos días que releo Ciencia vs Religión: un falso conflicto, la obra de Stephen Jay Gould publicada originalmente en 1999, tres años antes de su fallecimiento, me vienen a la memoria unas notas que, no se cuando ni donde, escribió el renombrado genetista soviético (hoy sería ucraniano) Theodosius Dobzhansky (1900-1975), cofundador de la teoría sintética de la evolución. Dobzhansky apuntaba que "de entre los dos millones o más de especies que hoy pueblan la Tierra", las estimadas a mediados del siglo pasado, "el hombre es el único que siente la inquietud fundamental". El hombre necesita tener una fe, una esperanza y un objetivo para vivir y para dar sentido y dignidad a su existencia. Durante milenios, el hombre buscó esta fe fuera de sí, en una determinada concepción del mundo proporcionada por la religión. Pero, para muchos, esta posición ha sido muy erosionada por el avance de la ciencia, en particular por las revoluciones ligadas a Copérnico y a Darwin.



Diagrama de la evolución del hombre según Ernst Haeckel, en 1876.


viernes, 20 de abril de 2012

Sobre la hibridación entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens)… ¿anécdota o romanticismo? (1 de 3)


          La posibilidad de hibridación entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens) –es decir, iguales a nosotros– o, lo que es lo mismo, la mezcla genética entre ambas especies, viene siendo pregunta recurrente entre especialistas y estudiosos de la evolución humana. ¿Se reprodujeron entre sí los dos grupos humanos? A esta cuestión se venía respondiendo, como bien apunta Antonio Rosas en Los neandertales (2010), en una gradación con tres niveles en la intensidad del cruzamiento: a) no hubo entrecruzamiento, b) existió cierto intercambio genético, pero la influencia neandertal quedó asimilada en el acervo genético de los humanos modernos, y c) el entrecruzamiento fue total dando lugar a una fusión de los genomas. Existe una cuarta vía, sin implicación evolutiva alguna, consistente en la posibilidad de cruzamiento con descendencia estéril, por proceder de dos especies distintas (tanto según el criterio genético más clásico como según el concepto evolutivo de especie propuesto por George Gaylord Simpson en Tempo and mode in evolution, su neodarwinista e influyente obra de 1944, clave para comprender el desarrollo y la historia de la teoría sintética de la evolución).




Neandertal con hijo, dibujo de Sonia Cabello.



Determinados investigadores basan la defensa de la hibridación en dos particularidades morfológicas. De un lado, la supuesta existencia de caracteres típicamente neandertales en los cromañones (sí, es lo mismo que decir sapiens). Del otro, en la reaparición en estos últimos de caracteres primitivos teóricamente ya perdidos por sus antepasados. En ambos casos, la presencia en los cromañones de estos dos tipos de caracteres estaría determinada por el efecto de los genes neandertales incorporados por hibridación en el acervo sapiens. Desafortunadamente, la muestra paleontológica es tan reducida que no permite falsar esta hipótesis con un cierto grado de verosimilitud. Los más antiguos fósiles humanos de morfología moderna se localizan en Rumanía, en la localidad de Pestera cu Oase, con una datación estimada de hace unos 41.000 años. Con edades ligeramente menores se encuentra Brassempouy (Francia), así como Cioclovina y Pestera Muierii (ambos en Rumanía), Mladeč (República Checa) y La Quina Aval y Les Rois (ambos en Francia).

Algunos ejemplos muy debatidos en la literatura especializada han sido la prominencia mesofacial de uno de los modernos de Predmost o la presencia de chignon o moño occipital en algunos especímenes del Paleolítico Superior temprano (por ejemplo, Mladeč). Esta última configuración de la parte posterior del cráneo es constante en los neandertales y su presencia en los cromañones sería evidencia de una posible aportación genética de los primeros. Por su parte, los opositores a la hibridación sostienen que los caracteres típicamente neandertales presentes en el Homo sapiens en realidad son caracteres primitivos compartidos, simplemente procedentes de una antigua herencia evolutiva común.

          Hace ya más de treinta años Richard Leakey anotaba en su reconocida obra La formación de la humanidad (1981), respecto a la transición entre humanos modernos y neandertales, que "más que una sustitución de indígenas [los neandertales], lo que probablemente se produjo fue una asimilación mediante entrecruzamiento. El número de personas que se desplazaron a Eurasia y el Próximo Oriente pudo muy bien ser lo bastante grande, en comparación con la población neandertal residente, como para diluir muy considerablemente el efecto de los genes de neandertal. Ello explicaría la rápida desaparición de los rasgos característicos de los neandertales en el registro fósil. La gente actual de esta parte del mundo debería, por tanto, considerar probable que haya heredado por lo menos algunos genes neandertales".

          Christopher Stringer y Clive Gamble, autores de En busca de los neandertales (1993), reconocían entonces no tener la certidumbre de que los rasgos neandertales antes reseñados (prominencia mesofacial y moño occipital) identificasen realmente los frutos de un supuesto mestizaje, pero incluso suponiendo que así fuera, pensaban que tales casos constituirían más bien una excepción a la regla, y que el flujo génico de hibridación entre ambas poblaciones resultó de un calado mínimo. Los mismos autores manifiestan en idéntica obra que situar a los neandertales como una especie distinta depende de dónde se coloque el énfasis, bien en las diferencias anatómicas y etológicas entre ellos y nosotros o bien en los rasgos que nos son comunes, "aunque su patrón anatómico desaconseja su clasificación dentro de nuestra propia especie". Ahora bien, la no inclusión de un humano fósil en la categoría Homo sapiens a partir de su anatomía no implica necesariamente que el individuo fuera incapaz de cruzarse con humanos anatómicamente modernos. Especies biológicas estrechamente emparentadas son a menudo interfértiles, y su cruzamiento puede o no dar lugar a descendencia fértil. Los lazos entre neandertales y cromañones debían de ser muy estrechos, y tal vez no existiera barrera genética a un eventual cruzamiento. Seguramente las barreras que los mantenían como entidades separadas y específicas eran predominantemente de tipo conductual.

          José Luis Arsuaga (escéptico hoy ante lo "romántico e anecdótico" de una posible hibridación) e Ignacio Martínez, apuntaban en La especie elegida: la larga marcha de la evolución humana (1998) que "no conocemos fósiles de híbridos entre ellos [neandertales] y nuestros antepasados [cromañones]; por otro lado, los europeos actuales no portamos genes heredados de los neandertales. Ahora bien, el que hubiera poco intercambio de genes no quiere decir que fuera imposible, y ésta es la condición que impone el criterio genético de especie".

          En La otra humanidad. La Europa de los neandertales (2003), Luis G. Vega Toscano se apoya en ciertos análisis del paleoADN, clonados en distintos laboratorios, tras la recuperación del ejemplar original de la cueva de Feldhofer, publicado en 1997, y de un individuo infantil procedente del yacimiento de Mezmaiskaya, situado en el Cáucaso, publicado en 2000, para sugerir que la distancia genética de los neandertales respecto a las poblaciones humanas actuales evoca una separación de ambos linajes de al menos medio millón de años, de tal modo que excluye cualquier contribución genética de los neandertales a la formación del hombre moderno y, por tanto, neandertales y sapiens deben tratarse como especies distintas. Sin embargo, refiriéndose párrafos después a la compleja situación del encuentro entre neandertales y humanos modernos en el Próximo Oriente, reconoce numerosas hipótesis, aunque ninguna de ellas totalmente satisfactoria, siendo la más atractiva de ellas aquella que contempla hibridaciones de algún tipo, fruto de la coexistencia de sapiens y neandertales en la misma región durante milenios.

          Carles Lalueza Fox, autor de Genes de neandertal (2005), dedica un capítulo de su premiada obra a la posible hibridación entre neandertales y cromañones, refiriendo a los ejemplares de Lagar Velho 1, descubierto en 1999, o el neandertal del nivel chatelperroniense de Saint Césaire, que muestra un poco de mentón en su mandíbula y una naríz más estrecho de lo que es habitual en los neandertales menos tardíos. En el bando contrario, uno de los desaparecidos cráneos cromañones de Predmost presenta una nariz bastante prominente, y un cráneo de Mladeč muestra un occipital grande y redondeado. Ambos rasgos recuerdan a los cráneos neandertales, pero no son en absoluto definitorios; de hecho, el resto de los rasgos craneales corresponden plenamente a los de los humanos modernos. Jose Luis Arsuaga añade que "no hay nada en los cráneos de Mladeč que señale una relación con los neandertales, bien sea de descendencia directa, o bien de cruce entre ellos y los humanos modernos". Lalueza Fox concluye en la no certeza sobre el cruzamiento entre neandertales y cromañones, pero "si los hubo, éstos debieron ser claramente minoritarios y fallidos desde un punto de vista evolutivo".



La segunda parte de esta entrada se puede encontrar pinchando aquí.



domingo, 25 de diciembre de 2011

Xavánte vs Kayapó... ¿Cambios socioculturales que aceleran la evolución en los humanos modernos?


En  la última edición de Proceedings of the National Academy of Sciences sorprende encontrar un estudio que afirma que la cultura, unida a las barreras geográficas y lingüísticas de un grupo, puede acelerar sus cambios evolutivos. Por ello, los autores de este artículo, un equipo internacional, defienden que “la coevolución genético-cultural podría ser el modo dominante de la evolución humana moderna”.



Mujer Xavánte, fotografiada por Elza Fiúza en 2007.


La investigación se realizó comparando las características geográficas, climáticas, físicas y los patrones genéticos de 1.203 personas de seis poblaciones indígenas americanas que habitan en la Amazonia brasileña y parece indicar que la cultura de uno de los grupos, distinta a la del resto, contribuyó a que su fenotipo cambiara más rápidamente, de tal modo que “el medio ambiente cultural es más importante y determinante que el medio ambiente natural en la evolución de las poblaciones humanas modernas”. Los autores del trabajo afirman igualmente que “los estilos de vida de las sociedades modernas, la dieta, el tabaquismo, el sedentarismo y ciertas enfermedades, sin olvidar los factores genéticos, configuran un medio ambiente cultural que incide en la expresión de algunos fenotipos”.

Cuando se analizaron las medidas craneales de los habitantes de estos pueblos amerindios, se observó que la etnia Xavánte es la que más se diferencia del resto y los análisis de la variación en la forma de la cabeza apuntan a que evolucionaron hacia cabezas más alargadas, caras más altas y angostas y narices más anchas. El mismo análisis de estas características físicas muestra que su morfología evolucionó casi cuatro veces más rápido que, por ejemplo, el de su pueblo hermano, los Kayapó, de los que se separaron hace 1.500 años. Un clima distinto y la separación geográfica de esta población respecto a las otras cinco no parecen haber influido en sus características físicas. Sin embargo, el aislamiento cultural y la selección sexual de esta tribu sí podrían haberlo hecho.



Chica Kayapó en Aukre, en la región del río Xingu, Amazonia brasileña.
La fotografía es de Cristina Mittermeier, que publica este excelente blog.


El estudio también afirma que los grupos humanos que proceden de un antepasado común reciente pueden experimentar diferentes ritmos de divergencia fenotípica, probablemente como respuesta a diferencias sociales o culturales determinantes, además de que algunos fenotipos también pueden evolucionar rápidamente como respuesta a procesos mediados por la cultura.

Buscando información en la red sobre los Xavánte, se puede encontrar una publicación anterior en la que se demostró que en una aldea la cuarta parte de la población eran hijos de un solo jefe que tenía cinco esposas. De ahí que la selección sexual favorezca a los socialmente mejor posicionados.

Los resultados del trabajo apoyan la hipótesis de que “los genes y la cultura coevolucionan y a menudo revelan patrones y tasas de cambio atípicas”, y así los responsables de la investigación proponen que la hipótesis de la coevolución entre los genes, fenotipos y la cultura sea tenida más en cuenta en los debates de la evolución humana moderna.

       ¿Qué clase de coevolución es la referida? Es decir, ¿qué partes ocupan la genética y la cultura? ¿Hasta donde alcanza el medio ambiente sociocultural? Con las reservas propias de la cuestión, volveremos sobre el asunto cuando se empiecen a conocer las reacciones de la comunidad antropológica a tan controvertido estudio.


Tábita Hünemeier, Jorge Gómez-Valdés, Mónica Ballesteros-Romero, Soledad de Azevedo, Neus Martínez-Abadías, Mireia Esparza, Torstein Sjøvold, Sandro L. Bonatto, Francisco Mauro Salzano, María Cátira Bortolini y Rolando González-José. “Cultural diversification promotes rapid phenotypic evolution in Xavánte Indians”. PNAS. Doi:10.1073/pnas.1118967109.

martes, 1 de noviembre de 2011

Sobre Surtsey, donde la evolución no ha hecho más que empezar...

En una entrada anterior, a propósito de la reciente erupción volcánica submarina en las proximidades de La Restinga, al Sur de la isla de El Hierro, se anotó la propiedad surtseyana de este proceso eruptivo. Aún cuando hoy se siguen produciendo eventos sísmicos (a la fecha de esta entrada son ya 10708 desde el pasado 15 de julio) y el más reciente, producido ayer lunes, alcanzó los 3,9 grados en la escala Richter, pudiendo observarse piroplastos humeantes en la superficie del mar próxima a La Restinga, parece totalmente descartado la creación de una nueva isla como sucedió hace casi cincuenta años con Surtsey.

Surtsey, que toma su nombre de Surtur, dios escandinavo del fuego, es una isla en Islandia que nació cuando el actual presidente de la República islandesa apenas alcanzaba la veintena de años, lo que es decir, la isla es más joven que el actual presidente del país al que pertenece, y que casi todos los presidentes de Europa (y del mundo). Es, de hecho, una de las islas más jóvenes del planeta.



Imagen de Surtsey tomada el 12 de junio de 2001 por el satélite IKONOS (Fuente: NASA Earth Observatory).



Surtur llega del sur
abrasa las ramas,
fulgura la espada
del dios de los muertos:
las montañas chocan,
los monstruos se derrocan,
pisan las vías de Hel
y el cielo se raja.
(Völuspá: La Profecía de la Vidente. Estrofa 52)


Surtsey nace a partir del 14 de noviembre 1963, según observó un pescador islandés que dio aviso a las autoridades sobre una columna de humo que se abría paso en mar abierto a 32 kilómetros al sur de Islandia, cerca de las Islas Westman (Vestmannaeyjar). Entonces, una violenta explosión volcánica da comienzo al proceso de formación, durante casi cuatro años, de una nueva porción de tierra aislada. La erupción, que se inicia a 130 metros por debajo del nivel del mar, alcanza a salir a la superficie en pocos meses y sumar un máximo de 270 Ha de tierra emergida, en la actualidad estabilizada en 141 Ha. Junto con Surtsey, se formaron otras dos islas hoy desaparecidas. Desde entonces, se ha convertido en un verdadero laboratorio para biólogos y científicos que observan como nuevas especias van colonizando la isla paso a paso.

En esta isla se puede verificar la precisión de las ideas de Lyell, algunas heredadas de Hutton, según las cuales a la elevación inicial sucede un hundimiento gradual (subsidiencia) alrededor de los cráteres, confirmando el equilibrio compensatorio de los movimientos del suelo. A pesar de la erosión constante y la pérdida de altura del terreno, propio del asentamiento natural de los sedimentos volcánicos, se estima que la isla tiene pocas probabilidades de desaparecer. Hacia finales de la década de 1960, hongos, bacterias y la primera planta vascular se sumaban a unas diez especies presentes, un número que hoy se eleva a varios centenares, incluyendo hongos, líquenes, 89 especies de aves y 335 especies de invertebrados. La evolución de un ecosistema desde cero, le ha servido a Surtsey para ganar el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2008.



Evolución del contorno de Surtsey entre 1967 y 2002.



Un dato curioso: de las 490 especies de plantas presentes en Islandia, unas 30 ya se han establecido en la isla. Por su parte, las aves se asentaron sólo tres años después de finalizar la erupción. Desde 1984, se ha estabilizado una colonia de gaviotas, a las que se sumaron en años posteriores frailecillos del Atlántico, entre otros. La fauna marina también ha proliferado en torno de la isla, siendo un lugar de cría para focas grises, además de un ámbito en el que merodean las orcas. Bajo el agua, un nuevo ecosistema de erizos, algas y estrellas de mar han ido poblando las laderas del volcán.

          Hoy en día, sólo un grupo reducido de científicos están autorizados a aterrizar en Surtsey. Aunque siempre se procura no introducir ninguna especia foránea, es el mismo hombre quien pone en riesgo la pureza evolutiva del archipiélago. En una ocasión una planta de tomate comenzó a echar raíces cerca de la cabaña que usan los investigadores, por una incorrecta gestión de los residuos, aunque por fortuna fue rápidamente destruida. Aún con errores tan humanos, observar la evolución de un “nuevo mundo” desde cero no es una oportunidad que se presente muy a menudo: Surtsey es la única isla del planeta que desde su nacimiento, fue protegida y convertida en un enorme laboratorio al aire libre.




Mapa geológico de Surtsey en el año 2000, elaborado por Sveinn P. Jakobsson, del IINH.



Para quien pretenda profundizar en Surtsey, su geología, biología o ecología, se recomiendan las siguientes publicaciones:
  • Fridriksson, Surtsey: Ecosystems formed, University of Iceland Press, 2006.
  • Fridriksson, Surtsey: Evolution of life on a volcanic island,  Butterworth, 1975.
  • Lasky and Knight, Surtsey: the newest place on earth, Houghton Mifflin, 2001.
  • Thorarinsson, Surtsey: New island in the north atlantic, Littlehampton, 1969.
  • Sycamore, Surtsey: Birth of an island, Celebration Press, 2003.  

No menos interesante resulta la web de The Surtsey Research Society, un excelente repositorio que amplia todo tipo de información relativa a la isla e incluye un completo listado de artículos científicos sobre la evolución de Surtsey desde 1963.

      lunes, 17 de octubre de 2011

      Sobre leer a Darwin y leer sobre Darwin...

      Un paseo por las librerías nos puede dar la impresión de que hay una industria editorial muy activa, a pesar de la crisis, en cuanto a publicar libros sobre evolución, sobre Darwin o sus obras antes no traducidas. Un clamor mundial recordó en 2009 los 200 años de Darwin y los 150 de El origen de las especies. Y los lectores están de enhorabuena porque hay una buena cosecha donde escoger: por un lado, los libros que analizan el impacto de las ideas de Darwin y, por otro, las biografías. Este caballero victoriano protagonizó una vida dramática. De hecho, existen varias novelas inspiradas en sus andanzas, en especial su viaje a bordo del Beagle. Y también en 2009 se estrenó el largometraje Creation dirigido por Jon Amiel. El guión de John Collee se basa en Annie’s Box, una biografía intimista escrita por Randal Keynes, tataranieto de Darwin.


      Montaje original en la exposición bibliográfica Darwin: d’on venim? (2009), organizada por la Biblioteca Montilvi,
      perteneciente a la Universitat de Girona. Edición digital posterior por Marcos A. Castro.



      Sobre Darwin…

      De las biografías publicadas en castellano recientemente se puede escoger desde la escrita por los tres principales biógrafos de Darwin (Desmond, Moore y Browne) hasta la monumental (literalmente) obra de Browne en dos volúmenes de más de 700 páginas cada uno. La ventaja de la primera es que no se puede escribir más y mejor sobre Darwin en menos páginas. La de Janet Browne, historiadora de la ciencia en Harvard, es, a juicio de José Manuel Sánchez Ron, «no una de las mejores biografías de científicos que existen, sino una de las mejores biografías jamás escritas». La revisión científica de la espléndida traducción de Julio Hermoso, a cargo del historiador de la biología Jesús Català, es sin duda un valor añadido de esta obra historiográficamente impecable que se lee como una novela. Browne es autora además de un librito dedicado en exclusiva a la gestación, publicación e impacto de El origen de las especies.

      Otras biografías muy recomendables son la de David Quammen, tan documentada como agradable de leer, y una aproximación, eficaz y breve, a la vida y obra de Darwin escrita por el historiador Francisco Pelayo. Para aquellos interesados en los contextos de largo alcance, lo ideal es el libro del veterano historiador José María López Piñero, que se recrea en los estudios naturalistas antes de Darwin y en las repercusiones posteriores de sus ideas. Sin embargo, el libro de Tim Berra es un relato epidérmico totalmente prescindible.

      La industria Darwin se completa con los estudios sobre su obra. El ecólogo Juan Moreno ofrece un amplio panorama actual de la teoría evolutiva mientras que los filósofos Michael Ruse y Chris Buskes ofrecen sendos ensayos sobre el impacto de las ideas evolucionistas en todos los terrenos, más allá de las ciencias de la vida. Por su parte, el paleontólogo Niles Eldredge planteó una obra de acompañamiento a la gran exposición sobre Darwin que empezó su andadura en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en 2007, y finalizó en el de Londres, en abril de 2009. Una versión de esta exposición, adaptada por la Fundación Gulbenkian, se apreció en julio de 2009 en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Carlos López Fanjul ha coordinado, para el Colegio Libre de Eméritos, una obra colectiva sobre los impactos científicos y sociales del darwinismo, disponible en la red. Finalmente, los bibliópatas se pueden deleitar con la detallista obra de Alberto Gomis y Jaume Josa que repasa la historia de las ediciones de Darwin en España. Llama poderosamente la atención no sólo el abandono de la cultura en español por la obra del naturalista inglés sino la interminable picaresca de las reediciones que se han sucedido a lo largo del siglo XX y que todavía siguen.


      Darwin traducido…

      Precisamente, la pormenorizada erudición de Gomis y Josa viene a demostrar la pobreza del panorama de la obra traducida de Darwin. Los únicos libros en castellano reeditados recientemente son El origen de las especies, el Viaje del Beagle y la Autobiografía. Las traducciones más asequibles de los dos primeros son, respectivamente, las de Antonio de Zulueta y la de Juan Mateos, ambas de 1921. Teniendo en cuenta la senescencia de cualquier traducción, hubiese sido lógico hacer un esfuerzo de actualización por parte de empresas editoriales potentes, como son Espasa-Calpe o Alianza, que están reimprimiendo estas versiones de hace casi noventa años con reclamos confusos como «edición conmemorativa» o consignando que se trata de primeras ediciones, que lo serán en el formato pero no en el contenido.

       Paradójicamente, después de tanto abandono y descuido, existen hoy en día dos proyectos ambiciosos de traducción al español de la obra completa de Darwin. Por un lado, el consorcio CSIC-UNAM-Academia Mexicana de Ciencias, en colaboración con la editorial Los Libros de la Catarata, lleva publicados cuatro títulos. La editorial navarra Laetoli inició en 2007 la Biblioteca Darwin dirigida por el profesor de periodismo científico y escritor Martí Domínguez, que ofrece de momento tres títulos, de los cuales destacaré la Autobiografía de Darwin. Conviene avisar que de dicha autobiografía se publicaron dos versiones. La inicial, a cargo de su hijo Francis y bajo el férreo control de su viuda Emma Wedgwood, apareció mutilada en todo aquello que hacía referencia a opiniones sarcásticas sobre personas y, sobre todo, acerca de la religión. No fue sino hasta 1958 que su nieta Nora Barlow restituyó todos los pasajes censurados. La edición que publica Laetoli sigue esta versión y destaca en negrita aquellos pasajes que, hijo y viuda, habían omitido.


      Juli Peretó es Doctor en Ciencias Químicas, en la especialidad de Bioquímica, por la Universidad de Valencia. Actualmente desarrolla su labor en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva, perteneciente a la Universidad de Valencia. En los últimos años ha impartido docencia y realizado investigaciones en el campo del origen de la vida, la evolución del metabolismo y la historia de las ideas sobre el origen de la vida. Autor de numerosos libros y artículos, publica además El Buit del Temps, un interesante blog de divulgación científica, aunque en catalán.