jueves, 10 de octubre de 2013

Sobre la vida de las mujeres, Alice Munro, Oriente y Justo San Felices...

            Cuando vivíamos en aquella casa del final de Flats Road, y antes de que mi madre aprendiera a conducir, solíamos ir juntas a la ciudad andando; la ciudad era Jubilee, a un kilómetro y medio de distancia. Mientras ella cerraba la puerta con llave, yo tenía que correr hacia la verja y mirar a ambos lados de la carretera, parar asegurarme de que no venía nadie. ¿Quién podía estar en esa carretera, aparte del lechero y de tío Benny? En cuanto hacía un gesto de negación, ella escondía la llave debajo del segundo poste del porche, donde se había podrido la madera dejando un pequeño hueco. Creía en los robos.

            Dando la espalda al pantano de Grenoch, al río Wawanash y a unas colinas lejanas, peladas y boscosas a la vez, que, a pesar de haber estudiado los accidentes geográficos, cría que eran el fin del fundo, enfilábamos Flats Road, que por ese extremo era poco más de dos surcos separados por una vigorosa franja de llantén y pamplina.

(“La vida de las mujeres”, Alice Munro, 1971)



Oriente, por Justo San Felices. 50x55 cm, acuarela sobre papel. En Galería Van Dyck (Gijón).

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