viernes, 26 de agosto de 2011

Sobre DETER, fiscal de la deforestación en la Amazonia...

Podríamos llamarlo incontinencia. Ese es el término que mejor define la más que denunciada deforestación y degradación de la Amazonia del Brasil. A pesar de la mejoría observada durante los últimos años y al compromiso gubernamental de una mayor protección de la selva amazónica, en 2011 los datos obtenidos por vía satélite reflejan los excesos de la tala masiva. Basta entrar en el web del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE), dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno brasileño, para ver que durante el mes de julio de este año (último dato disponible) han sido arrasados otros 225 km², alcanzando una cifra de 2654,44 km² en lo que va de 2011. Brasil, el quinto país más grande del mundo con 8.514.877 km², cubre con selvas y bosques más de la mitad de su extensión, principalmente situados en la cuenca amazónica. De entre estas vastas extensiones vegetales sólo algo menos de dos millones de kilómetros cuadrados se encuentran protegidas por Ley, permaneciendo el resto en propiedad privada (con un 4,5% de propietarios terratenientes que poseen el 81% de las tierras) o en situación irregular.


 En Novo Progresso, estado de Pará, zona de selva arrasada para cultivo de soja.

 

 

         La tala masiva alcanzó sus mayores cotas en Brasil durante 2004, año en que fueron devastados 27.000 km² (una extensión muy próxima a la de toda Galicia o el equivalente a más de cinco millones de campos de fútbol) y, aunque desde entonces la tendencia ha sido decreciente, los resultados no son los prometidos por el Gobierno de Brasilia, y a ello ha contribuido una reforma del Código Forestal aprobada el pasado mes de mayo, que deriva en una legislación sin duda más laxa con los infractores favoreciendo el avance de la frontera agropecuaria, y que se ha convertido en uno de los primeros pasos atrás en materia ambiental de la nueva presidenta Dilma Rousseff. El mismo día de su aprobación una pareja de activistas que luchaban contra la tala ilegal fue asesinada en el norte del país.

          En la detección satelital, el INPE utiliza una herramienta de alerta y fiscalización forestal denominada DETER (Detecção do Desmatamento em Tempo Real) que opera desde 2004 y utiliza imágenes de los sensores Modis en el satélite Terra/Aqua y WFI en el satélite CBERS, con una resolución espacial de 250 m que posibilita la detección de polígonos deforestados con área superior a 25 Ha, aunque no todas las talas pueden ser identificadas debido a la eventual nubosidad. El sistema detecta tanto áreas de corte raso, cuando el sensor observa ausencia completa de la cubierta vegetal, como áreas de degradación progresiva. Si bien los datos aportados por DETER son importantes indicadores para los órganos competentes, el INPE utiliza otra herramienta que trabaja con mejor resolución, PRODES, para calcular la tasa anual de deforestación. En cambio, la menor capacidad resolutiva del primero se ve compensada por la capacidad de observación diaria, convirtiendo a DETER en una herramienta de información en tiempo real. 


Deforestación en Brasil entre agosto de 2010 y julio de 2011 (Fuente:INPE) 


          Aunque Brasil manifiesta sus intenciones de liderar una causa verde mundial, desde su posición de potencia emergente y rica en recursos naturales, la industria agrícola sigue imponiendo la lógica del latifundio y el uso de pesticidas frente a un modelo menos agresivo, más basado en la agricultura familiar, que defienden los ecologistas y que precisaría en Brasil de una verdadera reforma agraria. Mientras, aumentan los crímenes contra el medio ambiente y crece la represión de los líderes de los movimientos sociales en el campo. Entre mayo y junio murieron cuatro ambientalistas en el norte del país, lo que llevó al Gobierno federal a anunciar una ofensiva de las Fuerzas Armadas para investigar esos fallecimientos y contener la espiral de violencia en la región.

 
Un breve, pero muy interesante, artículo sobre la deforestación en Brasil, escrito por Eliane Ceccon,
del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, se puede encontrar aquí.
 

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