sábado, 7 de enero de 2012

Chávez reductio ad absurdum… O miserum te si intelligis, miserum si no intelligis!

          Muchos lectores del blog conocen mi relación con la República Bolivariana de Venezuela, lo que casi me obliga periódicamente a plasmar en forma de entrada algunas reflexiones sobre la situación del país. Trata uno, desde la distancia, de ser ecuánime y objetivo, así es que leo las páginas de los periódicos chavistas y las de los antichavistas, zapeo entre VTV y Globovisión, pero aún así las cuentas no cuadran. La realidad se recrudece, el padecimiento no mengua, y las pistoladas chavistas cada día son más deprimentes.

          El comandante Chávez concurrirá el próximo 7 de octubre en los comicios presidenciales seguramente más decisivos de su trayectoria política, para los que ya varias encuestas privadas (o sea, no financiadas, en alguna u otra forma, por el gobierno) le dan por primera vez como potencial perdedor. Nada acostumbrado a la prudencia en sus manifestaciones, las coyunturas electorales, que excitan las meninges de cualquiera, han llevado al presidente venezolano hacia toda una colección de non plus ultra en las últimas semanas. De hecho, para mañana domingo anuncia que retoma su programa dominical Aló Presidente, siete meses después de haber sido cancelado poco antes de ser intervenido en Cuba de un tumor cancerígeno. "En verdad que sin el Aló Presidente los domingos no se aguantan de fastidio así que vuelve el Aló Presidente y prometo por lo menos cinco horas". Para 2012 el programa tiene un presupuesto asignado de casi seis millones de bolívares fuertes, y las 375 emisiones hasta ahora retransmitidas han supuesto un desembolso de más de cien millones de bolívares fuertes de los fondos del Estado. En estos doce años años, se ha podido ver a Chávez cantar, bailar, insultar, contar chistes y utilizar los recursos estatales para impulsar al PSUV y su proyecto personal, lo cual, cuando menos, se podría entender como malversación de los fondos públicos.



Chávez, el pasado octubre, durante una recepción a representantes bielorusos (Fotografía: Carlos García Rawlins).



          El de Sabaneta, durante el discurso por el fin de año a la Fuerza Armada, sugirió que los Estados Unidos podrían estar detrás de la aparente epidemia cancerígena (sic) que afecta a cinco mandatarios de Latinoamérica, todos ellos de vitola izquierdista. Además del propio Chávez, que viene de recibir prolongadas sesiones de quimioterapia en Cuba, también se han visto afectados el presidente paraguayo Fernando Lugo, el expresidente brasileño Lula, su sucesora Dilma Rousseff y, la última, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (aunque hoy mismo se comunicó la ausencia de cancer en su glándula tiroidea). La insidiosa insinuación chavista se apoya en los experimentos efectuados por médicos norteamericanos en Guatemala entre 1946 y 1948, recientemente confirmados, durante los cuales se inocularon enfermedades venéreas a cientos de guatemaltecos utilizados como conejillos de Indias.

          Chávez recalcó que, en cualquier caso, no acusa a nadie sino que está haciendo uso de su libertad de reflexionar y emitir comentarios: "Bueno, es un poco difícil explicarlo, razonarlo, incluso utilizando la ley de probabilidades (sic). Fidel siempre me dijo 'Chávez ten cuidado porque tú te le tiras a la gente encima. Cuidado, esta gente ha desarrollado tecnologías, tú eres muy descuidado. Cuidado con lo que comes, con lo que te dan de comer, con una pequeña aguja y te inyectan no sé qué'. Bueno, uno anda en las manos de Dios".

          No cabe duda que Estados Unidos ha hecho cosas peores en América Latina, como firmar la autoría intelectual del derrocamiento y muerte de Salvador Allende, presidente democrático de Chile, en 1973, o el intento de asesinato de Fidel Castro. Pero, incluso siendo técnicamente posible la "contaminación cancerígena", la Casa Blanca y el Pentágono tienen hoy cosas más importantes en su agenda que esa guerra ad personam. Por una parte, la caída del bloque soviético, y con ella el ocaso del comunismo, permite a Washington convivir con los resultados electorales de cualquier país latinoamericano, por mucho que estos se escoren hacia la izquierda. Incluso ¿qué interés pudiera tener en deshacerse de Lula o de Rousseff a los que, por el contrario, cabría ver como la garantía de que el chavismo no pasará? Chávez, embebido de su vanagloria, se otorga mayor importancia de la que Estados Unidos le concede.

          Ayer viernes, durante la visita del comandante a la Basílica Menor de Nuestra Señora de Coromoto, en Guanare, estado Portuguesa, el comandante designó al general en jefe Henry Rangel Silva nuevo ministro de la Defensa en sustitución de Carlos Mata Figueroa, ahora candidato por la fórmula oficialista para la Gobernación del estado Nueva Esparta. Rangel Silva, etiquetado por sus supuestos vínculos con las FARC y por el escándalo de la valija, ha sido fuertemente cuestionado por la opacidad en el manejo administrativo de los cargos que ha venido ocupando y ha declarado públicamente el desacato al artículo 328 de la Constitución al jurar lealtad a una persona y no a la Nación. Además, como bien se encarga hoy de recordar la candidata de la oposición María Corina Machado, ha amenazado al pueblo abrogándose el derecho de desconocer al nuevo comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que pueda salir de las próximas elecciones, lo que parece indicar que presiente que la voluntad popular se va a expresar a favor de un cambio. Por cierto, que nadie olvide su participación junto a Chávez en el golpe de estado en febrero de 1992.



Mahmud Ahmadinejad en Teherán, durante la campaña electoral de 2009 (Fotografía: Abedin Taherkenareh).



          Si hoy sábado fue el presidente peruano Ollanta Humala quien fue recibido en Puerto Ordaz por Chávez, pasado mañana lunes hará lo propio con Mahmud Ahmadinejad, su homónimo iraní en su quinta ya visita a Venezuela, mientras la tensión aumenta en el Golfo Pérsico por la presencia militar estadounidense y las advertencias del gobierno iraní de bloquear el estrecho de Ormuz. Lo que Irán busca en Venezuela, y en el resto de países de su gira, es marcar una postura desafiante hacia la Casa Blanca y, de paso, romper el cerco internacional que podría derivar en sanciones, además de asegurarse la provisión de materias primas. Sin embargo, la tournée sudamericana de Ahmadinejad que incluye Ecuador, Cuba y Nicaragua, además de Venezuela, carece de trascendencia mayor ya que, a día de hoy, cualquier intento de alianza con Sudamérica pasa necesariamente por Argentina y Brasil. Con todos los respetos para los países visitados, Admadinejad entra por el patio trasero.

         El presidente Chávez forzó la alianza con Irán en 2006, justo cuando el régimen de Ahmadinejad era firmemente cuestionado por Estados Unidos y por la comunidad internacional debido su política de desarrollo nuclear. La relación ha ido in crescendo desde entonces, alimentada con visitas mutuas, condecoraciones y con proyectos que demandarían, según lo anunciado, inversiones por más de tres mil millones de dólares, como la instalación de una planta cementera, una fábrica de munición y una ensambladora de automóviles iraníes en Venezuela y una balanza comercial, escasa por lo pequeña pero ampliamente favorable para Teherán, que pasó de trece mil dólares en 2005 a ochenta millones en 2011.



El difunto Gadafi gesticula con una vara de mando verde tras unos cristales antibala,
durante un desfile militar en la Plaza Verde de Trípoli durante 2009 (Fotografía: Ben Curtis).


          La primavera árabe, de la que Chávez no quiere oír ni hablar, y de la que escasa información se encarga de que llegue al venezolano de a pie, también pasa factura a la imagen del líder bolivariano. El Hugo Chávez Stadium, inaugurado el 5 de marzo de 2009 en Benina, Libia, fue renombrado el pasado 8 de marzo como Martyrs of February Stadium (Los Mártires de Febrero), por el Consejo Nacional de Transición libio, en honor de aquellos que murieron en el levantamiento popular contra el régimen de Gadafi. Vetustas pauca non depravat, multa tollit.


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