jueves, 10 de noviembre de 2011

Sobre Manuel Toharia: cambio climático, escepticismo y show business...

Sin duda que la conferencia ofrecida esta mañana por Manuel Toharia en Gijón no fue una de las que se puedan guardar para el recuerdo. Como inauguración de la II Jornada sobre Medio Ambiente y Cambio Climático, organizada y patrocinada por la Cátedra Telefónica en la Universidad de Oviedo con la colaboración de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, el popular divulgador científico, amén de otros cargos sobradamente conocidos, disertó por espacio de una hora alrededor de los mitos y realidades del cambio climático e, inherentemente, de su carácter global.



 Summer evening wheatfield with setting sun (1888), de Vincent Van Gogh, en Kuntsmuseum Winterthur, Suiza.



En un ejercicio intelectualmente acomodado, Toharia apoyó en exceso su discurso en la introducción (¿Mito o realidad?) de su conocida obra El Clima: El calentamiento global y el futuro del planeta. Si bien este último es un trabajo objetivo, riguroso e incluso aleccionador en algunos de los aspectos analizados, no es serio que a estas alturas del debate se reiteren una vez más los principios elementales del cambio climático, y menos aún enfrentándose a una audiencia poseedora, en su gran mayoría, de un bagaje científico-técnico a tomar en consideración.

Así las cosas, y alertando que en una hora habría de salir hacia el aeropuerto, Toharia introdujo sobre los conceptos de meteorología, tiempo o, como él prefiere, temperie, para, como no podría ser de otro modo, advertir de la inexistencia del clima como tal. Al entrar en materia apuntaló su locución en cuatro líneas argumentales que, de por sí, merecerían su propio tratamiento de forma independiente, a saber: la comunicación de las causas y los efectos del cambio climático, no siempre correcta y vinculada, quiérase o no, a determinados intereses político-económicos; el desequilibrio de riqueza existente entre Norte y Sur, entre occidentalizados y no occidentalizados, que vía cambio climático conduce a ricos más ricos y a pobres más pobres, si cabe; la matemáticas caóticas que rigen los sistemas dinámicos, como la meteorología, y en las que una variación mínima en alguna de las condiciones iniciales puede, o no, producir un cambio en las condiciones finales superior en varios órdenes de magnitud; la revolución industrial, James Watt y la máquina de vapor, antesala, 277 años después de la primera patente de esta, de la actual  e inexplicable ineficiencia energética en la industria y en el transporte, lease, por ejemplo, grandes centrales de combustión, y, por supuesto, los motores de ciclo Otto (inferior al 30%) o Diesel (inferior al 40%), así como de los niveles de contaminación existentes en los países industrializados.

Nada nuevo en el balance final, lo que invita a una reflexión: si Manuel Toharia fue un reconocido científico y meteorologo, a la altura de su valía actual como divulgador, y mientras que el discurso se mantiene las audiencias, por su parte, crecen en conocimiento sobre cambio climático… ¿no se trata entonces de que se le siguen dando las mismas vueltas al exprimidor?, ¿será que el escepticismo, como corriente de opinión, se sube ahora al vagón comercial de negacionistas y exageracionistas?.

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